De migrante a líder comunitaria, Nestora Salgado “apoyaba a quien se lo pedía”, recuerdan familiares
*Se distinguió por su seguridad y carácter fuerte desde niña, y le dio por defender a los más pequeños, relata su hermana María
Lourdes Chávez
Olinalá
Nestora Salgado García, ícono de la organización ciudadana por la seguridad, nació en una familia de campesinos de Olinalá que enseñó a sus hijos a vivir del campo. A los 14 años se casó y antes de los 20 tuvo tres hijas. Por ellas emigró a Estados Unidos a buscar los medios de vida que no encontró en México al lado de su primer esposo.
Su imagen de adulta joven y entusiasta al frente de la Policía Comunitaria (PC) de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) en Olinalá, se difunde en noticias, redes sociales y carteles, particularmente para exigir su libertad inmediata del penal federal de Tepic, Nayarit.
La cabecera municipal que es conocida internacionalmente por sus famosas artesanías decoradas con finos detalles, las cajitas de Olinalá, también es expulsora migrantes, como muchas comunidades rurales y ciudades del estado.
Su hermana, Minerva Salgado García indicó que Nestora, la penúltima de siete hermanos, fue la primera en emigrar a Estados Unidos “por mala suerte, la persona con la que se casó la trataba mal, (lo dejó) y se fue de mojada”.
Como miles de guerrerenses, salió de Olinalá a los 20 años para cruzar la frontera. Minerva recordó que Nestora les platicó lo que sufrió en el camino “yo también ya me fui y se sufre mucho. Estás entre la vida y la muerte por un piquete de alacrán, un asalto, una insolación”.
Cuando se fue, Nestora dejó a sus hijas encargadas con sus hermanas Minerva y María en Olinalá, y mandó por ellas luego de dos años.
Recordó se fue con la idea de reunir dinero para construir su casa y transcurrieron diez años para que regresara, volvió a Guerrero como residente legal de Estados Unidos. Desde entonces, Minerva dijo que volvió cada uno o dos años para quedarse tres o cuatro meses, y estaba feliz porque estaba en trámite su ciudadanía estadounidense.
Antes de su aprehensión vivía en la ciudad de Renton, Washington, con su esposo José Luis Ávila, sus hijas y nietos.
De sus viajes a México, Minerva explicó que sus hermanos son muy unidos, y además llevaba ropa para regalar en los pueblos cercanos que viven en condiciones de mucha marginación, “apoyaba a quién se lo pedía, para qué, ella nunca se negó”.
Aclaró que en esas temporadas no se involucraba en campañas políticas ni en la organización de fiestas religiosas, distinto al movimiento por la seguridad que surgió con el levantamiento ciudadano contra una banda de secuestradores el 27 octubre del 2012, donde la nombraron líder de la policía ciudadana que meses después se integró a la Coordinadora regional de Autoridades Comunitarias (CRAC).
Minerva informó que en Estados Unidos, su hermana tenía dos empleos, “como mesera en un restaurante y afanadora de una empresa que se encargada de limpiar departamentos en renta. Nomás llegaba, se bañaba, medio comía y se iba al otro trabajo”.
María Salgado García, la hermana mayor, recordó que Nestora se distinguió por su seguridad y carácter fuerte desde niña, “ahora nos ponemos a pensar que ya era su destino defender al más débil, porque desde chiquilla, a los 7 años, cuando iba a la primaria le dio por defender a los niños de primer grado”.
Su hermano Roberto confirmó que sabía usar las armas de fuego, pues en algunas fotografías aparece con chaleco antibalas y un arma. Recordó que en el campo desde muy jóvenes se aprende a disparar, pero como coordinadora regional de la Policía Comunitaria no la usaba, salvo para las reuniones, donde todos llevaban una.
Añadió que tenía mucho interés en ayudar a su pueblo. Como representante de la PC se reunió en varias ocasiones con el gobernador Ángel Aguirre Rivero, y de esos encuentros platicaba que había posibilidades de conseguir financiamiento para proyectos productivos.
También comenzó a buscar un terreno para una escuela de educación superior en Olinalá, pero al parecer ese proyecto se trasladó a Huamuxtitlán, el municipio vecino.
Aún con las amenazas previas a su detención, María Salgado aseguró que Nestora no pensó en abandonar la CRAC. Lo consideró cuando comenzó el movimiento ciudadano y se supo que ella era la siguiente en la lista de personas que serían secuestradas por la banda que operaba en la cabecera municipal.
En ese momento consideró regresar a Estados Unidos por seguridad, pero cuando la nombraron cabeza de la organización, decía “¿Cómo voy a dejar a todos los demás que confiaron en mí?”
La mujer blanca, bajita y de porte elegante, pronto atrajo la atención de la prensa local y nacional por su hablar fuerte y sin tapujos sobre la delincuencia organizada, y su relación con las autoridades municipales.
A la par, comenzó una campaña de desprestigio en redes sociales y en los pasillos de oficinas de gobierno sobre sus traslados a Estados Unidos, mencionaban que también se dedicaba al tráfico de drogas, aunque no se formularon cargos al respecto.
Lo mismo se dijo sin fundamentos de su esposo, cuando saltó a la escena pública para denunciar las arbitrariedades en la detención de la dirigente, las violaciones a sus derechos humanos y al debido proceso.
Nestora Salgado fue acusada de secuestro por unas 40 personas que estaban en “reeducación” por la CRAC, que son representadas por el procurador del estado, Iñaky Blanco Cabrera.
También fue señalada de delincuencia organizada, en la modalidad de secuestro, pero un juez de Distrito, en abril, descartó el cargo federal porque sus acciones se encuadraron en las funciones y estructura de la CRAC, institución de seguridad, justicia y reeducación comunitaria reconocida en la Ley 701 de Reconocimiento, Cultura de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Guerrero, y en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales.




