Javier Moreno Nieto
Octubre 27: ¿Algo qué celebrar?
La sociedad guerrerense es de las más valerosas y de las que más han aportado a la gesta nacional. Ya sea que se trate de las formaciones guerreras que, en 1521, salieron de lo que hoy es territorio guerrerense (Teloloapan e Ixcateopan) a reforzar la defensa de Tenochtitlan.
Trescientos años después, en 1810, ocurre el verdadero momento fundacional, que pone en el ideario y las mentes de los insurgentes la cuestión de contar con un gobierno y territorio propio, éste lo constituye el establecimiento de la provincia de Tecpan, por el generalísimo José María Morelos y Pavón, quien al cumplir con la encomienda de Miguel Hidalgo de sublevar al Sur y tomar Acapulco, encuentra en la Costa Grande y en la mayor parte del hoy territorio de Guerrero a una sociedad dispuesta a la lucha de emancipación y cuya respuesta le permite establecerlo.
Posteriormente, tras el logro de la independencia nacional, Vicente Guerrero impulsaría la Capitanía General del Sur, a lo que le seguirían el Departamento de Iguala, impulsado por Nicolás Bravo y el Departamento de Acapulco, por Juan Alvarez.
Hace 154 años, en 1841, la creación de un nuevo Departamento o Estado, al sur de México, ya había sido postergada varias veces. Tras la caída del presidente Anastasio Bustamante, Nicolás Bravo y Juan Álvarez, el 10 de octubre de ese año, lanzaron un Manifiesto a la Nación y a los Departamentos de la República, informando que: “1. Se separa la parte meridional del que ahora se llama Departamento de México y se le denominará Departamento de Acapulco. 2. Este nuevo Departamento abrazará los distritos de las prefecturas de Acapulco, Chilapa, Taxco, Tlapa, subprefectura de Huetamo y el distrito de Cuernavaca si se quisiere incorporar”.
Posteriormente, los días 10, 11, 12 y 13 de noviembre se reunió una junta de notables para levantar el acta de creación del Departamento, elegir funcionarios provisionales y apuntar las bases de su gobierno interno.
Sin embargo, atendiendo que ya se había restablecido la Presidencia, ahora en manos de Santa Anna, los ahí reunidos convinieron en que se suspendiera la erección del Departamento hasta resolución del nuevo Congreso Constituyente.
Tras un largo periodo de asonadas y pronunciamientos, dada la pugna entre centralismo y federalismo, fue en plena ocupación norteamericana que Juan Álvarez no permitió que la creación de Guerrero se pospusiera nuevamente.
En las reformas de la Constitución de 1824 quedó aprobada la propuesta del nuevo Estado, iniciando el proceso juridico-legislativo para concretar ua nueva entidad al sur.
Con el apoyo del gobierno central, el multiactivismo de Juan Álvarez y algunas intervenciones de Nicolás Bravo, se logró eregir a Guerrero, tras intensas resistencias de las legislaturas de Michoacán, México y Puebla. Pero la única legislatura de la que se tenga memoria que haya tenido debates razonados fue la poblana, que se lamentaba que: “Los pueblos del sur… están reducidos a una horrorosa pobreza; sus habitaciones son miserables chozas, sus alimentos los frutos de los árboles y sus mejores pueblos, monumentos de destrucción e ignorancia”.
“Que jamás procuraron hacerles salir del estado triste en que hasta hoy se encuentran porque si se dieron algunas medidas para obligarlos a abrazar el cristianismo, se hicieron ineficaces, puesto que antes de hacerlos cristianos los debieron enseñar a ser hombres y vivir como tales” .
Puebla abrigaba el temor de estar dando paso a una futura potencia independiente de México, dado el “resentimiento” social que percibían en los sureños y el aislamiento geográfico, con lo cual “obedecerían las leyes generales si quieren”.
En la legislatura de México se encontraban hombres del sur que, junto con Juan Álvarez, realizaron los cabildeos y operaron las maniobras necesarias para hacer caer al gobernador Olaguibel y contar con un gobernador aliado como Arizcorreta, mediante la intervención de Rivapalacio, que posteriormente gobernaria dicha entidad.
En el caso de Michoacán, la postura fue siempre de negativa, hasta que la intervención del Ministerio de Guerra y la propia Presidencia, en tono poco amigable, la hicieron ceder.
La ilustrada legislatura poblana argumentaba que no era suficiente “una dilatada extensión de terreno, a quien la naturaleza haya dado extraordinaria fecundidad, ni un crecido número de habitantes que no sepan ser ciudadanos, sino que se requieren, además, otras cualidades morales: la ilustración, como materia del sabio; el espíritu de mejora, como materia del empresario y el crear necesidades, para que los trabajadores tengan ocupación y recompensa”.
Refiriendose al Departamento de Tlapa, que cederían, afirmaban: “Todo lo que la miseria tiene de horrible; todo lo que la ignorancia tiene de abatido; en fin, todo lo que en el abandono y destrucción tiene de más espantoso; he ahí en compendio el Departamento de Tlapa”.
Remataban: “¿Qué capacidad hay en ellos para ocupar los puestos públicos y desempeñar las altas funciones administrativas?”
Anticipadamente, en el manifiesto de separación del Departamento de Acapulco proclamado siete años antes, Juan Álvarez decía: “El sur efectivamente no tiene copia de hombres profundos que formen disertaciones sobre materias metafísicas y sublimes; pero en su lugar no faltan individuos adecuados para el gobierno de los pueblos, hombres a propósito para atender y socorrer sus necesidades, y hombres en fin, que dotados de prudencia, discreción y experiencia, se hallan con mejores conocimientos para estar en contacto con los habitantes del Departamento, que los que, colmados de ciencia, están desnudos de aquellas apreciables circunstancias. En esta parte, el sur puede tener los mismos elementos que otros Departamentos de su clase.
¿Dónde están ahora estos visionarios estadistas? que impulsen el desarrollo y la transformación de Guerrero, con un ideario y metas claras?
Hoy, que los gobernantes de Guerrero se ocupan sólo de la coyuntura política y que los precandidatos se pisan los talones en la disputa por el entramado social, impulsando programas que sólo articulan “demandas” en un horizonte de breve plazo, hacen falta nuevos líderes con visión de Estado.
Un nuevo Juan R. Escudero, un nuevo Alejandro Cervantes Delgado, capaces de articular las tendencias políticas en torno a un proyecto social, sentar las bases para organizar coherentemente las visiones sociales en torno al desarrollo y desplegar la concertación y la vinculación necesaria para operar las transformaciones.
La sociedad guerrerense ha sabido estar a la altura de su tiempo histórico ¿Los liderazgos, dirigencias y gobernantes están a la altura?
La admirable gesta histórica de Juan Álvarez al organizar los esfuerzos para la creación de Guerrero, fue un homenaje digno a Vicente Guerrero, seguidor de Morelos y eso pagó la deuda política con este pueblo.
Pero hoy se requiere pagar la deuda social y económica. Retribuir a los guerrerenses todo lo que han apostado por la construcción histórica de la nación, sin que ello sea pretexto de una élite dispendiosa para pedir más recursos a la nación, sin preocuparse por la responsabilidad y el compromiso para trabajar en el reposicionamiento estratégico de la sociedad, la economía y la política de Guerrero, en relación con el resto de las entidades en el contexto nacional e internacional.
Ello amerita establecer claramente la obligación de una rendición de cuentas por área, sector y región, en ocasión de cada aniversario de la erección del Estado de Guerrero, que trascienda la numerología insignificante que acompaña los informes anuales de gobierno.




