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Conjuga la fotógrafa Roxana Cortés los frutos de la región y los rostros de su gente

*Presenta su exposición este fin de semana tanto en la explanada de la Universidad Americana de Acapulco como en el Parque Papagayo

Óscar Ricardo Muñoz Cano

“Las sonrisas de turistas y lugareños evocadas gracias a las imágenes fue sin duda el mayor logro obtenido de la exposición”, declaró la fotógrafa Roxana Cortés Cabrera, quien mostró en imágenes las plantas y los frutos de la región costera sacándolos de contexto y resaltando la belleza de las mismas en el proyecto denominado Frutos de mi tierra: los sabores en mi alma, y que este fin de semana se presentó tanto en la explanada de la Universidad Americana de Acapulco como en el Parque Papagayo.
El proyecto, que fue elaborado gracias a un estímulo a la creación por parte del Laboratorio de Arte Contemporáneo de Acapulco, consistió en una docena de imágenes que al final “lograron mover las fibras de gente de todas las edades, desde los niños, que apenas comienzan a conocer las formas de las plantas; los jóvenes, que reconocieron de dónde provienen sus alimentos; hasta los adultos, que se recordaron el valioso tesoro que nos regala la naturaleza”.
Cabe destacar que para las mismas utilizó a modelos y diversos artículos de producción puesto que además de la presentación de la imagen en sí tamaño tabloide, al frente se colocó el fruto en particular así como una breve explicación del mismo.
Con estos elementos, el tamarindo pasó de simple fruto a adorno de una bella mujer retratada en tonos cercanos al ocre, o la carambola se convirtió en una serie de estrellas en el cielo oscuro.
Del mismo modo, el tabachín pasó a ser un arma de juguete, la palma blanca una falda bailarina y el guaje se transformó en las alas de un ser imaginario.
“Para mí fue una enorme satisfacción haber captado la riqueza formidable de flora, tanto nativa como de especies cultivadas introducidas al estado de Guerrero”, dijo Cortés Cabrera, “también, darme cuenta de que nuestra gastronomía y hábitos están inspirados por los frutos: el atole de masa con piloncillo servido en una jícara, los dulces de tamarindo, las paletas de coco, dormir en petate, bañarse con estropajo, etcétera”.
“Todo eso que vemos en nuestras tierras florecer día a día, nos acompaña con sus sabores, sus aromas y su inspiración; es motivo de tradiciones, de canciones, es la lucidez para crear platillos de distinguidos olores, es lo que llevamos en el alma”, agregó.
Finalmente, la fotógrafa quien es agrónoma de profesión y que imparte clases en la Universidad Loyola del Pacífico, indicó estar “agradecida con el Ayuntamiento de Acapulco y con mi asesora Lilian Casarrubias por apoyarme financiera y técnicamente durante la ejecución del Proyecto, Con la Universidad Americana de Acapulco y el Parque Papagayo por prestarme sus instalaciones. Con mi familia y amigos por ayudarme con la realización de las imágenes, el montaje de la exposición y su entusiasmo”.

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