Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jaime Castrejón Diez


 El libro de Davidow

El libro que acaba de publicar el ex embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow–El oso y el puercoespín– debe verse desde varios puntos de vista, especialmente el de la ética diplomática. Sus opiniones, que en su momento fueron de carácter confidencial para su país, expresadas después de terminado su encargo, rompe con toda concepción diplomática y sus juicios sobre el país que lo aceptó se deben considerar intervensionistas. ¿Qué pasa al retirarse? Al no ser embajador expresar juicios de valor y revelar hechos que pasaron durante su gestión, pueden interpretarse como una incursión en asuntos internos del país, lo que en materia diplomática se considera anatema y políticamente reprobable.

Es interesante el momento en que aparece el libro, porque las encuestas internacionales en América Latina y especialmente en México muestran una posición muy crítica al gobierno del presidente Bush y a la política exterior norteamericana. Estas encuestas se han hecho públicas en las últimas dos semanas. Otra encuesta hecha entre los analistas y los líderes de opinión muestra que esta posición se hace más aguda en este segmento de la población. El hecho de que las encuestas se hayan llevado a cabo por compañías norteamericanas, por encargo de instituciones estadounidenses, muestra que hay preocupación por el alejamiento del mundo latino hacia el país más poderoso del mundo, y la actitud que se detecta en el libro nos muestra claramente la razón de este alejamiento.

Hay en el libro, a mi modo de ver, opiniones sobre altos funcionarios mexicanos y sobre el presidente en turno, que se expresan continuamente en nuestros medios, pero en el testimonio de un diplomático que usó estudios de su embajada y que el gobierno mexicano le propició el desarrollo de su encargo diplomático y que por su investidura trató con personajes de la vida política parece inapropiado, y sobre todo una ruptura con los principios básicos de la diplomacia. Tiene razón el ex embajador en calificar a los mexicanos de hipersensibles y de hecho esta reacción es como él llama la del puercoespín. El símil es hasta acertado, pero viniendo de un ex embajador no es aceptable. Parece confirmar lo que el ex embajador Aguilar Zinser dijo parafraseando a Ronald Reagan, que México lo consideran los americanos el traspatio de los Estados Unidos.

Es interesante ver cómo se conciben los intereses divergentes en los dos países, en el relato que hace del encuentro de los dos presidentes en el que ambos tenían sus propias ideas y éstas no eran coincidentes. Los funcionarios y asesores sabían que sus puntos de vista no eran afines y que no habría resultados de la reunión; pero al leerlo, da la impresión de que la reunión de los dos presidentes no sólo no conduciría a nada, ya que no había la menor intención del presidente Bush de aceptar la posición mexicana, ni siquiera estaba dispuesto a considerarla. Esto sería interesante verlo como historia, cuando ya ni Bush ni Fox estuvieran en la escena, pero hacerlo cuando todavía están en ejercicio de sus presidencias solamente aumenta la distancia entre los dos países como se demuestra en las encuestas recientes.

El libro de Davidow sería interesante leerlo como historia, pero en el momento que sale y la opinión que externa sobre el presidente y funcionarios mexicanos no es tan sólo poco político, sino hasta imprudente. Como es la parte de su relato sobre la pusilanimidad del presidente Zedillo, en relación con el voto de México sobre Cuba en las  Naciones Unidas. El relato sobre el voto de México se puede dar entre diplomáticos, pero nunca un diplomático, aún cuando esté jubilado, hacia la opinión pública de ambos países. O algo que debe ser tratado con discreción como el ofrecimiento de impunidad a Manuel Bartlett para testificar ante un gran jurado sobre el caso Camarena.

Es necesario que quienes están encargados de las relaciones internacionales en nuestro país, redefinan con cuidado nuestra verdadera situación ante el país más poderoso del mundo. Empieza a verse en América Latina un proceso de reflexión profunda sobre nuestra ubicación geopolítica. Pasó la época del desarrollo dependiente y al entrar en la globalización es necesario buscar nuestro propio interés para no ser arrastrado en una relación, que como se muestra en este libro, nos ve como países marginales, al grado que ya ni siquiera se guardan las formas diplomáticas.

468 ad