Silvestre Pacheco León
RE-CUENTOS
*En memoria de Arnaldo Córdova,
infatigable investigador, académico exigente
y militante comprometido con el cambio democrático.
* La Brigada Blanca
En 1978 los enfrentamientos de la Liga Comunista 23 de Septiembre contra elementos de la policía se fueron haciendo más sanguinarios.
El gobierno había creado la temible Brigada Blanca dedicada a perseguir y liquidar guerrilleros.
En ése ambiente hasta los activistas de organizaciones legales o no armadas corríamos riegos.
Una noche tres compañeros que veníamos de una reunión del PMT realizada por Santa María la Rivera, mientras esperábamos el camión en la avenida Bucareli, nos salvamos de milagro.
Estaba el semáforo en alto y entonces un coche con cuatro personas a bordo se detuvo un poco delante de nosotros que estábamos en la acera. Los tripulantes nos vieron, los vimos y de pronto el coche se echó de reversa hasta quedar justo al lado nuestro.
De manera intempestiva se bajaron con las pistolas apuntándonos, exigiendo que levantáramos las manos.
Recuerdo que yo llevaba unos libros en una bolsa de plástico que sostenía bajo el brazo, y al escuchar la orden simplemente la levanté.
Ése movimiento puso nerviosos a los judiciales y ellos a nosotros cuando nos dijeron que eran de la Brigada Blanca.
Como se habían puesto de moda los explosivos plásticos quizá pensaron que la bolsa de plástico que me negaba a dejar era un arma de ése tipo y entonces con toda clase de precauciones y siempre apuntándome con sus armas me ordenaron:
-Pon la bolsa con cuidado en el piso y ábrela despacio.
Hice lo que me ordenaron descubriendo el par de libros.
Ya más relajados los policías vestidos de civil nos interrogaron de dónde veníamos y cuál era nuestro destino.
Después nos dejaron marchar asustados.
Don Zenaido el Molinero
Para hacerse una idea del atraso en la educación cívica que el viejo régimen priísta tenía al pueblo de México, baste decir que la mayoría de los ciudadanos no sabían votar porque nunca habían aprendido lo que era una elección, pues desde los puestos más insignificantes a elegir siempre era el gobierno quien actuaba como el gran elector para resolver.
Nuestras primeras experiencias electorales en la Costa Grande fueron casi heroicas porque el control que el gobierno tenía de todo el proceso electoral era férreo y descansaba en el poder de los caciques que menudeaban en la región.
Todo el esfuerzo dedicado a convencer a los ciudadanos nombrados como representantes de la oposición en las mesas de casilla se venía abajo el día de las elecciones porque a menudo los funcionarios electorales rechazaban sus nombramientos y los expulsaban de la mesa de votación.
Donde le permitían a nuestros representantes ejercer su función, los caciques organizaban el robo y la quema de las casillas si se enteraban que el partido oficial iba perdiendo.
Las trampas legales, las amenazas y las agresiones físicas eran la secuela de la imposición que el gobierno hacía de sus candidatos mediante la alteración de actas y el cómputo a modo.
Las justificaciones de la antidemocracia siempre eran las mismas: no hay que dividir, es mejor malo conocido que bueno por conocer; hay que poner la unidad del pueblo por delante; los que opinan distinto son enemigos de México y sus ideas son exóticas.
El poder del partido oficial radicaba en esa cultura del gran dedo elector que resolvía desde el nombramiento de un presidente de colonia en las zonas urbanas, hasta la elección de comisarios y comisariados en las zonas rurales.
Desde esas insignificantes elecciones escalaba el poder constituido pasando por los comités de las asociaciones de padres de familia en cada escuela, los ayuntamientos en cada municipio, así como los congresos con el nombramiento de diputados y senadores.
Ante esa realidad la oposición política en México tuvo que hacerse cargo de esa enorme tarea educativa antes de acceder al gobierno.
En Zihuatanejo desde el PSUM nos aplicamos con seriedad a la lucha electoral comenzando por la construcción del aparato electoral del partido que consistía en el reclutamiento y la capacitación de nuestros representantes ante los órganos electorales. El objetivo era educar a la población sobre la importancia de votar para elegir a nuestros representantes a partir de sus propuestas, y de cuidar que los votos de los ciudadanos se contaran y se respetaran como forma de incentivar la participación electoral.
La solidez que alcanzó nuestro trabajo electoral en Zihuatanejo sistematizando la información y formando continuamente a los representantes se hizo memorable cuando en las elecciones de 1988 nuestra oficina de cómputo resultó la más confiable en sus resultados hasta para los propios priístas que acudían a ella para conocer los votos casilla por casilla.
De aquella experiencia en la capacitación electoral recuerdo la anécdota que ilustra muy bien la distancia que separaba a la gente común de las elecciones: después de reclutar a nuestros primeros representantes de casillas los convocamos a los cursos de capacitación impartidos en Zihuatanejo donde era la cabecera distrital, pero no todos pudieron acudir. Uno de los que faltó era don Zenaido, el molinero de Rincón de Cucharatepec, un pueblo de La Unión.
Aún sin haber recibido la capacitación el compañero se presentó a la casilla. Eso lo supimos después porque al otro día de las elecciones llegó a nuestra oficina. Iba molesto don Zenaido.
-Llegué desde antes de las ocho a la casilla y me estuve hasta el medio día, dijo.
– Y qué pasó compañero, cuéntenos, cómo estuvo la votación.
-No hubo votación para nosotros compañero, porque nunca llegaron nuestras boletas.
-Nomás estuve haciendo coraje porque las boletas del PRI llegaron desde temprano y los vecinos que yo convidé para votar por nuestro partido también se enojaron porque ustedes nunca llegaron con las boletas, nos explicó con toda ingenuidad.




