Silvestre Pacheco León
CRONICA MUNICIPALISTA
Nuevo bosque en la cuenca del río Petatlán
Eran los meses más lluviosos y también los más recomendables para la siembra de plantas de cedro. Celsa y Felipe, el matrimonio de ambientalistas que viajó a Europa atendiendo una invitación de organizaciones defensoras de derechos humanos, conocieron en Alemania las bondades del cedro rojo y las técnicas más avanzadas para el acopio de semilla para la germinación de nuevas plantas.
En Petatlán entraron en contacto con el biólogo responsable del vivero de la Sedena y se abocaron a organizar a las familias para instruirles sobre las ventajas de la reforestación con esa especie forestal, conocida y apreciada por todos los campesinos de la sierra.
Felipe Arriaga Sánchez desde la Organización Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán, y Celsa Valdovinos Ríos como presidenta de la Organización de Mujeres Ecologistas, fueron vanguardia en la lucha emprendida hace años para la defensa del bosque y del agua en la sierra.
Por eso su iniciativa de recuperar el bosque destruido después de que la lucha ejemplar de los campesinos ecologistas consiguió cancelar todos los permisos para aprovechamiento forestal en el municipio, mediante una campaña de reforestación, encontró suelo fértil entre las familias de la cuenca del río Petatlán que han padecido los efectos de la sequía y que saben la importancia que tiene el bosque para retener el agua de la lluvia.
El traslado de los árboles a las comunidades, la capacitación y la organización de esa acción fue posible gracias al apoyo que las mujeres recibieron de Tides Foundation y de Misereor. La primera una organización estgadunidense que recauda fondos para proyectos ecológicos, y la segunda, una iglesia alemana ocupada en la lucha contra la pobreza y a favor de las iniciativas comunitarias.
Inicialmente se pretendía sembrar hasta 10 mil cedros, pero debido al interés y entusiasmo de la gente que se organizó, la reforestación cubrió una amplia zona de la cuenca, en aproximadamente 300 hectáreas de 13 comunidades que forman parte del ejido de La Botella y de San José de los Olivos.
De acuerdo con la relación levantada por la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, en los dos meses que duró la campaña, en julio y agosto, se sembraron 146 mil 200 árboles, cifra que pone a la cabeza de todas las iniciativas de reforestación en el país, a esta agrupación de mujeres petatlecas.
La campaña de reforestación ocupó a la mayoría de las familias de Arcelia, Barranca de Monte Grande, Canalejas, El Infiernillo, El Mamey, El Cuajinicuilar, El Parazal, El Rincón del Refugio, El Zapotillal, La Botella, Las Cubas, Las Galeras, Humedades, Los Limos, La Pasión, Parotitas y Vista Hermosa.
Doña Julia González de Canalejas, con seis miembros de su familia, sembró 9 mil cedros y ocupa el primer lugar en la campaña de reforestación. Le sigue Teresa Torres del Zapotillal con 5 mil 500 árboles que sembró con cuatro miembros de su familia.
El tercer lugar en cantidad de árboles sembrados lo comparten Margarita Gutiérrez Cruz e Irinea Pérez Sánchez, de La Botella, y las hermanas Reyna y Cristina Rangel de Canalejas, cada una de ellas sembró 3 mil cedros con su familia.
Pero lo más interesante de toda esta campaña que manifiesta la toma de conciencia de los habitantes del medio rural sobre la importancia de cuidar y acrecentar sus recursos naturales, es el propósito que tienen de cuidar y regar sus árboles para verlos crecer. Para ello han solicitado que la Semarnat verifique la siembra en cada una de las comunidades porque el año próximo harán un reconocimiento a las familias que más árboles hayan logrado mantener vivos y a quienes los mantengan más desarrollados.
Esta experiencia puede parecer insignificante para quienes han oído de ella, pero sabiendo el enorme esfuerzo y la cantidad de recursos que el gobierno federal ejerce cada año cada año en la tarea de reforestación sin evaluar sus resultados, la experiencia de las mujeres que viven en la cuenca del río Petatlán puede sentar un precedente en la región y quizá en el país.
De acuerdo con los reportes de experiencias de reforestación que la Semarnat tiene documentadas, sabemos, por ejemplo, que el año pasado, “con la participación de 38 mil personas” se plantaron cuatro nuevos bosques en Jalisco y Veracruz con un total de 169 mil árboles sembrados.
En Acatlán, Jalisco, en 2002, informa Alma Alvarez Villalobos, directora de Comunicación Social de la Comisión Nacional Forestal, se rompió el récord Guiness que impuso Canadá en 1999. Asistieron 5 mil 700 personas para reforestar en un día 35 hectáreas con 45 mil árboles.
Frente a estos datos donde lo relevante es la asistencia masiva a una campaña en la que cada persona, en promedio, sembró menos de ocho árboles en un día, en la sierra de Petatlán, para sembrar 146 mil 200 árboles, que son el 324 por ciento más de la cifra que rompió el récord Guiness, participaron 76 familias o 456 personas, hombres, mujeres y niños que representan menos del 2 por ciento de la cifra del récord Guiness, en 30 días, en promedio, sembraron casi 321 árboles, lo que equivale a casi 11 árboles por día, por persona, es decir, 25 por ciento más.
Si nos atenemos a la superficie reforestada en cada caso, resulta que quienes rompieron el récord en Acatlán, Jalisco, sembraron 35 hectáreas, lo que equivale a mil 285 árboles por hectárea.
Si tomamos ese porcentaje de árboles por hectárea, la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán habría reforestado 113 hectáreas frente a 131 que en 2002 sembraron 38 mil personas de dos estados del país para crear lo que la Comisión Nacional Forestal llama ”cuatro nuevos bosques”.
Ahora bien, lo verdaderamente interesante en esta iniciativa que encabezan las mujeres, es el reto de cuidar el crecimiento de esos árboles. Para ello todas las familias están acopiando envases plásticos desechados, de 2 litros de capacidad, que emplearán para el riego de sus árboles en temporada de secas, poniéndolos al pie de cada uno, llenos de agua y con una pequeña perforación en el cuello para que gota a gota mantengan la humedad que garantizará la sobrevivencia de los cedros en la época de secas y durante los años que sean necesarios hasta que por sí mismos retengan el agua de la lluvia.
¿No es una proeza en este año que se celebra el cincuentenario del derecho de las mujeres al voto?




