Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Tomás Tenorio Galindo

El juego

El PRI y su candidato al gobierno del estado han empezado a desarrollar un complicado y peligroso juego para contrarrestar el demoledor efecto público que ha tenido la revelación de que su derrota a manos del PRD prácticamente está anunciada.

Inspirado seguramente en la estrategia aplicada en Oaxaca, donde los candidatos del PRI y de la coalición opositora llegaron a los comicios en virtual empate técnico, el plan que aplica la campaña priísta en Guerrero tiene el grave defecto de que aquí no se están repitiendo las condiciones de la contienda oaxaqueña.

En Oaxaca, durante las campañas el empate nunca se decantó hacia ninguna de las partes: cualquiera podía ganar (y ganó el PRI). En Guerrero, las encuestas tanto de Reforma como otras, incluidas las que posee el propio PRI, indican ya la ruptura del empate técnico con el PRD advertido en los datos duros de las elecciones del 2003. Cinco puntos de diferencia a favor de la coalición perredista no son un empate técnico como pretende hacerlo creer la propaganda del PRI; es el anuncio de la derrota de su candidato.

Y ahí está el problema para el PRI. Los estrategas priístas parecen haberse preguntado cómo hacer para dotar de credibilidad, aunque sea de una pizca de credibilidad, el triunfo del PRI cuando las encuestas dicen que va a perder frente al PRD. Algún consultor ingenioso dio con la idea: “Digan que en realidad el candidato de la oposición va cayendo, que iba mucho más arriba y que va cayendo”, de forma que llegado el 6 de febrero, un triunfo del PRI tenga esa “explicación”. Y así lo están propalando los priístas.

Nada tendría de malo si sólo fuera que el PRI se quiere engañar a sí mismo con el auxilio de sus consultores. Pero el asunto es mucho más serio y está vinculado a la estabilidad política del estado en el futuro próximo. Es imposible una victoria del PRI en un contexto en que las encuestas dicen que va a perder. Si a pesar de ello ganara, estaríamos en presencia o de un milagro, o de un acto de liturgia electoral. Y la continuación de ello es un capítulo que ya conocemos.

Si detrás de ese plan propagandístico existe un operativo para burlar la voluntad ciudadana, desde luego el autor no lo sabe. Sin embargo, sobran los indicios en el sentido de que con la estrategia adoptada el PRI se conduce irresponsablemente. Porque si el ingenioso plan para contrarrestar a las encuestas le sale “bien” y milagrosamente el PRI “gana”, el efecto no sería otro que el mayor conflicto político y social que haya vivido el estado. Simplemente no habría “explicación” válida, ni tonto que se la creyera. Ninguna. Si al cierre de las campañas los números siguen como hasta ahora, el PRI va a perder. Si tuviese la fortuna de una recuperación, como también dicen sus propagandistas que ocurre, otro será el análisis. No existe forma de que un partido burle a las encuestas. E intentar una maniobra desesperada equivaldría, en las actuales circunstancias del estado, a provocar un incendio de proporciones imprevisibles.

Apostarle a la repetición del caso Oaxaca es absurdo. Si allí prosperó la estrategia priísta, fue porque las diferencias entre uno y otro candidato era tan estrecha y la incertidumbre tan amplia, que el margen de maniobra se ensanchaba para ambas fuerzas. Aquí no. Si tomamos como punto de referencia los cinco puntos señalados por la encuesta de Reforma, y si esos cinco puntos se mantienen, no habrá maniobra que permita modificar la voluntad electoral.

El problema de legitimación que el PRI pretende resolver no tiene solución. La necesidad de la alternancia política se ha arraigado en la sociedad guerrerense. La oposición ha entendido ese proceso paulatino y consistente, pero el partido oficialista no ha sabido dilucidar cuál es el papel que podía jugar en la renovación del poder. Quizá sea demasiado tarde para averiguarlo. La sociedad guerrerense, a la que ha gobernado por más de 70 años, ya le asignó un rol al PRI. Le toca perder.

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