María Luisa Garfias Marín
Martha, marthita
Según la reseña periodística del viernes 7 de febrero, durante la gira presidencial de Vicente Fox por el estado de Nuevo León, las mujeres asistentes aclamaban a su esposa: Marthita, Marthita, y ella hablaba, se comprometía, prometía, y también sabedora de su poder, comprometía a los secretarios de Estado, y no era para menos, el presidente de la República como en otras ocasiones, en un acto netamente oficial, respaldaba su campaña proselitista.
Lo anterior, debe hacernos reflexionar, analizar y opinar. ¿Tiene derecho Martha Sahagún de participar políticamente? O, como declaró el senador del PRD, Demetrio Sodi de la Tijera: “En México no hay primera dama, y en todo caso sus actividades, por ley, deberían centrarse en el sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, DIF”.
Para empezar, es importante señalar que la lucha que las mujeres hemos dado desde hace años, ha sido por el reconocimiento de nuestra igualdad de derechos con los hombres tomando como base la misma diferencia biológica, ¿acaso no somos seres humanos los dos? Este reconocimiento de igualdad se ha dado desde el siglo XX, tanto en los instrumentos internacionales como en las leyes nacionales, de tal manera, que se demanda como consecuencia de ello, relaciones equitativas entre hombres y mujeres, y la construcción por lo tanto, de una nueva cultura democrática.
La equidad de género, significa eliminar la concepción de que las mujeres tenemos únicamente como campo de acción lo privado, la casa, la familia, el marido y los hijos(as). Significa reconocernos como seres adultas, capaces, inteligentes, autónomas e independientes; como ciudadanas.
Entonces, si hablamos de equidad, de igualdad y diferencia como elementos básicos de una nueva sociedad ¿Por qué hablar de primera dama? ¿Acaso existen mujeres de segunda o tercera?, para nada, tiene razón el senador, es totalmente equivocado, discriminatorio y agresivo para las mujeres en general.
En lo que se refiere a la democracia genérica, es decir, el reconocimiento de los derechos de las mujeres con relación a los hombres, esta engloba a la política formal; la política social, la política económica, la política educativa, la política en salud e indiscutiblemente, a la política, política. Por lo tanto, Martha Sahagún, tiene todo el derecho de hacer política formal, de aparecer en los medios de comunicación las veces que ella quiera, de opinar sobre el acontecer nacional o mundial.
No hay ninguna ley que sé lo prohiba. En este sentido, está equivocado Sodi de la Tijera, al querer que ella repita el mismo rol que las otras esposas de los presidentes de la República pasados, y mantenga la figura tradicional de “la mujer mexicana”, esposa y madre, sombra silenciosa. Dedicada por lo tanto, al servicio social, al trabajo de beneficencia.
Considero que la polémica que se ha generado en torno a esta mujer, debe separar dos cosas: una, su derecho indiscutible como cualquier ciudadana a la vida política, y otra, el hecho de hacer política utilizando como medio todos los recursos de la administración pública, y en este último, debe girar el debate.
Martha Sahagún, es una mujer empoderada, y como tal, rompe una serie de códigos impuestos a las familias presidenciales, pero, al viejo estilo priísta, aprovecha su posición para realizar toda una campaña de difusión de su imagen como futura candidata a un puesto de elección popular para el 2006. Para ello, cuenta con el apoyo de su esposo, el Ejecutivo federal en turno. El cual, ha permitido la usurpación de funciones de Marthita, tanto en el sector salud, como últimamente en el educativo, amen de otros, como la representación presidencial en la toma de posesión de un presidente de Centroamérica.
El caballo de batalla de la señora Sahagún, es la fundación Vamos México, y desde allí, las alianzas con los sectores más conservadores del país, para imponer por diferentes vías –léase guía para jóvenes, guía para padres– los valores morales que la derecha considera fundamentales. La esposa incómoda del presidente quiere brillar, y está en todo su derecho, pero no con el dinero aportado por las y los mexicanos con sus impuestos.
Para el 2006, varias mujeres pueden ser candidatas a la Presidencia de la República. Sin embargo, ellas al igual que cualquier contendiente, tienen que presentar su proyecto de nación. Porque creer, que sólo por ser mujer se tiene garantizado el triunfo o el voto de las mujeres, estaría equivocada.
Usted lectora, que tipo de nación desea. Uno autoritario, patriarcal y antidemocrático, o, uno incluyente, equitativo, justo y democrático.




