Silvestre Pacheco León
El baile de Ocoxúchitl
Sabiendo la dificultad para acceder al templo de Quechultenango en tiempo de Ocoxúchitl, debido a los miles de peregrinos que desde temprano se apretujan en la fila para entrar, decidimos acudir lo más temprano posible para cumplir nuestra manda.
Son las 10 de la mañana cuando alcanzamos a formarnos en la fila que a esa hora tiene 500 metro de largo.
El baile del Ocoxúchitl ocupa dos días del festejo dedicado a Santiago Apóstol, el 2 y 3 de agosto. Con él cierra la fiesta patronal en la que se mezclan los ritos católico e indígena en una celebración en la que participan miles de creyentes que cada año llegan a bailar para cumplir su manda, una tradición centenaria que se hereda de padres a hijos, fomentada por la necesidad de milagros que la sociedad actual demanda.
Una decena de jóvenes robustos, con nombramiento firmado por el gobierno municipal, ponen orden para que los fieles permanezcan formados de dos en fondo mientras les toca su turno para acceder al templo y cumplir con su manda de bailar el Ocoxúchitl.
El sol quema la piel y el calor hace sudar a todos los que aspiran a participar en el ritual indígena. Hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales se revelan con la misma intención mística-religiosa, aunque para ello vistan de manera casual y algunas jóvenes lo hagan sin recato, con shorts a la moda.
La mayoría de las personas que vienen hasta Quechultenango para cumplir su promesa de bailar el Ocoxúchitl al ritmo del teponaxtle, lo hace sin reparar en los estragos del sol, por eso se ven pocos con sombreros, gorras y sombrillas; aunque a medida que pasa el tiempo cada quien busca cubrirse del quemante sol con lo que puede.
Eso sí, no hay quien falte de llevar sus ramos de “flor del ocote”, como se traduce el término indígena de ocoxúchitl al español, para cumplir con el ritual que ayuda a perfumar el templo, atenuando el acre olor del sudor.
Van las señoras con sus niños en brazos, todavía pegados a la chiche. Hombres viejos que caminan con dificultad, jóvenes alegres que toman fotos y hablan por teléfono; señoras que agregan a su carga el ramo de gladiolas rojas que dejarán como ofrenda.
Después de una hora de formación estamos a la entrada del templo que estrena barandal, piso y pintura pretendiendo olvidar con ello los estragos de la creciente que el año pasado inundó el pueblo.
Los jóvenes del Ayuntamiento dejan su tarea de cuidar el orden en la puerta del atrio porque dentro los sustituyen quienes se autonombran ayudantes del Santiago, también jóvenes pero uniformados con playeras rojas como es el color oficial del santo, quienes responden a las órdenes de la Hermandad del Santiago.
La puerta grande del atrio está custodiada por dos policías municipales uniformados y con armas largas, así también las dos laterales por las que salen quienes han terminado de bailar el Ocoxúchitl. El control para el acceso y la salida del templo es estricto.
Cuando estamos dentro del atrio a cual más ensaya los pasos del baile escuchando los rítmicos golpes al teponaxtle que salen del templo junto a la cálida voz de las jovencitas que cantan.
Apostol Santo y Glorioso/ este ocoxúchilt toto que bailo con devoción.
La entrada al templo es por tandas, quizá de 50 personas a la vez, para evitar apreturas. Entrando y bailando, el peregrino se santiagua, luego va tres pasos para la derecha, tres para la izquierda, después una pausa en la que se agitan los ramos de ocoxúchitl con las manos levantadas; sigue una vuelta, siempre viendo adelante bajo el ritmo de tata tatata tatata tata.
En el altar mayor sobresale el jinete santo con adornos a todo lujo. Él preside y cuida el templo; en medio del cuerpo principal del templo otra imagen igual está recibiendo las ofrendas. Esta imagen es la itinerante que va de casa en casa conforme la lista de mayordomos.
Tu que ayudaste generoso a toda la cristiandad/ que peleaba contra infieles/Protégeme con tu manto/ apóstol santo y generoso.
Cada comparsa o pareja baila en torno a la imagen del santo, mientras llega frente al altar donde el párroco echa la bendición con agua refrescante. Si se quiere uno puede pedir a un ayudante que su ramo de ocoxúchitl sea frotado en la capa del santo; después cada peregrino tiene derecho a recibir como reliquia una tira de la ropa del Santiago con la creencia de que lo sabrá proteger en cualquier circunstancia de la vida.
Esa gracia y dulce amor que tu amparas generoso/apóstol santo y glorioso/
Después de llegar hasta el altar y regresar a la puerta de entrada el peregrino ha estado una media hora bailando y tiene el deber de salir por cualquiera de las puerta laterales, pero muchos dan más de una vuelta para cumplir el encargo de otras mandas sin que nadie sepa a ciencia cierta si eso el santo lo toma como deber cumplido de quienes faltaron.
