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Las astronomía prehispánica fue utilizada para llevar un preciso registro del tiempo

 Xavier Rosado n Civilizaciones prehispánicas como la maya y la azteca, llevaban un conteo meticuloso del tiempo del que dejaron constancia en piedras talladas como el calendario solar, pirámides como el templo del sol y estelas como las de Xochicalco, que han quedado como testimonio de sus avanzados descubrimientos astronómicos.

Esta fue la conclusión a la que llegó el doctor en astronomía, Jesús Galindo Trejo, quien presentó en el auditorio del Fuerte de San Diego, su conferencia magistral Astronomía en el México prehispánico.

Unas 240 personas llenaron a su máxima capacidad dicho recinto, entre ellos niños y adolescentes de diversas instituciones educativas del municipio que acudieron convocados por la Dirección de Cultura municipal como parte de su programa de divulgación de la ciencia.

En su amena plática, el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México planteó que el papel que jugó la astronomía en el desarrollo de la civilización mesoamericana, condujo a la integración de un calendario que llegó a precisar no sólo los días del año, sino también eclipses que rebasaron la época de los pueblos prehispánicos.

Apoyado en diapositivas de diversos sitios arqueológicos de México y Centroamérica, Galindo Trejo explicó que el hombre mesoamericano se caracterizó por su capacidad de hacer observaciones astronómicas meticulosas y construir estructuras arquitectónicas orientadas hacia eventos celestes que marcaban el ir y venir de las estaciones y de los años.

Además de tratar el tema en cuestión, Galindo Trejo dio un vistazo a los principales conceptos de los estudios de las civilizaciones prehispánicas, mencionando archivos de gran importancia histórica como el Códice Dresden y el Códice Borgia, ambos conservados en Europa.

En las vistosas fotografías, además mostró códices, estelas, pintura mural, cerámica y otros objetos que conforman un testimonio irrefutable de la importancia que tuvo la astronomía en el México prehispánico, especialmente para la orientación de sus edificios y para la ubicación de los mismos.

Mencionó que a través de sus observaciones del firmamento, los mexicas, aztecas y mayas fueron capaces de llegar a especificar el origen del tiempo y un meticuloso orden calendárico, marcado en los glifos que aún se conservan en las zonas arqueológicas.

Como ejemplo, marcó que la cultura zapoteca pudo concluir que dicho origen del tiempo comenzó en el año 594, A.C., dato que se encuentra inscrito en las ruinas de Monte Albán.

Mediante una diapositiva de la piedra del sol a la que llama “segundo escudo nacional”, explica cómo los aztecas rendían culto a este astro, basando su existencia en sus movimientos. En la piedra muestra cómo mediante diferentes glifos, esta civilización, marcó el orden de los días, los meses de 20 días y los años de 365 días, aún precisando el año bisiesto, como se estila en el calendario actual.

“Lo más sorprendente de esta piedra, es que marca el origen del tiempo, hasta el final del mismo, es decir, cuatro glifos en los que según sus creencias, la humanidad habría sido aniquilada”, expresó el astrónomo.

Comentó que en el Códice de Dresden, los aztecas marcaron con precisión meticulosa, las fechas en que el sol iba a ser eclipsado, llamando a este fenómeno “cuando el sol es comido”, para el que presagiaban todo tipo de desastres.

El especialista mencionó que incluso pronosticaron con exactitud, eclipses totales de sol que sucederían siglos después.

También habló de que los mayas orientaron sus pirámides con referencia a la órbita del paneta Venus, llamado “lucero de la mañana”, cuya órbita que descubrieron estos sabios antiguos, tenía una duración de 584 días.

Cerca del fin de la conferencia, el investigador habló de que diversos edificios de la época prehispánica, están construidos con absoluta precisión para marcar los solsticios (cualquiera de los dos puntos en que el sol aparece a una máxima distancia del Ecuador) y los equinoccios (cuando el día y la noche tienen la misma duración); asimismo, los puntos cenitales, (momento en que el sol se encuentra en una ubicación vertical en relación a cierta ubicación), fenómenos que marcaban el paso de las estaciones y diversas ocasiones ceremoniales.

Por último, Galindo Trejo mencionó que la leyenda en la que se marca a un águila devorando a una serpiente como el punto de fundación de Tenochtitlan, sea “probablemente” una referencia astronómica, debido a que el sol, era representado en varias civilizaciones con un águila y la serpiente era el glifo que significaba la luna, por lo tanto, las tribus nómadas que llegaron al valle de México, buscaban un eclipse, o “un águila devorando a una serpiente”.

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