Silvestre Pacheco León
CRONICA MUNICIPALISTA
La laguna de Las Salinas
En Zihuatanejo es ya irreversible movimiento por la recuperación de la ciudad y sus espacios esenciales.
La reivindicación de la bahía como patrimonio común fue el objetivo fundamental en la lucha iniciada a finales de 1999 contra la pretensión de inversionistas privados de apoderarse de ese recurso.
Ese es el origen de la lucha contra la construcción de la terminal marítima y la marina de Puerto Mío alentada por la Inmobiliaria Punta del Mar, lucha ganada ya por la sociedad a pesar de quienes ahora alientan una nueva consulta ciudadana que favorezca el corredor de autos, Héctor Alonso Rebaque, la cara visible de inversionistas que desde cargos públicos actúan como juez y parte en asuntos de concesiones.
La reivindicación del cinturón verde del anfiteatro como parte fundamental para el equilibrio ecológico de la ciudad constituye otro más de los componentes del programa que más claramente va haciendo suyo la sociedad local y que constituye parte de los compromisos para garantizar el futuro sustentable de Zihuatanejo.
La urbanización de toda la zona del anfiteatro hasta la cota 70 forma parte del compromiso que han asumido las autoridades de los tres órdenes de gobierno, pues la meta consensada con la población es que ni una gota más de las aguas residuales vaya a producir alteraciones en la calidad del agua de la bahía.
El otro elemento que la población reivindica como parte de su patrimonio, además de las áreas verdes y de equipamiento que por ley el Fibazi debe entregar al ayuntamiento como propiedad municipal que está debidamente establecido en el reglamento de fraccionamientos del estado, es el área conocida como la Laguna de Las Salinas.
En efecto, las 7.5 hectáreas de lo que hace medio siglo fue conocido como el manglar por excelencia y santuario de aves que la población originaria aprovechó para la producción de sal, mejor conocida como la Laguna de Las Salinas, es el otro bien de propiedad común que la sociedad local reclama para su aprovechamiento colectivo.
Se trata no sólo de recuperar el espacio físico que antes alimento a la mayoría de las familias originarias con la pesca de camarón y peces de escama, sino de iniciar de una buena vez la lucha para limpiar esta zona que en los últimos 30 años devino letrina de la ciudad.
Como se sabe, la zona en cuestión que se localiza en el corazón mismo de la ciudad, era como todas las lagunas costeras que tienen comunicación temporal con el mar, de cuyo movimiento se origina su riqueza diversa y su papel protagónico en la cadena de la vida.
Los vecinos de La Noria, los que rebasan los 50 años de edad aún recuerdan su paso por la barra en las noches de luna llena, su sombra proyectada sobre la arena blanca, de la mano con su amada cruzando por la playa.
Después, la modernidad llegó para quedarse y se instaló en Zihuatanejo bajo la guía de empresarios-funcionarios que quisieron para sí todo lo que pudiera ser vendible o negociable.
A mediados de los 80 se decidió que la laguna debería ser transformada en lujosa marina con nombre pagajoso. Marina Maris fue el nombre que recibió como bautizo y Rincón Gallardo el apellido del promotor quien se desempeñaba además como director del Fonatur.
Alejandro Cervantes Rocha, el hijo del fallecido ex gobernador del mismo nombre y apellido, fue el responsable de la obra malograda.
La marina no se terminó pero quedó completamente descubierta de su capa vegetal. Fue arrasada en su superficie y dragada en toda su extensión.
De aquellos años data el primer movimiento de la dignidad zihuatanejense, unas pocas personas, en temerosa protesta contra la pretensión de que los lodos removidos por las dragas se vaciaran en la misma bahía.
Después, ya sin la acción filtradora de los mangles devastados, las plantas de tratamiento de las marinas I y II hicieron lo demás: depositaron en la laguna millones de metros cúbicos de lodos provenientes de las aguas residuales de la ciudad.
Con el abandono de la obra vino la rapiña consabida. La Semar se apoderó de una vasta superficie para el estacionamiento de sus vehículos pese a la demanda reivindicatoria que hace pocos años encabezó el actual director de la Comisión de Agua Potable local.
Cuando la laguna quedó desnuda de su capa vegetal y las aguas residuales la contaminaron sin consideración, sus márgenes fueron convertidas en basurero.
La Laguna de Las Salinas con el peso a cuestas de tanta contaminación acumulada sigue siendo vista como posibilidad de negocio por parte del gobierno del estado.
José Luis Estefannoni es el corredor de bienes raíces quien como representante del gobierno del estado le ha puesto precio y la ofrece al mejor postor. La puja inicia en 70 millones de pesos aunque para concretar cualquier negociación deberá pensar en su entrega limpia de compromisos.
El problema es que tanto el sector de los pescadores como la mayoría de la población han considerado la necesidad de reivindicar la laguna de Las Salinas como parte del patrimonio de la ciudad que el gobierno del estado y el gobierno federal deben reconocerle al pueblo de Zihuatanejo.
Recuperar esta parte de la ciudad es parte de la lucha reivindicativa que no tiene vuelta y que el gobierno no debe eludir si quiere que haya paz y tranquilidad en esta ciudad.




