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Conmueve en Cannes el director argentino Benjamín Ávila con cinta sobre la dictadura

María Luz Climent Mascarell / DPA

 

Cannes

 

Una platea emocionada refrendó con una cerrada ovación Infancia clandestina, la primera película del argentino Benjamín Ávila, que se estrenó ayer en la Quincena de los Realizadores en el Festival de Cannes.

Natalia Oreiro y Ernesto Alterio, dos de sus protagonistas, acompañaban al director, quien explicó que esta película nació de una necesidad personal, la de volcar en historia sus vivencias personales, aunque insistió en entrevista con DPA en que no quiso hacer una película autobiográfica.

Infancia clandestina narra la historia de un muchacho de 12 años que regresa a Argentina con sus padres Montoneros (guerrilleros que luchaban contra la dictadura militar) y vive bajo una nueva identidad.

El director del documental Nietos, centrado en los hijos de los desaparecidos, muestra además una generación que ha perdido a sus padres debido a unos ideales. A Ávila precisamente le atrae ese “creer genuinamente en algo”.

“Creo que lo que más perdimos en los 80, 90 y principios de este siglo es la capacidad de creer en algo de forma genuina. Me hipnotizan las personas que creen mucho, porque yo no soy así, tiendo a sospechar más de las cosas”, señaló el realizador, en quien también es visible la emoción de poder estar en Cannes estrenando esta película tan personal y, sobre todo, porque acaba de superar sin secuelas la operación de un tumor cerebral, que le descubrieron apenas hace un par de meses.

Durante el rodaje, la historia personal del director creó una emocionalidad en el ambiente que “nos hacía tener un mayor compromiso”, apuntó en la entrevista la coprotoganista, Natalia Oreiro. “Yo nací en el año 77 y creo que todos los que de alguna u otra forma hemos atravesado la dictadura militar en Latinoamérica estamos comprometidos con esos ideales”, añadió la también cantante.

“Si bien esta película no es una biografía, inevitablemente tiene tintes de cosas que a él le han tocado muy de cerca y que obviamente lo vulneraban muchísimo”, explicó Oreiro, que da vida a una guerrillera montonera, que bien podría ser la madre del director.

Y aunque el guión le atrapó desde el primer momento, Oreiro sintió una mayor responsabilidad con la cinta por el tema que trata, aunque nunca temió meterse en la piel de su personaje. “Creo que el ser humano nace con el miedo y te acompaña toda tu vida hasta que morís. Yo soy actriz para despojarme de los miedos y asumir riesgos. Es la primera vez que hago un personaje que tiene cierta similitud con una persona que existió y además, aunque él (Ávila) todo el tiempo trata de separar que no hice de su madre, para mí su espíritu estaba siempre presente”.

Para su debut en la ficción, Ávila, que opta a la Carroza de Oro como realizador novel, contó con el apoyo en la producción de Luis Puenzo, el autor de La historia oficial, otra de las grandes películas sobre la dictadura argentina (1976-1983).

“Trabajar con personas como Luis, que son de algún modo historias vivientes, es un privilegio. Son esos momentos que yo creo que cuando tenga 60 podré decir: yo aprendí de Luis Puenzo”, señaló el director, quien lamenta que esa colaboración intergeneracional se haya interrumpido en su país.

“Me parece que el cine en Argentina sufrió un grave problema: se perdió un traspaso generacional que creo que ahora se está recuperando. Gente que hizo mucho cine en los 60, 70, 80 no llegó a nosotros. Nuestra generación también negó esa generación. El traspaso generacional hace que de última haya un traspaso de cosas y una evolución. Para mí trabajar con Luis fue como retomar eso”, explicó el realizador, quien reconoce que tiene una relación muy fuerte con Puenzo. “Nos peleamos como si fuéramos padre e hijo, agregó.

Infancia clandestina se iba a estrenar en Argentina coincidiendo con Cannes, pero debido a los problemas de salud del director, el estreno se aplazó hasta septiembre, según dijo a DPA Puenzo, coincidiendo con el Festival de San Sebastián, donde inaugurará la sección de Horizontes Latinos. A España llegará a las salas probablemente entre septiembre y octubre.

 

Benjamín Ávila abre una nueva página, en el tratamiento de la dictadura: Luis Puenzo

 

El director argentino Luis Puenzo asegura que no es productor, que sólo lo ha hecho con sus hijos, pero hizo una excepción con Bejamín Ávila, quien ayer estrenó en el Festival de Cannes Infancia clandestina.

“Me sorprendió del guión la mirada de Benja, muy particular porque estaba allí”, dijo el realizador sobre esta película que trata la lucha de los Monoteneros (guerrilleros que combatieron la última dictadura argentina) desde la mirada de un niño de 12 años, una historia surgida de la biografía del propio Ávila.

“Es un tema muy controvertido en Argentina lo que los extranjeros han llamado little dirty war (pequeña guerra sucia)”, dijo en entrevista con DPA Puenzo, quien conoció a Ávila hace tres años a través de su hija Lucía, la autora de XXY y El niño pez.

“Argentina es el país que más ha juzgado a los criminales. No tenemos el monopolio, hay criminales en todo el mundo, pero en Argentina están presos en la cárcel”, añadió el realizador de una de las películas más destacables sobre este periodo, La historia oficial.

“Hay una larguísima elaboración de todo el tema (de la lucha insurgente contra la dictadura) en Argentina y Benajamín viene con un punto de vista muy particular, porque lo que sostenemos y sostienen los organismos de derechos humanos es que esto fue una lucha contra el terrorismo de Estado, pero esto encierra una cantidad de sutilezas de tipo legal que la película pone en cuestión de nuevo”, explicó Puenzo, que acompaña en Cannes al director, autor del documental Nietos.

“El punto de vista de Bejamín abre una nueva página en esta larguísima elaboración del tema”, dijo el realizador, quien opina que, de alguna manera, la película crea un arco con La historia oficial y La peste, otra película suya que también aborda el tema de la dictadura.

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