CARTAS (Responde el director de Filosofía a la Academia de Historia)
Señor director:
En atención a la carta enviada a la redacción de El Sur por parte de la Academia de Historia de la UFYL referente a la asamblea celebrada en Rectoría el pasado 12 de febrero con el rector de la UAG, Mtro. Nelson Valle López, por parte de estudiantes, directivos y un docente de la Facultad, es necesario nuevamente hacer precisiones respecto al contenido e interpretaciones del artículo del 13 de Febrero del presente, suscrito por el C. Sergio Ocampo Arista, con el título “Denuncian irregularidades académicas y administrativas en Filosofía de la UAG”.
1. Aparentemente los compañeros de Historia sólo leyeron lo que decía el artículo de marras, pero no se tomaron el trabajo de comprobar los hechos, incluyendo la lectura del pliego petitorio estudiantil, por lo que creemos que basta señalar algunas inexactitudes en las apreciaciones de la academia de historia (y otras instancias que pudieran asumir la misma línea de debate) para que la argumentación aducida pierda su razón de ser.
2. No encabecé la marcha de los estudiantes a la Rectoría. Fui llamado urgentemente por el rector cuando los estudiantes demandaron su presencia, para atender junto con él las demandas de los alumnos que participaron.
3. El pliego petitorio de los estudiantes fue enteramente elaborado por ellos sin asistencia mía de tipo alguno. Ese fue el sustento de las intervenciones en Rectoría y no fue el suscrito quien determinó la agenda. Ignoro las razones por las cuales los profesores de historia no hacen referencia alguna a las protestas estudiantiles.
4. Jamás califiqué a los maestros de la Facultad de holgazanes e irresponsables, y aunque no comparto esos calificativos, lo que el rector afirmó es que hay maestros con esas características en la Unidad. Jamás aseveró que eran todos ni que pertenecían a la Academia de Historia. Lo que sí dije y sostengo, es que hay maestros que no cumplen con sus obligaciones laborales, lo cual es de amplio y reiterado conocimiento en la Facultad y fuera de ella, incluyendo a quienes se sienten extrañados de que exista esta situación en nuestro centro de trabajo. Cuando los estudiantes solicitaron que se cumpliera el contrato colectivo, la referencia básica, pero no la única, es a que los maestros tengan presencia en la Facultad las 40 horas a que hace referencia de manera inequívoca el contrato vigente.
5. Jamás se ha declarado en parte alguna que sólo el rector y un servidor hacemos las cosas bien, aunque ciertamente pudieron citar la fuente de la información, así sea ajena a la verdad. ¿Por qué utilizar como fundamento de queja supuestas declaraciones sin sustento alguno?
6. En cuanto al “problema ético” que señalan respecto a la participación del suscrito en un proyecto universitario de investigación sobre la pobreza urbana en la entidad, financiado por el gobierno del estado, e institucionalmente desarrollado por la UAG, es necesario hacer público lo que se planteó en su momento con toda claridad a la planta de profesores en asamblea debidamente convocada, incluyendo a los firmantes del documento que nos ocupa. El proyecto de investigación no es personal, es de la Facultad y de la Universidad (hay convenio formal suscrito entre la Universidad y el gobierno del estado), y precedió a mi candidatura y al cargo que ocupo. Dije entonces, y lo afirmo ahora, que por estar en la dirección de la UAFYL no iba, ni voy a renunciar a mi quehacer académico, aunque algunos parezcan desearlo así. Sobre aviso no hay engaño.
Por otra parte, hacen notar los firmantes del documento, “…los convenios con instituciones nacionales, estatales, municipales y eclesiásticas que han dado presencia a la licenciatura, la Facultad y a la propia Universidad”. La vinculación con el entorno de la UAFYL es ciertamente una actividad sustantiva, y por ello me congratulo por esta faceta del trabajo de la Academia de Historia. No sé si los convenios de investigación suscritos por este servidor, la Facultad y la Universidad, con el gobierno del estado, la Agencia Internacional de Cooperación del Japón, el Banco Mundial, el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población hayan proporcionado lustre a la Facultad pero lo que sí es irrefutable es que el suscrito ha traído modestos recursos a la escuela, resultado del financiamiento de proyectos institucionales en los que él ha participado o dirigido y que se han utilizado para atender urgentes necesidades de toda nuestra unidad desde hace varios años. Por ello resulta incongruente afirmar que los convenios suscritos por los compañeros de historia con todas las entidades que señalan, incluyendo las gubernamentales, sí les dan presencia, pero si los suscriben otros para beneficio de toda la Facultad, entonces constituyen problemas éticos y de simulación. ¿Será que sólo los compañeros del programa de historia saben hacer las cosas bien? Si demandan respeto al trabajo propio, ¿por qué descalifican la investigación legítima e institucional hecha por otros? ¿Qué nombre se le puede dar a aplicar un estándar a lo propio y otro a lo ajeno?
En el fondo el problema es que a pesar de los enormes méritos del trabajo de la Academia de Historia, que he reconocido y reconozco públicamente, hay todavía problemas profundos en la UAFYL y la UAG que tras décadas de inercias destructivas, resulta difícil (¿imposible?) cambiar. Yo no organicé ni hice la manifestación. La llevaron a cabo los estudiantes que se sienten afectados y ese es un derecho que no se puede conculcar, pero esto no debe llevarnos a concluir que es mejor no enfrentar aquellos problemas que dependen de nosotros en la Facultad, y más bien buscar al chivo expiatorio o piñata de ocasión, honor que en esta ocasión me ha tocado asumir.
Por otro lado me permito recordarle a mis compañeros de trabajo, que la Facultad requiere que nuestros maestros participen activamente en el Consejo de Unidad o Consejo Técnico, pero que no ha sido posible que los profesores nombren a sus representantes tras dos procesos electorales convocados específicamente para ocupar los espacios que por ley les corresponde. Si hay desacuerdo sobre la forma como se conduce nuestro centro de trabajo, es esencial hacer escuchar su voz en el Consejo, al cual rara vez o nunca asisten. La reforma universitaria es un proyecto conjunto que requiere desesperadamente de la participación de todos sin excepción. No basta criticar. La autocrítica es necesaria para todos nosotros y la negativa a participar en las instancias de gobierno de la Unidad puede resultar cómodo, pero reduce la efectividad de un organismo que se creó precisamente para resolver estos y otros problemas de la Escuela y la UAG. La Ley de la Universidad se hizo para ser respetada y cumplida cabalmente, por lo que el ejercicio del cogobierno (que también incluye a los profesores) y la gestión colegiada, no pueden ser la excepción. Los tiempos nos están ganando, y al paso que van las cosas, nos va a suceder lo que el comentarista post-monterroseano señaló: Cuando despertemos, ya ni los dinosaurios van a estar ahí. Muchas gracias por darle curso a esta misiva.
Atentamente
Dr. Jesús Samper Ahumada, director




