Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Juan Carlos Moctezuma R.

La mesa está servida. El festín se llama semifinales y los cuatro invitados son bon vivants del futbol: Brasil, Alemania, Argentina y Holanda.
Los simples nombres remiten a gestas heróicas, algunas tan viejas que pocos aficionados hoy día las recuerdan.
Brasil: Tras el Maracanazo de 1950, Brasil comenzó una época floreciente ganando los campeonatos mundiales de 1958, 1962, 1970, 1994 y 2002.
¿Nombres? los que quieran; Garrincha, Pelé, Tostao, Rivelinho, Zico, Sócrates, Falcao, Junior, Romario, Bebeto, Ronaldo, Kaká, Ronaldinho y Neymar.
Los brasileños no inventaron el futbol pero lo elevaron a categoría de arte al que, por cierto, en este campeonato parecen haber olvidado.
Alemania: el Milagro de Berna de 1954. La final del Mundial de Suiza donde comenzó la leyenda teutona tras derrotar 3-2 a la favorita Hungría. Las copas del mundo ganadas en 1974 y 1990. El nacimiento de Franz Beckenbauer como un nuevo tipo de futbolista de hierro en el Mundial de 1970 y una pléyade de jugadores que, con la marca de la casa de brega, lucha y sed de triunfo, ayudaron a moldear la frase de que el futbol es un deporte que se juega con un balón, once jugadores y en el que siempre gana Alemania.
Holanda: La naranja mecánica nacida en los setentas con su científico Rinus Michels y su Frankestein Johan Cruyf, maravillaron con una nueva forma de jugar y la patentaron con el nombre de Futbol total.
Tres subcampeonatos (Alemania 74, Argentina 78 y Sudáfica 2010) no son nada en la historia de este deporte, escrita por los ganadores. Pero con su inacabable fábrica de talentos de donde han salido los actuales Van Persie y Robben, parece que quieren reclamar un trono que se les ha negado.
Finalmente, Argentina: Nación que se coló por la rendija de un campeonato mundial local en 1978 y que de ahí para adelante no ha cejado en sus intentos por ganar la copa, algo que lograron en México 86 de la mano (literalmente) de Maradona.
Ahora con Messi, se nota sólida, haciendo lo justo para poder llevarse la copa.
Por cierto, si usted le pregunta a cualquier argentino contra quién desearía jugar la final, sin dudarlo responde: Con Brasil en el Maracaná. ¿Así o más sencillitos?

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