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Provoca nostalgia por Los Beatles la actuación de McCartney en Guadalajara

Agencia Reforma

Guadalajara

Quien posee la capacidad de hacer felices a más de 34 mil personas debe tener un lugar ganado en el altar de los inolvidables: uno de ellos es Paul McCartney, quien anoche esparció polvos de nostalgia beatleriana sobre las cabezas de los tapatíos en su primera parada, en el Estadio Omnilife, dentro de su paso por México, donde también visitará el Foro Sol y el Zócalo del Distrito Federal.
Haciendo gala de que es un ícono que más bien le pertenece al mundo y no a los estándares del cliché británico, el músico salió a tocar 30 minutos después de la hora fijada, luego de que dos enormes pantallas rectangulares mostraran diversos objetos, afiches, instrumentos, fotografías, pins, portadas de discos, recortes de periódicos y magazines, postales de Liverpool y demás parafernalia perteneciente a la vida del ex Beatle.
Magia y misterio: Paul, pulcramente vestido de negro, salió con cara de impresión, chasqueó la mano e hizo un gesto de incredulidad, apreció con la mirada a su público, cruzó los brazos y luego levantó el puño antes de arrancar con Magical mystery tour.
“¿Qué onda, Guanatos?, esta noche voy a tratar de hablar algo de español, pero más inglés”, fueron sus primeras palabras en un correcto idioma de casa, que leía gracias a un “acordeón” que estaba pegado en el suelo del escenario, al lado de su micrófono.
All my loving se convirtió en el segundo interruptor de la memoria antes de un nuevo intercambio de palabras del inglés, quien de verdad se aplicó en darse a entender con los tapatíos.
“Estamos muy contentos de estar aquí por primera vez”, agregó antes de Jet.
Una vitalidad notable para sus 69 años y el carisma que lo ha caracterizado en su carrera fue la tónica por la que McCartney llevó el show, en el cual lo mismo felicitaba a los presentes por el festejo del 5 de Mayo, anunciaba que Paperback writer la tocaría con la guitarra original que usó en sus grabaciones de los años 60 o adoptaba poses histriónicas en las cuales hacía guiños o jalaba los tirantes rojos que usaba sobre su camisa rosa, luego de que el ajetreo lo hizo deshacerse del saco negro.
El turno de Paul al piano llegó con The long and winding road y luego con My Valentine, parte de su último disco, con una dedicatoria especial.
“Está es una hermosa canción que hice para mi hermosa mujer Nancy”, dijo antes de la interpretación, en la que se hizo acompañar del video lanzado recientemente en el que los actores Johhny Deep y Natalie Portman interpretan el tema con sus brazos. Nancy lo escuchó tras bambalinas.
Pero The Beatles siempre vuelve en algún momento del camino, And I love her desató el coro multitudinario y la frase más potente del cantautor. “Son a toda madre”, gritó.
El acto poético y social se aproximó con Blackbird, canción en la que explicó el origen del tema, creado durante una visita a Estados Unidos e inspirado por el movimiento racial de los 60. No obstante, el momento cobró un significado aún mayor porque la luna -que la noche de ayer lució unas dimensiones mayores que lo acostumbrado- fue proyectada justo detrás de su figura.
Los recuerdos hacia los amigos Beatles siguieron haciéndose presentes. Pero sin duda el más emotivo fue el que tuvo para George Harrison, cuando interpretó Something con un ukelele.
“George tocaba muy bien el ukelele, un día en su casa le dije: ‘yo quiero aprender a tocar tus canciones con ukelele’. Entonces tocamos juntos y ahora yo toco esto aquí con ustedes”, mencionó.
Al cierre de esta edición A day in the life ponía la cereza en el pastel en un concierto que aún tenía cuerda por dar cuando ya llevaba dos horas transcurridas.

El mariachi y los conejos

Humor y gestos hacia México fueron parte del lucimiento que Paul McCartney tuvo con la Perla Tapatía.
Además de los variados intentos de comunicarse en nuestro idioma, el músico invitó a un mariachi de seis músicos –él lo llamó El Mariachi Revolución– que se unió al artista para interpretar con él la canción Ob-La-Di Ob-La-Da.
Pero también recordó un ejercicio escolar, pues aseguró que a los 11 años aprendió un poco de español con este verso:
“Tres conejos en un árbol, tocando un tambor, que si, que no, que si lo he visto yo”, recitó.

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