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Jaime Castrejón Diez

 Ganó el sistema

A la mitad del periodo de gobierno la pregunta generalizada es ¿qué cambió? Las expectativas más que las promesas es que en julio del año 2000 se había aniquilado al “sistema”. En ese entonces se pensaba que esta entelequia en su historial era consustancial con el PRI y que al perder la Presidencia estaba aniquilado. A tres años de distancia se ve que si bien hubo transferencia de poder de un partido a otro, el “sistema” sigue vivito y coleando.

Al haber un Congreso dividido, el hecho de que el nuevo gobierno y el nuevo partido en el poder tuvieran que cogobernar se pensaba que significaba un cambio fundamental, pero la realidad fue otra. El Presidente Fox, el PAN como partido en el poder, el PRI como oposición y el PRD confirmado como el tercero en discordia no cambiaron al “sistema”, éste los asimiló.

Al dividirse el PAN y el foxismo el ejercicio se hizo problemático al mismo tiempo que las fuerzas más conservadoras del PRI (Bartlet y compañía) consideraban que el papel de la oposición era oponerse a todo con la idea de que la forma de recuperar el poder era hacer fracasar al gobierno. Esto coincidía con divisiones internas y viejas alianzas y discordias Madrazo vs. Labastida, Zedillo vs. Salinas. La estrategia de ganar por default se complicaba y en un momento de realismo surgió una tercera posición: colaborar en el cambio y cogobernar. Esto dividió al PRI y a largo plazo sus debilidades se agudizarán. A esto hay que agregar una caballada escuálida. En el PAN también se dio la división interna Fox vs el Jefe Diego. La confrontación del neopanismo con los tradicionales por fin afloró. El PAN como el PRI sufren una enfermedad común: una crisis existencial.

En el Congreso se ve cómo el sistema vuelve a funcionar, se relegan figuras del pasado – Chuayffet, Del Mazo, Jiménez Macías, Burgos. “Emisarios del pasado” que son forzados a un segundo nivel y a un perfil bajo. Lo mismo sucede en el partido en el poder con inferioridad numérica, solamente seis presidencias de comisiones y un aparato para negociar desde la debilidad y enfermaron a Barrio para que no estorbara a la alianza. El sistema sigue vivo, y si nadie tiene mayoría, el sistema es que prevalece, pero ahora no tiene dueño. En última instancia el sistema vive en la burocracia y sin liderazgos reales, la verdadera fuerza es la inercia.

¿Se ve un verdadero cambio del sistema a corto plazo? Yo creo que no, que la fragmentación se hará más aguda y no hay liderazgos a la vista que lo dominen y lo conduzcan, más bien “el sistema” maneja a los actores. El Frankestein construido en tantos años tiene vida propia y falta imaginación para conducirlo.

Esto no es un fenómeno nuevo, ha aparecido en todas las sociedades en que su aparato político sufre el desgaste del tiempo y por falta de imaginación no construye nuevos caminos. Toynbee lo explicaba en su gran obra, cuando una civilización deja de ser creativa entra en decadencia. En las civilizaciones chinas cuando venía la decadencia aparecía una nueva dinastía. En nuestra sociedad no es posible que esto suceda porque no está a la vista un gran líder y en lo económico estamos viviendo la confirmación de la dependencia.

El panorama no es halagador, porque a los actores políticos les falta una dosis de realismo. El México en que vivieron se acabó, tienen que encontrar nuevos caminos para generar nuevos liderazgos. Tienen que darse cuenta que los rebasó “el sistema”, que es momento de ser creativos y encontrar presencia e ideas que hagan que los actores sean sus conductores.

Para colmo de males el sistema está enfermo. Los síntomas son claros, el sistema de seguridad en crisis, el petróleo se utilizó para gasto corriente del gobierno y su gran burocracia y no para fortalecer a esa industria, lo mismo pasa con la electricidad. La falta de seguridad, las expresiones de anarquía, la perdida de principio de autoridad, en fin un panorama sombrío.

Si alguien no conduce al sistema y este se desboca sin control, podemos estar en un grave proceso social.

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