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Héctor Manuel Popoca Boone

El IFE, copado y cooptado

 Vicente Granados Zeptién, buen amigo, me escribe apesadumbrado por la forma en cómo fueron elegidos los nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE). A saber, no se respetó el espíritu de la ley de que fueran los ciudadanos más capaces y ajenos a los  partidos políticos. Lo que sucedió fue que el PRI y el PAN se repartieron el botín al proponer candidatos que fueran ad-hoc a sus intereses y no a los de la sociedad o a los que necesita nuestra democracia.

No les gustó al PRI y al PAN que los consejeros del IFE salientes hayan osado desempeñarse con independencia, imparcialidad, legalidad y escrúpulo en la salvaguarda de nuestra endeble democracia. No les gustó que esos consejeros los hayan pillado en los financiamientos ilegítimos e ilegales que recibieron para soportar sus campañas electorales presidenciales próximas pasadas. No les gustó que los hayan sancionado económicamente por dichas trapacerías. El desquite lo consumaron tratando que los nuevos consejeros no fueran tan independientes, para oprobio de todos los demócratas mexicanos.

En palabras de mi amigo: “Estamos en presencia de un ejemplo claro de falta de sincronía entre las expectativas sociales y los acuerdos políticos cupulares”. Acuerdos elitistas divorciados del sentir de los escenarios y espacios en donde la misma sociedad aspira a tener presencia y representación, por gestarse y dirimirse en ellos asuntos vitales que le conciernen. En este caso, la democracia del país.

Por la génesis real que no formal de los nuevos consejeros del IFE, se abren las posibilidades de estar ante las puertas de un retroceso en la democracia y en la vida política nacional. Probablemente nos hemos cerrado al porvenir y abierto al retraimiento democrático. Los nuevos consejeros se deben más a los dos grandes partidos políticos que los propusieron que a la sociedad. Así de simple. Así de grave. Sin demérito de las prendas personales de los consejeros elegidos, había otros candidatos ciudadanos igual o más idóneos, valga el pleonasmo, más ciudadanizados, que fueron obviados y por tanto no propuestos por dichos partidos.

De entrada, el nuevo Consejo General del IFE tiene mermada su credibilidad por lo antes expuesto. No queda otra más que esperar que se legitime en los hechos. Las señales iniciales indican que quedó subordinado a los dos grandes partidos políticos del país. Con ello se abre la posibilidad de conculcar el sentir, el deseo y la voluntad ciudadana de mayor y mejor democracia. Se respetó la forma pero se atropelló el fondo.

En los acuerdos cupulares que le dio origen, me dice Granados, se omitió el valor de la confianza en una sociedad donde ésta es un bien escaso. Se olvidó que hace apenas unos cuantos años, las contiendas electorales no producían alternancia sino permanencia; preservaban el sistema político a cualquier costo. Se olvidó que cambiar la naturalidad del fraude y sus prácticas, requirió de una nueva generación de líderes políticos, generados al calor de las batallas por la democracia, dispuestos a pensar en el futuro del país, antes que en sus carreras políticas o en la reproducción de sus propios grupos de interés.

Para unos es conjetura, para otros fue evidente la intención del PRI y del PAN, de trastocar la buena forma como esta institución venía conduciendo y administrando las elecciones federales, vigilando las congruencias entre las estructuras partidarias y su desempeño con la democracia, exigiendo claridad, transparencia y ejercicio correcto de las finanzas y propiciando a la vez la participación ciudadana en los comicios electorales.

La credibilidad y la confianza de los mexicanos en esta institución, ganada a pulso y bajo presión constante, durante varios años, han quedado en entredicho. Pretenden ahora convertir al IFE en una institución a la medida y a la modalidad de los intereses partidarios. Cada uno de estos dos partidos políticos tiene ahora su cuota de consejeros. La representatividad ciudadana real quedó nulificada.

Vicente Granados termina su escrito lapidariamente: “Dos de las principales fuerzas políticas del país han dañado severamente a la institución emblemática, por su credibilidad y comportamiento, en el marco del complejo y lento proceso democratizador de México.”

Tal parece que a partir de ahora la conducción de lo electoral estará regida más por intereses partidistas particulares que por intereses societarios. Digámoslo claro: el IFE fue copado y cooptado, facciosamente, por el PRI y el PAN; haciendo a un lado la representación ciudadana no partidista. Ojalá que los nuevos consejeros nos desmientan con sus comportamientos venideros.

PD. Toca ahora a los tecnócratas neoliberales azulados tratar de seguir desmantelando las instituciones gubernamentales para la atención del campo. Esa insana obcecación no tendrá límite hasta no ver, verdaderamente, el llano en llamas. ¿Por qué en lugar de proponer la liquidación o venta del Colegio de Postgraduados, el Instituto Nacional de Capacitación Agropecuaria, Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias y la Comisión Nacional de Zonas Áridas, no se autoliquidan ellos mismos como servidores públicos que tanto mal y tan costosos le han resultado a la nación?

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