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Invitan a degustar platillos rápidos y gourmet en el delicatessen Opera Vatel

 * Ofrecen en su menú variedad en precios, diferentes tipos de comidas y un excelente servicio casero

 Xavier Rosado * Al entrar lo primero que se percibe es el suave aroma de galletas recién salidas del horno y más adelante, la vista en un escaparate refrigerado de todos los platillos que las francesas Chantal y Valerie cocinan todos los días para su clientela acapulqueña.

Localizado en la céntrica vía La Paz, al costado poniente del Zócalo porteño, la Opera Vatel, ofrece a propios y extranjeros la posibilidad de saborear comida gourmet y rápida, a un precio casi increíble.

¿Dónde te venden una verdadera hamburguesa, es decir de buen filete de res con pan integral a 12 pesos, o una sustanciosa rebanada de pizza pepperoni a 6 pesos, o una largo baguette (con la receta original de la belle France) a 10 pesos?, solamente aquí con su anfitriona, que no para de trabajar desde antes de abrir a las 8 de la mañana, hasta las 9 de la noche.

Su negocio ya se ha acreditado entre los estadunidenses retirados que habitan en hoteles económicos en el centro y se pasan temporadas enteras en el puerto disfrutando de sus pensiones, y también entre acapulqueños que disfrutan de un buen paté de hígado, una lasagna o incluso una sabrosa pancita de res en salsa verde, porque la anfitriona ya ha incorporado en su recetario lo mejor de la cocina tradicional mexicana.

Con 30 pesos se puede saborear una exquisita pasta que puede ser espagueti, lasagna, ravioli, macarrones, tallarines o tagliateli, todas estas recetas con las originales italianas o incluso con algunas fusiones de cocinas como los regatones en salsa de chile huajillo.

El cliente podrá hacer sus combinaciones entre las diferentes ensaladas y platillos fuertes que ofrecen Chantal y su hija Valerie.

Bien se puede ordenar una deliciosa entrada de ejotes con aceite de oliva, frutas de la estación, col con zanahoria, tomates, brócoli hervido o un delicioso pan de ajo o cebolla con paté de hígado, especialmente preparado en casa.

Estos frescos complementos, pueden ser disfrutados con platillos como manitas de cerdo a la vinagreta, pollo al horno, chiles rellenos muy al estilo franco-poblano con crema y picadillo, rollo primavera, chambarete con tomate, ensalada de pollo, champiñones con crema, albóndigas con caldo de jitomate, hígado encebollado, guisado con carne de res y esto por decir la producción de un solo día.

Para la gente que tiene tiempo y unos 50 pesos para gastar, puede ordenar un delicioso corte de T-bone o sirloin, condimentado a la francesa y acompañado con un vino tinto francés de la casa.

Todo esto conjugado con los mejores panes salados que hay en la casa (no se sirven tortillas) de ajo, cebolla, integrales, de cereal y tipo baguette.

Lo mejor de la casa, si antes no ha sido suficiente, son definitivamente los productos horneados, ya que de ahí es de donde obtiene su fama y su prestigio la famosa francesa de la calle La Paz.

Desde los tiempos de la invasión de la cultura francesa a México, el pan francés ha sido lo que más ha permanecido como adopción en la gastronomía mexicana.

Es nuestro gusto por el dulce lo que nos ha llamado a quedarnos con sus deliciosas cremas, los panqués, las galletas con crema y fruta, los croissants (que nosotros por mera traslación semántica rebautizamos como cuernos) y lo mismo se aplica a las deliciosas crobettes que nosotros llamamos corbatas.

En el establecimiento es posible encontrar a precios muy razonables y hasta por pedido, panes de todo tipo para toda ocasión: roles de coco, de canela, de azúcar, orejas, moños daneses, integrales, pan danés con crema de vainilla, cuernos con ajonjolí, ochos de crema, pan de chocolate, torsades con azúcar (trenzas), pan de cereales como avena, amaranto, con pasas y bollos en todas sus presentaciones.

Por otro lado, se encuentran las galletas que son un mundo aparte en su presentación y su sabor. Las más sabrosas sin duda son las que están adornadas con una tirita de ate, pero las hay azucaradas, con sabor de vainilla o chocolate y hasta mixtas, para satisfacer todos los gustos.

Una modalidad en el restaurante de Chantal y Valerie es que cada quien debe pararse a ordenar en el mostrador ya que todo está previamente preparado y sólo toma una pasada por el microondas para disfrutar.

Asimismo, se lleva el plato al fregadero, tal y como las madres inculcan a sus hijos a hacerlo, con el fin de aligerar el peso del servicio a la ocupada pero diligente Chantal.

La Opera Vatel es una invitación a disfrutar un sazón diferente en Acapulco, con lo que se obtiene de un gusto casero francés con los ingredientes mexicanos.

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