Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Anituy Rebolledo Ayerdi

Cómo han pasado los años (XXXII)

Los juguetes del medio siglo

 

Trompos, baleros, matatenas, yoyos, rayuelas, canicas y mondongos, zaragolas, culebrinas , rezumbadores y cocoles (San Jerónimo dixit), volados con hilo del Oso; muñecas de trapo o habilitadas con troncos, carritos de cajas de cerillos con llantas de corcholatas y boxeadores de madera que peleaban al oprimirle un botón central. Esos y muchos más juguetes artesanales o creados por la imaginación infantil eran la fantástica diversión de los niños del medio siglo XX.
Para los “ricardos”, en cambio, juguetes made in USA, muñecas dormilonas a imagen y semejanza de sus poseedoras y trenecitos eléctricos marca Lionel jugados finalmente por “dificultosos”, por los propios papás.
Médicos, siquiatras y pensadores jugarán un papel importante en el destino de las herramientas de juego para los niños. El notable pediatra chilpancingueño, Alfonso G. Alarcón (nombre de la biblioteca federal de Acapulco), los recomendaba ligeros, irrompibles e incólumes. Muy particularmente, los de celuloide a condición de que no se acercaran al fuego por inflamables. Los enormes muñecos de ese material conocido popularmente como “sololoy” serán barridos sin misericordia por los juguetes de plástico.
En el medio siglo XX habrá reminiscencias medievales cuando grupos sociales y de interés, apoyados por el clero católico, lancen llamados a boicotear a Santaclós. Acusaban al rubicundo barbón de “pervertir el alma de la niñez mexicana”. Lo hacían, claro, en defensa, de las tradiciones del Niño Jesús y de los Tres Reyes Magos. Una tienda departamental de la ciudad de México, por ejemplo, colocará un “santa” gigantesco lanzando un sonoro e intermitente ¡jo-jo-jo! La furia de las mexicanistas demandará su retiro inmediato “porque sus carcajadas son una burla para el niño pobre”.
Contra los juguetes bélicos habrá en la prensa sesudos editoriales llamando a los padres de familia a “¡no enseñar a sus hijos a matar !” Si bien en la página siguiente del periódico se anunciaban ofertas de pistolas, rifles, tanques y cañones para los chilpayates.

El Rey Sol

Habrá madres que estudien Historia Universal, particularmente el siglo XVII, para tener armas contra maridos ignorantes:
–¡Mujer, si permites que ese niño siga jugando con muñecas lo vas a volver maricón!
–¡Viejo pendejo: Luis XIV de Francia las jugaba a los 11 años, como todos los niños de la época, y llegó a ser el Rey Sol!

La Panamericana

México fue sede los años de 1950 a 1953 del evento automovilístico en carreteras más importante del mundo. La Carrera Panamericana corrida ente Ciudad Juárez, Chihuahua y Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y viceversa. Un recorrido de más de 3 mil kilómetros promediando las velocidades entre 185 y 218 kilómetros por hora.
El evento trajo a México por primera vez las marcas europeas Alfa Romeo, Ferrari, Jaguar, Gordini, Lancia, Mercedes, Porsche o Masseratti, además de las muy conocidas marcas estadunidenses. México presentó los autos Supremo Especial y Del Campo (??). La primera carrera convocó a 120 automóviles llegando a la meta final únicamente 47.
Los pilotos mexicanos se codearon por primera vez, sin achicopalamientos, con los más veloces del mundo, Aquí estuvieron H. Mcgriff (ganador de la primera carrera en 1950 tripulando un Oldsmobile 88); Piero Taruffi (segundo triunfador, 1951, con un Ferrari 212); Karl Kling (1952, en un Mercedes 300 SL); el argentino Juan Manuel Fangio (1953, con un Lancia D24); y el italiano Umberto Maglioli (1954, en un Ferrari 375 Plus). En la carrera de 1953 resultó muerto el italiano Felice Bonneto. Entre los 42 nacionales: José Antonio Solana (el mejor clasificado) su hermano Moisés (revelación a los 18); Fernando Razo Maciel, Leal Solares, Paco Ibarra y Otto Becker.

