Héctor Manuel Popoca Boone
Presupuesto insuficiente para el campo mexicano
A todas luces la propuesta de presupuesto federal 2005 para el campo mexicano y al sector pesquero, enviada por el poder ejecutivo federal al Congreso de la Unión, es insuficiente y sensiblemente menor al año pasado en 5 mil 99.8 millones de pesos. Esa es la respuesta concreta que le merece al gobierno federal acatar el Acuerdo Nacional para el Campo.
En contraposición, las circunstancias por las que atraviesa el agro nacional no son halagadoras, todo lo contrario. A partir de las estadísticas recopiladas por la Asociación Mexicana de Secretarios Agropecuarios de los gobiernos estatales, destaco los siguientes resultados:
En lo que va de la presente administración federal, la producción nacional de nuestro principal cultivo, el maíz grano, disminuyó en 29 por ciento. Las frutas en general, 34 por ciento y las hortalizas se mantuvieron estables. La producción agropecuaria como componente de la producción nacional se mantuvo en cuatro por ciento.
El gasto del sector público en el desarrollo agropecuario y pesquero aumentó en 15.4 por ciento, pero el crédito agropecuario disminuyó, significativamente, en 41 por ciento. El producto por persona ocupada fue de 13 700.00 pesos anuales, en comparación al personal ocupado en la agroindustria e industria que fue de alrededor de 110 700.00 pesos al año.
Nuestra balanza comercial agropecuaria sigue siendo deficitaria; es decir, importamos más agro-alimentos de los que exportamos. De maíz grano, importamos 6 de los 24 millones de toneladas que cada año necesitamos. También el 95 por ciento de la soya, el 58 por ciento del arroz, el 49 por ciento del trigo, de acuerdo al estudio de Catherine Marielle.
Persiste una marcada pérdida de rentabilidad en los negocios del sector: los precios relativos pagados al productor fueron mucho menores en la ganadería (20 por ciento) y en la agricultura (12 por ciento) que los precios pagados en la economía en general. A su vez, los precios pagados por los insumos, fueron más caros en la ganadería (25 por ciento) y en la agricultura (13.2 por ciento) que los prevalecientes en la economía en general. He aquí un círculo económico perverso.
Nuestras condiciones nacionales de minifundio (60 por ciento de las unidades de producción agropecuarias son menores de 5 hectáreas) requieren perentoriamente mayor inversión y capitalización por hectárea. La posible concentración de tierras, al abrir su adquisición al libre mercado, como propósito de la política neoliberal, no prosperó por la baja rentabilidad económica del sector, a excepción de las tierras con vocación turística. Por otra parte, solamente el 50 por ciento del total del área nacional agrícola cultivada tiene realmente esa vocación. La deforestación inmisericorde continua.
Del 25.5 por ciento que representa la población que vive en el medio rural en nuestro país, el 79 por ciento todavía se sostiene de la actividad agropecuaria. En México se subsidia en promedio a cada productor rural al año con 3 mil pesos. En Estados Unidos de Norteamérica (EUA) el gobierno federal subsidia en promedio a cada granjero o ranchero con 100 mil pesos anuales. En Europa lo hacen con el doble de lo otorgado en EUA y Japón con el triple. La inequidad es palpable.
A lo antecedente, le debemos agregar que todavía tenemos fuertes asimetrías en los costos de insumos agropecuarios, con relación a nuestro principal socio comercial, EUA, que compite fuertemente con sus productos en nuestros mercados locales: el diesel en México es 69 por ciento más caro; la gasolina, 64%; el gas, 107.5%; electricidad 30% y el costo financiero de créditos bancarios, 250%.
Por último, México crece en su dependencia alimentaria respecto a otros países. Cada vez más requerimos de mayores abastos de granos, cárnicos y tubérculos. La población crece más que proporcionalmente con relación a nuestra producción de alimentos. En el año 2002, nuestro índice de autosuficiencia alimentaria fue de 65 por ciento. En otras palabras, dependemos los mexicanos para alimentarnos de otros países en un 35 por ciento.
El depender del estómago respecto de terceros, es depender en todo. No hay peor subordinación que la derivada del hambre.
PD1. ¿Cuánta pobreza puede aguantar una democracia?
PD2. Lo que ahora presenciamos como degradación, confrontación y parálisis política nos quieren convencer que es expresión y resultado natural del pluralismo político. ¡Pamplinas!
PD3. El vacío que le hacemos, en automático, a las propuestas de los otros, resulta ser traba infranqueable para el avance de todos. Seguimos nadando en la nada.
PD4. Por salud política nacional, a los fuertes precandidatos presidenciables se les debe derrotar en las urnas y no excluirlos con antelación con minucias legales.




