Héctor Manuel Popoca Boone
Uno y su circunstancia
A mi amigo Javier Usabiaga, hombre de buena fe.
Dicen que soy conflictivo, problemático y que me confronto con medio mundo: políticos, servidores públicos y dirigentes sociales. Que soy poco político, en el menor significado del término, por no procurar llevarme bien con, o agradar a todos los conductores sociales y políticos. Al respecto, considero que el tratar de quedar bien con todos ellos, a la larga, deviene en quedar bien con nadie y ganarse el menosprecio de todos, el ninguneo existencial y la pérdida de la identidad individual.
Trato de decir mi verdad, que no es la verdad de los otros y por lo tanto, incomoda, molesta, duele o hiere. Lo anterior no quiere decir que no sepa escuchar, que no viva con la duda de equivocarme o no tenga capacidad de enmendar o corregir una apreciación o una acción incorrecta. Pero claudicar a decir uno su verdad, es negarse a ser honrado consigo mismo y por lo tanto incapaz de ser honesto para con los demás. No soy de los que dice sí a todo y a todos.
Cuando el entorno y las circunstancias son adversas o desfavorables a lo que uno considera que debe imperar, es cuando uno debe, con mayor ímpetu o énfasis, no acomodarse o contemporaneizar con el estatus prevaleciente, sino por el contrario, llamar la atención, reiteradamente, sobre lo que no debe de predominar o sobre lo que debe cambiar; aun cuando eso lleve el riesgo y el costo de la descalificación, satanización y la calumnia, cuando no la represión. Siempre han existido inquisiciones e inquisidores, revestidos de diversos ropajes ideológicos, para acabar con cuanta herejía se presente contra el orden de las ideas y concepciones establecidas.
Trato de ajustar mi conducta con el código de principios y valores que a lo largo de vida he adoptado o me han inculcado; por lo tanto, no actúo en función de lo que dirán los otros o de lo que está de moda y eso también irrita o causa estorbo. No me preocupan las etiquetas que me cuelgan o los colores con los que me embadurnan. La vida y las circunstancias van más allá de lo negro o lo blanco, no únicamente hay extremos, existen los matices y en todo caso, yo me coloco en la base del arco iris.
Muéveme a actuar mis convicciones y no las conveniencias. No practico el camaleonismo, ni el mimetismo político; verbigracia, no soy pragmático por antonomasia, ni mi paradigma político es Fouché. No me llama la atención y juzgo contraproducente adoptar la política de la evasión tipo avestruz (enterrar la cabeza bajo tierra) o la del chimpancé (taparse los ojos, oídos o la boca) ante los problemas que se nos presentan o de los que somos testigos voluntarios o involuntarios. Los problemas que se postergan o evaden a la larga se agravan.
Dicen que soy prepotente y autoritario, cuando no es así. Soy enérgico ante la irresponsabilidad, la deshonestidad, la simulación y la holgazanería. Soy exigente para conmigo mismo y para con los demás que integran un equipo de trabajo del que se esperan resultados y no pretextos. Es necesario predicar con el ejemplo en todo momento.
Ejerzo la crítica y la autocrítica como método para la superación personal. La lluvia de opiniones para la toma de decisiones, siempre será mejor que la reflexión unilateral para una decisión que afecte a muchos. Hay que enseñar aprendiendo y aprender enseñando. La disciplina en el trabajo y el acatamiento a las normas acordadas por todos y ajustadas a la realidad, preservan del caos, la anarquía, de los privilegios mal habidos y de la ineficiencia.
Quienes me quieren ver débil, doblegado ante sus intereses ilegítimos, me acusan de soberbio y engreído; nada más falso. Una cosa es no dejarse avasallar por personas o presiones de intereses torcidos. También uno debe ser fuerte, aun cuando a veces es tarea ingrata, tratándose de respetar y hacer respetar las normas y leyes establecidas. Procuro preservar la sencillez y la faz humana en el servicio público, sobre todo, al tener conciencia que fui ciudadano común y corriente y que, más temprano que tarde, volveré a serlo. Como dice mi amigo Felipe Victoria: no tiene caso perder el piso o marearse al estar arriba de un ladrillo, pues es cosa eventual y transitoria.
La corrupción, la simulación, la impunidad y la negligencia conspiran constantemente para que el servidor público pierda sus asideros axiológicos. Nada más grave. La clave está, por una parte, en la actitud que cada uno asuma con relación a las circunstancias adversas que le toca vivir y afrontar. Por otra, en preservar la libertad de decidir si nuestro entorno es inevitable e irremediable; o es susceptible de transformarse y mejorarse, en donde podamos ser y hacer algo útil y provechoso en esa tarea.
Es recomendable aventurarnos a enfrentar el reto de ser uno mismo y no lo que quieran los terceros o el medio ambiente que nos rodea. No adoptar, ni adaptarnos a la circunstancia establecida adversa, sino trascenderla. Ese es el chiste.




