Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Juan Carlos Moctezuma R.

El Mundial está a punto de terminar y, queramos o no, una cierta nostalgia nos comienza a invadir.
Así como cuando terminamos con una pareja o dejamos un trabajo, tendemos a guardar en nuestra memoria los mejores momentos vividos. Algo igual ocurre con los torneos mundialistas.
¿Qué se queda en la memoria al finalizar una Copa del Mundo?
En México 70, el cabezazo de Pelé venciendo al arquero italiano Albertosi en la final en el estadio Azteca, la milagrosa atajada del guardameta Gordon Banks al mismo crack brasileño o Beckenbauer haciendo un disparo desde fuera del área con el hombro luxado en el llamado juego del siglo en la semifinal contra Italia.
En Argentina 78, Mario Kempes metiendo un gol en la final llevándose por delante a toda la zaga holandesa o la cara del Gonini Vázquez Ayala tras el sexto gol de Alemania a México (Perdón, este trauma original no lo he superado).
En España 82, a todo el equipo brasileño jugando futbol con el virtuosismo de una orquesta sinfónica y el artero golpazo del portero alemán Schumacher al francés Battiston que lo dejó conmocionado.
En México 86, Maradona malo y Maradona bueno: el gol de la mano de Dios y el gol del siglo, ambos en el mismo juego contra Inglaterra.
En EU 94, Romario y Bebeto festejando con el “arrullo del niño” el gol anotado por el segundo ante Holanda y la cara de Maradona festejando frente a la cámara su gol a Grecia y quien días después sería expulsado del torneo por uso de sustancias prohibidas.
En Francia 98, los cabezazos de Zidane en la final ante Brasil.
En Corea / Japón 2002, los dos goles de Ronaldo ante Alemania que le dieron el título a Brasil
En Alemania 2006, otro cabezazo de Zidane, pero ahora al pecho del defensa italiano Materazzi en la final ganada por la squadra azzurra.
En Sudáfrica 2010, el gol de Iniesta a Holanda en la final.
Así podríamos seguir ennumerando otros momentos mundialistas.
Brasil 2006 puede recordarse –hasta ahora, a un día del juego final–, por:
El mordisco de Luis Suárez al italiano Chielinni. La atajada de Memo Ochoa a Neymar y, por supuesto la cataclísmica goleada de Alemania a Brasil 7-1.
Ojalá Alemania y Argentina nos den el domingo un motivo más para recordar este torneo.

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