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Jesús Mendoza Zaragoza

La Parota, alto riesgo social

El desarrollo del conflicto por el proyecto de construcción de la presa de La Parota está perfilándose hacia terrenos de alto riesgo para los campesinos. Era lo que faltaba: que enfrentara a los propios comuneros, dueños de esas tierras que pretenden expropiarse.

La situación actual del conflicto nos da cuentas preocupantes y se va manifestando la vulnerabilidad de los campesinos en esta contienda entre la Comisión Federal de Electricidad y los diversos grupos opositores al proyecto de La Parota. La pobreza acumulada en tantos años los hace tremendamente débiles en esta confrontación de intereses, que no parecen muy claros. ¿Por qué tienen que terminar divididos y enfrentados por un proyecto que supuestamente será de gran beneficio social? ¿No podía haber sido de otra manera?

Quienes tuvieron a su cargo el desarrollo del proyecto ¿acaso no previeron que los dueños de la tierra tenían que haber sido tomados en cuenta desde hace mucho tiempo, por un elemental sentido de respeto a la gente que sería afectada directamente? ¿Por qué no lo hicieron? ¿Por incompetentes o por mala fe? Es sabido que en los grandes proyectos de desarrollo económico se acostumbra arrodillar a quienes se oponen de la manera más sencilla: dividiéndolos. Y es tan fácil dividir a los campesinos que viven en la extrema pobreza. Ofreciéndoles algunas migajas se logra neutralizar cualquier lucha por más legítima que sea.

Como el caso de La Parota se ha politizado tanto, no es tan fácil saber lo que está pasando y quiénes son los reales contendientes, y sus intereses y proyectos. Con un clima de conflicto empantanado, no es fácil darse cuenta de lo que se está manejando en el fondo. A las comunidades campesinas se les arroja una serie de rumores y de conjeturas: “que se va a secar el río”, “que la energía eléctrica que se produzca se la van a llevar para Estados Unidos”, “que no les van a cumplir con las indemnizaciones”, y otras cosas por el estilo.

¿Por qué la CFE no ha sido capaz de manejar de manera oportuna y transparente la información sobre el proyecto en su relación con los campesinos? ¿No son importantes, de manera que haya que integrarlos en la búsqueda de soluciones al ser afectados por el proyecto? ¿Cómo pueden garantizar que no van a dejar “en la calle” a los campesinos cuando hay antecedentes de que en la construcción de otras presas no han cumplido?

Y por el lado de los opositores a la construcción de la Presa, no todo parece claro. Los términos que manejan en el conflicto resultan muy sospechosos. Pareciera que algunos de ellos apuestan por la intransigencia como método para acumular capacidad de negociación. Es muy conocido el método de oponerse para sacar ganancias. ¿Cuáles son los intereses de los opositores, y quiénes pueden estar detrás de ellos, que no descartan la posibilidad del enfrentamiento entre campesinos. Si los opositores se interesaran en el bien de los campesinos, no se comportarían de modo tan intransigentes hacia ellos mismos.

En fin, lo doloroso del caso es que las comunidades campesinas, tan golpeadas por la pobreza y por injusticias ancestrales, queden marcadas por las heridas de la división, la que sería un factor más de atraso y de marginación. Es necesario considerar que el desarrollo económico no tiene por qué conseguirse con el precio de más sufrimiento para los campesinos. Ellos debieran ser los más beneficiados de cualquier proyecto de esta clase.

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