Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
*Zeferino: la psicología de un criminal
Él no mandó a matar a Armando Chavarría, “fueron grupos que no estaban de acuerdo con él y que tienen que ver con la subversión”, dijo el ex gobernador Zeferino Torreblanca Galindo en una entrevista realizada en abril pasado, pero hecha pública por disposición suya en un programa de radio de Chilpancingo hace apenas quince días (ABC Noticias, 9 de septiembre de 2014). El ex gobernador respondió así a la información publicada en este diario el 18 de agosto, en la que se reveló que un comandante de la Policía Ministerial, Trinidad Zamora Rojo, señaló en 2011 a Zeferino Torreblanca como responsable de ordenar la ejecución del entonces presidente de la Comisión de Gobierno del Congreso del estado.
Pero si creyó que difundir una vez más su versión bastaría para disipar la grave acusación que pesa sobre él como autor intelectual del homicidio, el efecto es el contrario, pues a lo largo de la entrevista Zeferino Torreblanca utiliza los mismos recursos chapuceros y exhibe la misma pérdida de memoria que ha empleado durante estos cinco años para tratar de evadir los señalamientos en su contra, y que en suma confirman las sospechas que arrastra desde el momento del crimen, como se puede ver a continuación.
Para el ex gobernador es una “novela” la acusación en su contra, y uno de los argumentos que expone en su defensa es que no tenía motivo para disponer la muerte de Chavarría. Así lo expresó en esta entrevista: “De hacer novelas, se pueden hacer muchas novelas. ¿Cuál sería el fundamento? Quitar a Armando Chavarría, ¿para que llegara quién? Para que llegara Ángel Aguirre. Solamente que fuera yo un loco”.
Pretende con ello desaparecer de un plumazo el contexto político que rodeó el homicidio de Chavarría, quien era el aspirante más fuerte y considerado en aquellas fechas como virtual candidato del PRD a la gubernatura, y supone que se dirige a una sociedad de idiotas y olvidadizos cuando pregunta “¿para que llegara quién?”. La respuesta a su pregunta, que con una complacencia sorprendente su entrevistador pasó totalmente por alto, es esta: para poner a Armando Ríos Piter como candidato, como intentó hacerlo con maniobras que puso en marcha quince días después del crimen y se prolongaron en 2010. Ángel Aguirre estaba por esas fechas en el PRI y no llegaría al escenario de la sucesión en el PRD sino un año después, precisamente como reacción al conflicto que provocó la imposición en la que Torreblanca estaba empeñado con Ríos Piter. Todo lo anterior está registrado en la memoria pública y encaja con el testimonio que implica a Zeferino en el asesinato, cuyo móvil sin duda fue sacar a Chavarría de la sucesión que el ex gobernador pretendía controlar en pos de sus intereses.
Con el mismo propósito elude Zeferino también la confrontación pública que sostuvo con Chavarría en el primer semestre de 2009, y busca otra vez sembrar la impresión de que no había ningún pleito entre ellos. Pero igual que en el pasado, no consigue cambiar los hechos. Y más aún, muestra su conciencia culpable e incluso aporta involuntariamente datos que la Procuraduría de Justicia debería investigar. Por ejemplo, dice que “seguramente alguien le dijo que era peleando con Zeferino como lo iba a lograr” (la candidatura), y que “yo lo único que le dije, en alguna ocasión, nadie en sus cinco sentidos entrega la gubernatura a los tres años”. ¿Chavarría pretendía quitarle la gubernatura? Se traiciona Zeferino con esta acusación de enorme importancia para comprender lo sucedido en los meses previos a la muerte de Chavarría. Confirma que la actividad política del diputado era considerada en el Palacio de Gobierno como un acto de rebeldía y traición, como un desafío personal al gobernador. ¿No configura este cuadro un móvil para eliminar al enemigo político? Las ásperas palabras de Zeferino sugieren que él así lo consideraba y son pistas concretas para quien las quiera ver.
Y hay más, pues el ex gobernador recordó que “yo le dije, en esta oficina, que le sugería que mejor fuera diputado federal, para que se moviera en el estado y así no tuviéramos de alguna manera confrontación para su futuro”. Como se sabe, Chavarría no le hizo caso. ¿La decisión del diputado de optar por el Congreso del estado como su plataforma política detonó la furia del entonces gobernador? Los constantes “le dije” que aparecen en el lenguaje del ex gobernador suenan como a “le advertí” claramente amenazantes.
Y con otra expresión busca sugerir que en algún momento hubo un acuerdo entre ambos, quizás días antes del asesinato, cuando Zeferino fingió un acercamiento con Chavarría que parece haber sido una acción deliberada previa a la consumación del crimen el 20 de agosto. Dice que Armando le dijo: “Si usted no quiere que yo sea gobernador, yo no voy a ser gobernador. Quiero pedirle que me ayude. Écheme la mano”. No dice si le echó la mano, pero le regocija que Chavarría supuestamente lo reconociera como fiel de la balanza. Los hechos cuentan una historia distinta, muy alejada de la cordialidad que intenta proyectar el ex gobernador, pues sólo unos días más tarde se produjo el crimen y, eliminado el principal obstáculo, por fin pudo Torreblanca llevar de la mano a Ríos Piter hacia la que creía una candidatura segura por el PRD.
Es de suponer que la versión que dio en la entrevista es la misma que Zeferino Torreblanca manifestó en su declaración ministerial el 2 de septiembre, cuando permaneció diez horas en la Procuraduría. Pero la versión de que el homicidio fue obra de la “subversión” no pudo ser acreditada ni siquiera cuando la investigación estaba en manos de la Procuraduría zeferinista y los procuradores hacían y deshacían según las órdenes que recibían. Recuérdese que días antes de entregar el gobierno, en marzo de 2011, Torreblanca Galindo dio a conocer que a Chavarría lo mataron guerrilleros. Sin embargo, el juez al cual fue consignado el expediente para solicitar las órdenes de aprehensión se negó a concederlas, y la única razón de ello es que era una maniobra burda para atribuir el homicidio a chivos expiatorios y cerrar el caso.
Aparte del señalamiento del comandante, hay bastantes datos más que incriminan a Zeferino Torreblanca como autor intelectual del asesinato de Chavarría. Todo lo que dijo en esta entrevista es mentira y tiene el objetivo de tender una cortina de humo sobre su responsabilidad. Porque si no fue él, como sugieren y demuestran las pruebas, entonces ¿por qué no investigó de verdad y encerró en prisión a los asesinos durante los dos años en que dirigió personalmente el caso? ¿Por qué?
Chivos expiatorios, no
Al final de su comparecencia del pasado 17 de septiembre, el ex procurador Alberto López Rosas dijo que no quiere que “haya impunidad y chivos expiatorios” en el caso del asesinato de Armando Chavarría. López Rosas fue quien como procurador obtuvo el testimonio que incrimina directamente a Zeferino Torreblanca, y sabe de lo que habla. En efecto, se cierne sobre el caso la posibilidad de que las autoridades busquen falsos culpables para encubrir a Zeferino Torreblanca, a quien le dan trato de testigo y no de indiciado, como legalmente correspondería. Lo único que le queda al procurador Iñaky Blanco para intentar salvar a Zeferino de la prisión es desaparecer la versión de Zamora Rojo y salir a anunciar que ese testimonio no está en el expediente, que nunca existió… ¿Llegará a ese extremo?




