Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Héctor Manuel Popoca Boone

¿Insertados o ensartados?*

 Si entendemos a la globalización como la integración y conexión más estrecha de los países y de los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costos de transporte, las comunicaciones y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y en menor grado de personas a través de las fronteras, es pertinente tomar conciencia que lo importante en estos tiempos no es la discusión sino como se da.

A pesar de que la globalización comprende diversos aspectos y tópicos, es la apertura comercial, los flujos de capitales y la comunicación, prácticamente instantánea, con todos los lugares y rincones del mundo, lo que singulariza este fenómeno mundial de las postrimerías del siglo XX y los comienzos del XXI. Estamos ya en la plena aldea global que profetizara Marshall Macluhan hace no menos de dos décadas.

La globalización es un hecho complejo y multifacético que no puede catalogarse como bueno o malo por sí mismo. Tiene efectos, resultados y dimensiones, positivas y negativas, cuya objetiva evaluación permite a cada país ubicar el grado y la forma de inserción y por ende, realizar los ajustes internos necesarios para su propio provecho y desarrollo nacional.

Cuestión positiva es que el comercio internacional ha fomentado el crecimiento económico de algunos países en donde sus exportaciones, en parte, lo han sustentado. Es el caso de varios naciones del sudeste asiático que gracias a ello han salido de la pobreza endémica que tenían. También lo es el hecho de que la globalización ha permitido el acceso a conocimientos, información, bienes de capital y tecnologías que antes eran privilegio de ciertos grupos sociales y países.

En contrapartida podemos decir que la globalización no ha reducido la pobreza, la inestabilidad y la migración social mundial. Tal es el caso de la mayoría de los países de América Latina, Africa, Asia y Europa Oriental. Tampoco ha sido amigable con el medio ambiente. La codicia y la ambición económica en la obtención de utilidades y ganancias de corto plazo en detrimento de nuestro planeta han sido incontenibles y la depredación de los recursos naturales, los problemas de contaminación y el calentamiento climático global han sido evidentes.

Más de cien países hemos entrado y salido de crisis recurrentes por la liberalización descontrolada de los mercados de capitales y mercancías: México, Argentina, Tailandia, Corea, Indonesia, etc., etc. Si los mercados nacionales se abren a la competencia mundial, sin equidad y demasiado rápido, las plantas productivas locales y los empleos son destruidos a mayor velocidad de los que se crean con el nuevo modelo de crecimiento económico globalizado. La entrada y salida vertiginosa de capitales, esencialmente especulativos, causa fuertes estragos en economías nacionales frágiles.

Lo interesante del caso es que no debemos olvidar que la mayoría de los hoy llamados países desarrollados o industrializados forjaron la fortaleza de sus economías mediante la protección, sabia y selectiva, de sus ramas económicas hasta cuando fueron fuertes y sólidas para competir internacionalmente. Es claro que la protección excesiva ha fallado pero también ha fallado la liberalización comercial sin control. Abrirse al comercio mundial sin preparación, indiscriminadamente y casi de un momento para otro, ha ocasionado mejoría para pocos y perjuicio para muchos; dentro de estos últimos están problemas económicos y sociales muy serios como el cierre de pequeñas y medianas empresas, desempleo, pobreza, exclusión social, parálisis y fragilidad económica; además de pérdida de soberanía económica nacional.

Teniendo en cuenta el impacto de los pros y los contras de la globalización en más de 600 millones de habitantes que poblamos el globo terráqueo, podemos afirmar con cierta precisión que otorgan los resultados obtenidos a lo largo de los años de su predominio, que no esta funcionando para el bien de la mayoría de los habitantes del mundo.

Rechazarla es un despropósito irrealizable, tratar que desaparezca es una ingenuidad, ignorarla es caer en el autismo profesional. El reto es el cómo nos integramos y utilizamos  la globalización a nuestro favor evitando las perversiones y perjuicios que conlleva tomar el fetichismo del libre mercado mundial como la panacea para el desarrollo de los pueblos y las naciones.

 

PD. A propósito de la sesión de la Organización Mundial del Comercio en Cancún: Si nos vamos a seguir abriendo de fronteras a la menor insinuación, hagámoslo de tal manera que no nos duela. Y si no es así, al menos no claudiquemos al derecho de patalear.

 * A partir de la disertación del Dr. Francisco Escobar Vega, en el diplomado de políticas públicas para el desarrollo rural.

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