Los accidentes

Una llanta ponchada en Oaxaca lanza a un barranco de 200 metros al Packard 123 del mexicano Che Estrada Menocal, favorito de los nacionales para ganar la prueba. Muere también el copiloto Miguel González.
El piloto italo-mexicano Carlos Panini sucumbe en la segunda carrera al chocar su Alfa Romeo contra una pared. Su hija Teresa, de 17 años, ocupaba el lugar del copiloto sin tener licencia para conducir. La familia Panini había sido precursora en Guerrero de los servicios aéreos regionales, cubriendo la ruta México-Huamuxtitlán-Tlapa-Ometepec-Cuajinicuilapa.
El suceso más dramático del evento fue sin duda el atropellamiento de seis espectadores en Tehuantepec, por el auto tripulado por el estadunidense Mickey Thompson. En Durango se le rompe la caja de velocidades al Nash 29 de los hermanos José Antonio y Javier Solana. Se impacta contra el talud para ser arrollado casi inmediatamente por el Cadillac 27. No hubo víctimas mortales.

Felice Bonetto

Corriendo la IV Panamericana muere en Silao, Guanajuato, el piloto italiano Felice Boneto. Angustiado porque su paisano Taruffi le pisaba los talones, imprime mayor velocidad al cruzar un peligroso “columpio” en la esquina de 5 de Mayo y Esperanza. Convertido en un bólido, el auto alcanza un vuelo de más de 30 metros de altura sobre la segunda avenida. Golpea primero un poste del alumbrado público y cae finalmente en el balcón de la casa marcada con el numero 36. La propietaria, Esperanza Arzola narró escuetamente el dramático suceso: “La cabeza del piloto estalló al golpear contra el filo de la cornisa dejándola impregnada de sangre y sesos”.
El piloto italiano es recordado hoy mismo por los celayenses con diversas placas conmemorativas. Una de ellas reza: “Felice Bonetto: la muerte detuvo aquí su triunfal recorrido”. Será éste también el fin de la Carrera Panamericana.

Nacer y morir en 1950

Nacimientos: Juan Gabriel, Stevie Wonder, Guillermo Sheridan, José María Napoleón, Laura Esquivel, Paloma San Basilio, María Antonieta de las Nieves La Chilindrina, y Rossy Mendoza.
Fallecimientos: George Orwell, Edgar Rice Burroughs, Gustavo V rey de Suecia, George Bernard Shaw, Giuseppe Garibaldi y Apolonio Castillo.

Garibaldi

Giuseppe Garibaldi era nieto del libertador italiano del mismo nombre, soldado como aquél y poseedor de similar espíritu libertario. Llega a México en 1911 dispuesto a participar en la revolución iniciada por don Francisco I Madero. Este lo pone a prueba en el combate de Chihuahua, ganándose por su coraje el grado de coronel. Ya en la batalla de Casas Grandes ostentará el de general, ganándose el respeto y la admiración de sus pares Enrique Añorve, Ambrosio Figueroa y Abraham González, entre otros, quienes le llaman indistintamente José, Pepe o Peppino.
Muy pronto Pancho Villa recela de que un “pinche italiano esté peleando una guerra que es de los mexicanos”. Pascual Orozco, por su parte, califica de “perniciosa la presencia del tal pepino junto a Madero. Además de que nada tiene que enseñarnos un italiano por muy Garibaldi que sea”. Madero corta por lo sano y retira al voluntario extranjero de la jefatura militar. Dolido, Garibaldi viaja a Grecia donde participará en la guerra de los Balcanes, más tarde en la Primera Guerra Mundial y con mayor razón en la posterior lucha contra el fascismo en su tierra. Se asienta finalmente en los Estados Unidos dedicado a los negocios, donde muere el 19 de mayo de 1950.

