Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Héctor Manuel Popoca Boone

 Apostarle a la investigación agropecuaria

 Si un país no le dedica atención, mantiene una estructura, amplía una planta de investigadores y financia proyectos de investigación, desarrollo y transferencia de tecnología en el ramo agropecuario, es un país que no le apuesta a su soberanía agroalimentaria y a su futuro agropecuario. A la larga será una nación totalmente dependiente de agentes externos en materia de insumos y técnicas para la producción de alimentos.

El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) no quedó exento de los efectos perniciosos de las políticas neoliberales aplicadas al campo mexicano en décadas pasadas, antes bien no lo desaparecieron como muchas otras instituciones federales al servicio del campo que fueron irracionalmente liquidadas, pero lo dejaron muy débil y reducido a su mínima expresión. El desprecio a lo agropecuario de los neoliberales también se vio reflejado en el menosprecio presupuestal a uno de los principales institutos de investigación agropecuaria del país.

Hay que revitalizarlo cuantitativa y cualitativamente. En lo primero, con mayores recursos económicos públicos pero también privados: los productores rurales pudientes deben de aportar fondos para algo que va a ser de su beneficio; ya no digamos las empresas agropecuarias de gran solvencia. En lo segundo, reorientando las pautas de investigación acorde a las necesidades reales productivas que enfrentan los campesinos para elevar su productividad y competitividad. El nuevo proyecto institucional de investigación, desarrollo y de transferencia de tecnología debe ser congruente con las características y especificidades regionales.

El INIFAP hasta ahora, se ha caracterizado, en términos generales, por arrastrar inercias retardatarias y lastres paralizantes. Aún posee un esquema institucional tradicional anquilosado, es decir, centralizado, vertical, burocratizado y alejado a veces de los requerimientos y necesidades regionales que demandan los campesinos en sus procesos económicos productivos específicos. La planta de los investigadores es reducida y muy especializada en unas cuantas líneas de investigación. Gran parte de las investigaciones realizadas y tecnologías generadas y validadas duermen el sueño de los justos; archivadas, ante la incapacidad de tener los conductos o canales indispensables para difundirlas entre los productores rurales.

Lo que se investiga es lo que los directivos o los investigadores consideran importante o relevante, muchas veces al margen de la consideración de los campesinos; provocando que la oferta de investigaciones e innovaciones tecnológicas agropecuarias y forestales sea reducida y limitada en la atención a la demanda solicitada por los productores y las cadenas productivas en que estos participan. Agréguesele a lo anterior que mucha de esa reducida oferta esta concentrada en la fase primaria del proceso productivo, esto es, nada más en el eslabón de la producción de toda la cadena productiva.

En un entorno globalizado, las nuevas políticas públicas en la materia deben tomar en cuenta aspectos del proceso o eslabones de la cadena productiva que antes se ignoraban y que hoy son factores determinantes para obtener un mayor ingreso económico por producto; a saber, las ventajas comparativas para el comercio exterior, la investigación, localización e inteligencia sobre nichos de mercado, la diferenciación real o ficticia de productos, los empaques y las marcas, la sanidad y la inocuidad de los productos agroalimentarios. Sin dejar de tener presente, por supuesto, la existencia de una diversidad de productores en el campo, en regiones diferenciadas, con necesidades y requerimientos específicos.

En estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas deberemos seguir privilegiando las innovaciones tecnológicas que sean de fácil adopción y de costo bajo, dada la pobreza rural existente y la precariedad de las cadenas productivas. También no podemos relegar aquella investigación y tecnologías que no necesariamente responden a las señales del mercado, puesto que en mucho son las que benefician a nuestra agricultura de autosubsistencia. Logros importantes que ha tenido en INIFAP a lo largo de su historia, como la reciente liberación de la semilla de maíz certificada QPM de alto nivel proteico, adaptada a condiciones de temporal y para la agricultura de ladera, representan un avance muy importante para disminuir la desnutrición ancestral de nuestros pueblos.

Por último, reto importante a resolver y superar es el hecho, ya mencionado, que mucha investigación realizada y tecnología validada no llega al productor, porque no nos hemos empeñado en establecer adecuadas y eficientes programas de desarrollo y transferencia masiva de tecnología. Urge un mayor involucramiento y una mejor interacción en este asunto de los propios investigadores, los técnicos extensionistas agropecuarios y de los mismos productores rurales.

PD. La desfachatez, el cinismo, la venalidad y la hipocresía con que algunos dirigentes copreros corruptos acusan a su vez de corrupto a quien les señala sus deshonestidades, solamente se puede explicar en el contexto de la impunidad total con que actúan, bajo el chantaje de bloquear carreteras.

Tal es el caso de Marcos Diego Flores que administra desde hace más de un año el centro de acopio de copra de San Jerónimo sin rendirle cuentas a sus agremiados. Reconozco que hemos creado acaparadores, coyotes y cuervos de nuevo cuño. Tal parece que clamar por honradez en Guerrero, es dar gritos en el desierto; a la mayoría les gana la ambición y el lucro económico.

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