Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Abelardo Martín M.

Una raya más al tigre

Cuánta razón asiste a los dichos populares que no son otra cosa sino verdades que permiten al pueblo formas de expresión profundas, pero a la vez sencillas y accesibles. Por ejemplo aquel que dice que “al perro más flaco, se le juntan más las pulgas”, o ese otro que afirma que sólo falta que se junten “el hambre con las ganas de comer”.
Al estado de Guerrero le ocurre que no sale todavía de una cuando le llega otra calamidad, agravándose día tras día. Esta de por sí aguda situación problemática que vive la entidad es como un organismo enfermo al que la dimensión de la faena por recuperar la salud le provoca desgaste y afectación de órganos anteriormente aptos y sanos.
Además del clima de inseguridad, la descomposición social y la ingobernabilidad, Guerrero ahora tiene un padecimiento más cotidiano que enfrentar: marchas, mítines y plantones que, lamentablemente, restan a uno de los principales puertos turísticos del país cada vez más estrellas. Todas –da la percepción–, se trasladan a Quintana Roo y sus varios destinos turísticos, y las menos a Baja California Sur. El hecho es que Acapulco y Zihua-tanejo, con todo y sus bellezas, van a la baja de forma creciente e irrefrenable, con todas sus consecuencias económicas, sociales, políticas y culturales.
Apenas el pasado fin de semana, Acapulco concluyó la temporada vacacional con 2 mil 700 millones de pesos de recuperación y, como grito desesperado, el dirigente de Confederación Patronal de la República Mexicana Acapul-co (Coparmex), Joaquín Badillo Escamilla anunció que su organización ya cuenta con el apoyo de otras cámaras empresariales como la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) y la Cámara Nacional de Industria de Transformación (Canacintra), así como de la Asociación de Hoteles y Empresas Turísticas de Acapulco (AHETA), que respaldan la conveniencia de pedir y aplicar “mano dura” contra quienes realicen ese tipo de manifestaciones. “Lo único que consiguen, además de perjudicar la economía, es que cada vez más turistas piensen dos veces si deciden venir de vacaciones a este destino de playa”, reclamó.
El empresario pidió a los gobiernos federal y estatal que “se aplique la ley” a los dirigentes de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) que mantuvieron bloqueadas durante más de diez horas de forma simultánea la autopista del Sol y la carretera Federal México-Acapulco, cerca de la comunidad de Mohoneras, municipio de Chilpancingo, para exigir una audiencia con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Esa protesta provocó la molestia de miles de turistas que quedaron atrapados en el bloqueo cuando transitaban por esa vía, ya fuere que venían o regresaban del puerto de Acapulco.
De acuerdo con el empresario, ese tipo de manifestaciones debe restringirse, sobre todo cuando es temporada vacacional, porque a los turistas no les agrada visitar un lugar donde hay protestas y conflictos.
El tema abre un sinnúmero de cuestionamientos sobre las libertades y su importancia, hasta dónde llega el derecho de la sociedad a manifestarse, dónde inicia la garantía de libre tránsito frente al derecho de un trabajo digno y, especialmente, dónde se ubican las responsabilidad y obligaciones de la autoridad gobernante para cumplir el bien común.
Se trata de un problema peliagudo porque no es posible coartar el derecho de manifestación de quienes ven frustradas o incumplidas sus esperanzas de sobrevivencia o progreso, frente a los miles de personas que de buena fe ven a Acapulco o Ixtapa como sus sitios turísticos predilectos.
A Guerrero le falta una buena sacudida, no ya de temblores o de los huracanes como Ingrid o Manuel, sino una de esas que achispe la inteligencia y compromiso de los políticos para detener la creciente ingobernabilidad y sus terribles y funestas consecuencias económicas, sociales, políticas y culturales.
La demanda empresarial significa una grieta más en el resquebrajado tejido gubernamental guerrerense, cuyo síntoma más claro es la agudización de la pobreza y el decaimiento de la actividad turística. Acapulco no puede sobrevivir con los visitantes de la Semana Santa y de fin de año. Ojalá los mensajes se entiendan, aunque como dice el otro dicho que se aplica por Michoacán: “Nadie experimenta en cabeza ajena”.

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