Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

No sirve el modelo de maestro creado en comunidades con alta marginación, dice Abel Barrera en Ayotzinapa

Lourdes Chávez

Chilpancingo

El director del Centro de De-rechos Humanos de La Montaña Tlanchinollan, Abel Barrera Her-nández aseguró que el modelo de maestros creado, no sirve para el desarrollo de las comunidades indígenas y campesinas de Gue-rrero, que viven en una situación de alta marginación, olvido y discriminación, por el contrario, dijo que profundiza la exclusión de los niños y niñas en edad escolar, particularmente de aquellos hablantes de las lenguas originarias.
En una conferencia magistral en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Barrera Hernández insistió en que mientras no se considere que vivimos en un estado pluricultural, plurilingüístico, se van a seguir cometiendo muchas barbaridades al interior del aula y en las escuelas.
En el marco de una jornada académica que organizó la comunidad estudiantil de Ayotzinapa, el antropólogo social señaló que las escuelas se han convertido en islas dentro de las comunidades, en centros burocráticos de papeleo; los maestros “no se ocupan en la construcción de nueva sociedad, para la construcción del conocimiento desde lo local”.
Indicó que los maestros en las comunidades sólo van a enseñar, cuando deben aprender de la comunidad, pero no están capacitados para entender las dinámicas locales, fundamental en el trabajo pedagógico.
En la trayectoria de Tlachino-llan, dijo, “nos damos cuenta co-mo el modelo de maestros que se ha formado en verdad es disfuncional, en una situación de profundas desigualdades sociales que padecen las comunidades indígenas y campesinas”.
Aseguró que conocer las condiciones de marginación y pobreza en las comunidades, no implica que el maestro tenga que solucionar sus problemas, sino que tienen que pensar cómo su trabajo puede incidir para modificar esa realidad; pero lamentó que la actividad del docente se reduce al aula.
Barrera Hernández consideró que en esta situación se debe reivindicar la congruencia política social y pedagogía a la normal rural de Ayotzinapa, que no será posible a través del gobierno, que desde que se construyó este proyecto (hace 80 años), “desde entonces lo ha abandonado”.

Qué maestro necesita Guerrero

El defensor de los derechos humanos, destacó que no es posible formar maestros con enfoque intercultural, si se desconocen la realidad del estado, las entrañas, la situación de marginación, olvido y discriminación que viven los pueblos.
Aunque en la realidad, los maestros que se asignan a las comunidades indígenas que no conoce la lengua, y en lugar reforzar la lengua materna y cultura local, “con una visión egocentrista, lo que hacen es generar un proceso de marginación y exclusión a los niños”.
Consideró que el niño que sólo quiere comer, jugar y que lo traten como ser humano, y que de por sí vive en condiciones adversas, se le estigmatiza porque es diferente, se le obliga a estudiar y a evaluarse en una lengua que no es la suya, porque para el Estado la cuestión étnica no es importante.
Incluso, dijo que esta discriminación no sólo proviene de los mestizos, y citó el caso de Hue-huetepec. Mencionó que la lengua me´phaa, tiene siete variantes lingüísticas, siete formas distintas de hablar el tlapaneco, y una de estas variantes se habla en Huehuete-pec, donde sus pobladores se autodenominan Bátháá.
Explicó que ahí se quejaron porque les estaban llegando maestros de Malinaltepec que, cuando hacen ejercicios en la lengua materna, reprueban a los niños y niñas de la comunidad porque no saben escribir el me´phaa como ellos, es decir, “los reprueban porque hablan una variante dialectal diferente a la de Malinaltepec”.
En este sentido cuestionó, “imaginen la aplicación de la prueba Enlace estandarizada, en Sonora, Chilpancingo, Acapulco y en Huehuetepec, donde los mismos niños y niñas, ni siquiera han tenido un entendimiento en su misma lengua con sus maestros”.
Aseguró que mientras no se considere a Guerrero como un estado pluricultural, plurilingüistico, “vamos a cometer muchas barbaridades al interior del aula y en las escuelas”.
Además, dijo que si los normalistas en su formación, no están viendo la realidad de las comunidades rurales y campesinas donde van a trabajar, sino se vinculan con los problemas sociales, “van a ser insensibles, por más que tengan una visión critica de la realidad”.
Advirtió que sino se cambia el rumbo del normalismo rural, “se seguirán formando burócratas de la educación, como la burocracia política que tanto daño hacen al país”.
Durante su exposición presentó la realidad documentada por Tlachinollan de los niños y niñas de la montaña de Guerrero, los municipios donde se registra la más alta marginación del estado, pero “no es por destino que seamos los más ignorantes y torpes, sino porque existe una política deliberada en todos los sentidos, económica, social y educativa, de tratar de pordioseros a los pueblos indígenas”.
Señaló que cientos de niños y niñas de La Montaña salen con sus familias a trabajar a los campos de Sinaloa, y sólo acuden cinco meses a clases; viven en condiciones miserables y de ahí van a las aulas, muchas veces sin alimentarse.
Asimismo, dijo que los infantes viven en territorios militarizados, soldados que llegaron desde los años sesenta para combatir a la contrainsurgencia en Guerrero, y paradójicamente, ahora estas  re-giones son las de mayor producción de estupefacientes.
Luego cuestionó, ¿qué está pasando?, se está narcotizando nuestra sociedad, ¿qué caso tiene militarización, si donde ha estado el Ejército ahí está la droga?
Por otro lado, las comunidades carecen de los servicios básicos, salud, educación, obra pública, que a pesar de la gestión de los pueblos, las autoridades se les niega porque sus condiciones de vida no se ajustan a las normas mexicanas que regulan a las instituciones, pasando por alto los derechos fundamentales plasmados en la Constitución.
“Todo el entramado jurídico está hecho para que el estado no cumpla con sus responsabilidades, y el maestro ajeno a la lucha social”.
Barrera Hernández insistió en que los maestros no pueden ignorar estos problemas, que violenta de forma  flagrante los derechos humanos, y que sumada a la guerra de baja intensidad (antes contra guerrilla y ahora contra el narcotráfico), sólo consiguió desviar la organización de los pueblos y diezmar sus fuerzas.
“Lo que sí llega a allá y a los demás pueblos es la Coca-cola, los cigarros, la cerveza, pero no los maestros, las clínicas, ni las medicinas, de esta forma, no hay manera de que los pueblos se incorporen al proceso de desarrollo”.

Maestros, factor de avasallamiento cultural, dice

En este escenario, insistió en que el modelo de maestro es avasallador en la cultura y de la sabiduría milenaria, “lamentablemente co-mo futuros maestros desconocemos estas situaciones por otros factores que tienen que ver con políticas de privatización de la educación”.
Insistió que enseñar a los niños indígenas de la forma tradicional, con materiales completamente ajenos, descontextualiza su realidad, “nosotros somos agentes de ese tipo de enseñanza ahistoricas, irrelevantes, que lleva al analfabetismo funcional, porque, aunque asisten a clases, no saben entender, ni analizar los contenidos”.
“El maestro en las zonas rurales, primero discrimina, luego enseña para que el niño sea como el maestro, y ese es un estigma muy fuerte que sólo enmarca la desigualdad y las formas de discriminación”, agregó.
Concluyó, que sobre todos los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, “no pueden mantenerse en condiciones indignas, sino luchar por una educación que realmente dignifique a estos niños”.

468 ad