Apolonio Castillo

Apolonio Castillo Díaz acepta encabezar la búsqueda submarina de dos cuerpos lanzados por sus verdugos a la bahía. El notable campeón de natación y ahora buzo al mando del Comando Submarino de la Base Naval acepta hacerlo solo por una razón. Para que los periódicos “dejen de chingar tanto al puerto”. En efecto, medios de todo el mundo retrataban a Acapulco como tierra de ladrones y matones impunes. Figurará entre ellos, particularmente The New York Times, por ser neoyorquinos los inmolados.
Joseph Mitchel y Edith Hallok forman una pareja septuagenaria disfrutando aquí, cual adolescentes, de una aventura clandestina. Un affaire que escandalizaría a la sociedad opulenta en la que se mueve la dama. Aceptan por ello la oferta de un paseo en lancha con la oferta de contar con la complicidad de la vieja luna que aquí alumbra más. Y, claro, sin faltar el celestinaje imprescindible de la langosta y el champagne. El agente de viajes del hotel Las Hamacas, el texano Luis Fenton Calvarruso, sugiere a la dama llevar sus mejores joyas pues antes asistirán al espectáculo del Club de Esquíes. Allí, le susurra, se dan cita las personas más ricas del mundo.
Cambio de planes. Fenton informa a la pareja que no bajarán al Club de Esquíes y que verán el espectáculo desde la lancha. “Qué importa”, dice ella, él refuerza el dicho. No obstante vivir el invierno de sus vidas, Joseph y Edith se comportan como si la primavera apenas tocara a sus puertas. Se abrazan, se besan sin importar la presencia de los dos extraños. Navegan un rato para fondear la embarcación frente a la península de Las Playas.

El bat mortal

El primer golpe con un bat de beisbol lo recibe Joseph en la cabeza, la segunda descarga sobre el rostro de Edith acallará sus ruegos de clemencia. Minutos más tarde, el sonido del mar engullendo dos cuerpos sangrantes, atados con cadenas. El cómplice de Fenton, Daniel Negro Ríos limpia como si nada la lancha mientras Fenton saquea las habitaciones de los ancianos. Una opinión pública exaltada, indignada, los llamará bestias sanguinarias, cínicos despreciables. “Los acapulqueños no somos así”, se repetirá una y otra vez.
El crimen quedará resuelto en dos semanas gracias al interés del presidente Ruiz Cortines, quien ha amenazado con cortar cabezas de secretarios hasta gendarmes.
Confesos, Fenton y Ríos proporcionarán detalle sobre el sitio donde habían fondeado los cadáveres.
Ellos mismos, en lancha aparte, lo señalan a Apolonio Castillo cuando éste ha emprendido la búsqueda con sus hombres rana. Localización que comprende el área entre Punta Bruja, la Ensenada de los Presos y La Yerbabuena. Las inmersiones alcanzan los 40 metros, casi sin visibilidad, sin ningún resultado durante más de seis horas. Nunca lo habrá.
Como a las 17:30 horas del 10 de marzo, Apolonio Castillo emerge de su segunda inmersión. Lo hace bruscamente retratando en su rostro, dirá Ricardo Olvera, el drama de la descompresión. “El aire retenido en los pulmones los hincha excesivamente, produciéndose el paso de aire hacia el flujo sanguíneo en forma de burbujas”.
La lancha rápida tripulada por el mismo Olvera lleva al tritón a la empresa Aquamundo, única poseedora en el puerto de una pequeña cámara de descompresión. Luego de dos horas de tratamiento por parte del experto John Kelly, un Apolonio desesperado decide abandonarla. Declara sentirse bien y ordena que lo lleven a su casa en Quebrada y José Ma-ría Iglesias. Transcurridas apenas dos horas le volverán las convulsiones y entonces será trasladado urgentemente al hospital de la Base Naval, donde morirá a las 2 de la mañana del 11 de marzo de 1957.

El duelo

Apolonio Castillo Díaz, tecpaneco-acapulqueño, deportista ejemplar, héroe civil por decisión de sus paisanos, será inhumado en el panteón de Las Cruces. Su cortejo lo formará una multitud consternada y rabiosa en la manifestación de dolor más numerosa e intensa que recuerde Acapulco. Dos comentarios rescatados entonces:
–La de Polo fue una muerte estúpida, absurda, sin sentido.
–Acapulco fue desollado vivo en 1957, sin deberla ni temerla.
PS: Fenton Calvarruso y El Negro Ríos Ozuna serán sentenciados a las penas máximas y llevados más tarde a las Islas Marías. Luego la leyenda: El Negro Ríos habría saltado los muros de agua (José Revueltas, dixit), refugiándose en Atoyac de Álvarez, su antiguo solar.

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