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“Estamos dispuestos a morir por la tierra”, una frase recurrente

 Aurelio Peláez * Los machetes reposaron en su vaina en la marcha contra el proyecto de La Parota. El fantasma de una resistencia parecida a la de San Salvador Atenco –de campesinos mexiquenses que se opusieron machete en mano a la construcción de un aeropuerto junto a la capital del país– se vuelve tangible; el rompimiento con las autoridades, con cualquier autoridad –gobiernos federal, estatal, municipal, UAG– real, y el distanciamiento u aislamiento de los partidos es una identidad del movimiento.

–Vamos a hacer el pase de lista –llamaba una y otra vez Inti Calderón, el aguerrido joven de la Corriente Crítica de México, grupo antes albergado en el PRD y ahora en el partido Convergencia:

–¿René Juárez Cisneros…?

–¡…uuulero…¡

–¿Alberto López Rosas…?

–¡…uuulero…¡

-¿Nelson Valle López?

-¡…uuulero? –coreaban los campesinos y ejidatarios asistentes. Dispersos, pocos, asistentes de sindicatos, de grupos universitarios, de maestros de la CETEG y ningún representante partidista, esto último por decisión de los organizadores.

Y así se siguieron en el pase de lista con Elías Ayub, el director de la Comisión Federal de Electricidad, el organismo promotor de la presa; Víctor Hugo Chávez, el encargado de evaluar la factibilidad del proyecto hidroeléctrico, y hasta el ex gobernador Rubén Figueroa y el senador priísta Héctor Vicario.

La movilización –la primera que trae a la ciudad el grupo opositor a La Parota– hizo su primera parada ante el edificio del ayuntamiento porteño, a un costado del parque Papagayo, alrededor de las 12, ya con dos horas de caminar en la Costera. Ahí, Gumersindo Joaquín Prudencio, uno de los voceros del movimiento contra la presa de La Parota, en un breve discurso advirtió: “Si el gobierno estatal no nos ha dado apoyo en 30 años, que no nos quite las tierras; estamos dispuestos a morir por ellas”, y señaló que “no queremos el proyecto, van a pasar por encima de nuestro cadáver”.

Desde el micrófono se emplazó al presidente municipal Alberto Lopez Rosas a decidir “si está con los campesinos o con los ricos”, y se le exhortó a rechazar el proyecto de La Parota.

Los marchistas se agrupaban en un carril de la avenida Cuauhtémoc. Por el otro, el vecino al ayuntamiento, circulaban los autos. Una camioneta cargando un equipo de sonido antecedía a la caminata que inició desde la Base Naval de Icacos. Campesinos con machete en vaina caminaban a los costados del grupo. El pase de lista a políticos y a personajes como el rector de la UAG, Nelson Valle, a quien se reprocha su apoyo abierto al proyecto de la hidroeléctrica, continuaría hasta el Zócalo. Fue ante él, precisamente, que Chávez Chávez dijo que los opositores eran “sólo 10 líderes y 150 personas”.

Entre los que asisten a la convocatoria de la movilización contra el proyecto de la CFE, estaba el dirigente de la CETEG en Guerrero, Víctor Echeverría, y al principio estuvo el dirigente estatal del Partido del Trabajo, Félix Castellanos; también la ex diputada local por el PRD, Rosario Merlín, aunque ella llegó por su relación con la colonia Fuerza Aérea, el asentamiento ubicado en terrenos del ex gobernador Israel Nogueda, y Bertoldo Martínez Cruz, del FODEG. En la marcha se vió una manta con el logo de la hoz y el martillo, del desparecido Partido Comunista, y otra del Frente Popular Revolucionario (PFR).

Oficiales de Tránsito fueron cerrando calles para agilizar el paso de los marchistas. Agentes de Gobernación tomaban nota de los asistentes. En sus reportes, agentes de Gobernación federal, estatal y municipal, cifraban en menos de mil a los manifestantes. Algunos en 500. Ningún incidente. Tras las rejas quedaron medio centenar de policías antimotines resguardando el ayuntamiento.

Marco Antonio Suástegui y Gumersindo Joaquín Prudencio, en el Zócalo, casi con las mismas palabras, emplazaron al gobernador: “René Juárez dijo que si no queríamos el proyecto, a la chingada; nosotros decimos que si René Juárez no cumple, a la chingada”.

En el Zócalo, organizadores y asistentes protagonizaron un mitin a pleno sol. Y la ronda de oradores, entre comisarios y representantes de organizaciones y sindicatos solidarios, es de unos quince. Ahí, se reiteró que de concretarse la presa, afectaría la ecología del lugar; que el proyecto no es ecológicamente sustentable; que afectaría el modo de vida de los campesinos de los bienes comunales de Cacahuatepec; que sólo se buscaría beneficiar a los empresarios y sería un acto de entreguismo del gobierno de Vicente Fox al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional.

El regidor perredista José Luis Morales recordó que ya hace 13 años una movilización parecida canceló la construcción de otra presa, la de San Juan Tetelcingo, en el Alto Balsas de Guerrero, y vaticinó un final parecido para el de La Parota.

En el remate de los oradores, Edwin Flores, joven con pasamontañas recogido en la cabeza y playera con imagen del subcomandante Marcos, en nombre de un Frente Universitario contra el Neoliberalismo, criticó el apoyo del rector Nelson Valle al proyecto de La Parota que, señaló, sólo beneficiará al neoliberalismo. Asimismo, se quejó de la falta de oportunidades de empleo, en tanto que los hijos de funcionarios “del PRI y del PRD” son los primeros que obtienen trabajo. Y ante un centenar de marchistas, clamó: “¡Compañeros, que chingue a su madre el gobierno y los traidores del pueblo!”, un adjetivo que antecedió a otro más fuerte a quienes respaldan el neoliberalismo de Bush, Fox y René Juárez. Lamehuevos.

–¿Están cansados?

–¡Nooo…! –gritaban los campesinos que quedaban, a cuatro horas de iniciada la movilización, la del machete guardado en su vaina.

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