Hasta el año venidero cumpliremos tu promesa/ Ya me voy señor Santiago hasta el año venidero/ si Dios me presta la vida.
Después de dos horas de esperar para bailar media hora, habíamos cumplido nuestra promesa y estábamos a tiempo de acompañar a la danza de Las Cueras a pedir la cera, velas y veladoras, así como toritos que los vecinos donan para alegrar la fiesta con el castillo, sus truenos y luces multicolores.
Las Cueras
Los danzantes que alegran estos días de fiesta, velaron al santo la noche del viernes en la casa del mayordomo, y muy temprano el sábado lo acompañaron para dejarlo en la iglesia en espera de los peregrinos que bailaran ante él.
Los danzantes son 16 pares conocidos propiamente como Cueras, mientras los personajes son: cuatro capitanes, un Santiago y dos Pilatos.
Los capitanes y las Cueras visten máscaras, chalecos de cuero y machetes, la diferencia entre ellos es el sombrero, pues mientras las Cueras los usan con vistosos adornos de colores, los capitanes llevan penachos y trenzas como los indios.
El Santiago lleva mameluco, capa y vestido, todo rojo, un sombrero de fieltro adornado con moños y plumas. En una mano empuña la espada y en la otra el estandarte con la cruz evangelizadora.
La danza se desplazó el sábado por las calles que recorrió recolectando la cera y a las 7 de la tarde tomó un receso para descansar, porque a las 11 de la noche debía concentrarse para velar en la casa del mayordomo.
El domingo temprano nos despertó el toque cadencioso y dulce de la flauta y del tambor con su sonido de guerra: tan tan tan tan tan tan/tan tan tan tan tan.
Las Cueras bailaron todo el día y cerraron la fiesta con un baile dentro de la iglesia como clausura del Ocoxúchitl cuyo rito cumplió 2 días.
La noche iluminada
Como hecho curioso, ni sábado ni domingo llovió. Eso facilitó que la gente se reuniera en torno al atrio donde el sábado muy temprano los artesanos venidos de Tultepec levantaron el castillo que se quemó por la noche con luces multicolores.
Primero fueron los toritos seguidos del castillo, un portento de la artesanía pirotécnica donde un ligero unicornio batía sus alas, luego las luces de colores formaron la imagen del jinete santo dando vuelta para mostrarse ante los espectadores, y para culminar una corona que se desprendió volando al infinito.
Al final los artesanos pirotécnicos presentaron su obra maestra que anunciaron como un castillo de luces construido al ritmo del Jarabe tapatío que conquistó el aplauso del público.
El mercado
A pesar de que el comercio en torno al baile del Ocoxúchitl sigue dominado desde el exterior, cada vez son más las familias de Quechultenango que entran en la competencia para atender la demanda de los peregrinos que consumen agua, alimentos, y demandan servicios como el de sanitarios a lo largo de la fila que suele ser de más de un kilómetro.
La calle principal y las adyacentes al templo se convierten en un gran mercado donde lo más demandado son los ramos de flor de ocote como se le llama al ocoxúchitl. Tres ramitas de esa hierba perfumada a la que le añaden una flor cuesta 5 pesos, que multiplicados por miles constituyen una fortuna.
Las frutas de la temporada que se expenden en llamativos montones son las granadas rojas y los nanches amarillos; hay duraznos y manzanas criollas traídas de la sierra, camotes y elotes.
La mayoría son puestos de comida: pizzas, hot dogs, sándwiches, empanadas y dulces; ropa y discos piratas.
La organización
Para evitar aglomeraciones, el tráfico vehicular se desvió desde la entrada al pueblo. Todos los peregrinos llegaron caminando. Las calles estuvieron siempre despejadas para garantizar el libre tránsito de los transeúntes.
Un ejército de barrenderos habilitados por el Ayuntamiento no dieron tregua a la basura durante los 2 días, aunque eso no evitó que los desechos se desbordaran.
Pero en general la fiesta mostró buena coordinación del gobierno municipal con las autoridades eclesiásticas.
Las huellas de la inundación
La baja en la afluencia de peregrinos respecto al año anterior fue el comentario más frecuente, pero no se pudo confirmar porque se carece de un control estadístico.
Quienes afirman que ahora hubo menos visitantes, su disminución la atribuyen al impacto de la creciente del río Huacapa que inundó al pueblo en la pasada temporada de lluvias dejando sin vivienda a 600 familias.
En algunas casas se ven las huellas de la inundación por el lodo pegado en las paredes. Todavía hay bardas colapsadas por la fuerza de la creciente, y el polvo del lodo reseco permanece en el jardín y en las principales calles del pueblo.
Pese a todo, la tradición del baile del Ocoxúchitl se mantiene porque la fe y la necesidad de milagros prevalecen y se fortalecen en la adversidad.




