Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

La Casa de las Mamitas

 

Hospedería que sobrevivió a temblores, ciclones, bomardeos e incendios

 Segunda y última parte

La actual estructura de la casa de la plazoleta del Rincón Sor Juana, si acaso la más antigua en pie de la ciudad, data de alrededor de 1821, según cuenta Alfredo Hernández, un estudioso de la historia de Acapulco. Antes de ello, la casa había sucumbido como las demás a temblores, huracanes, bombardeo, incendios y hasta un evento como el sucedido en 1787, cuando la marea subió hasta seis metros provocando pérdidas de mercancías y ganado.

Se cuenta que sobre ese espacio hubo una primera casa, levantada por Gil González en 1536.

“Desde (mil) 700 a 800 ha padecido esta población diez ruinas, tres de ellas por terremotos, otras tres por huracanes y el resto por crecientes del mar. De 800 a 842 hubo otras tres ruinas como las anteriores, y una última causada por un temporal en 1842, debiendo agregarse que el 4 de mayo de 820 hubo terremotos tan continuados por seis u ocho días, que se sentían diez y quince veces en el día”, cita Vito Alessio (Acapulco, en la historia y en la leyenda) al historiador Manuel Orozco y Berra (Diccionario Universal de Historia y de Geografía-1854-1856).

Alfredo Fuentes es actualmente uno de los acapulqueños que integra un frente por la defensa del panteón de San Francisco, el más antiguo de la ciudad y que se mantiene como uno de los proyectos de expropiación por parte del actual Ayuntamiento.

Como otros porteños corrige al gobierno municipal de Alberto López Rosas, el cual presentó este año como uno de sus proyecto histórico-culturales la recuperación de la casona Juárez –que era propiedad de la rica familia Stephens, en la calle Benito Juárez– y en la cual se sostiene que se hospedó el ex presidente de México Benito Juárez. En realidad, se aclara, la casa como tal no existía en 1850, pues esa era una zona de bodegas, y el promulgador de las Leyes de Reforma se habría hospedado en La Casa de Las Mamitas –una de las tres hospederías de la ciudad– que además tenía vista a la presidencia municipal.

 *

 “Esa casa que cubría media cuadra fue propiedad del doctor Roberto Posada y de su esposa Josefita González (una de Las Mamitas), la casa más grande de Acapulco a finales del siglo pasado y principios de este fue heredada a Luis González Vélez y Guadalupe Adame de González y de ahí pasó a los hijos de esta distinguida pareja, quedando una parte, precisamente, a la posada histórica donde llegaron los grandes personajes. Luis González Adame, Guicho, quien nos recuerda que como homenaje al doctor Roberto Posada fue bautizado el nombre de esa calle que ahora hace esquina con la calle La Quebrada. Por ahí pasaba a diario cuando era alcalde Juan R. Escudero, para despachar, siendo en esos años 20 cuando desde el barco Progreso se le bombardeó pero las baterías fueron a pegar al cerro de La Mira, retirándose el atacante cuando tuvo la respuesta desde los cañones del Fuerte de San Diego. Y por ahí pasaron las tropas a tomar el palacio municipal, resultando herido y quedando paralítico el mártir obrerista”, recuerda Enrique Díaz Clavel en Protagonistas de Acapulco.

 *

Por su cercanía con el ayuntamiento, la casona de Roberto Posada fue durante el siglo 18 uno de los lugares en donde se albergaban jueces, comerciantes, aduaneros, militares, capitanes de barco. En sus patios, se desarrollaba parte de la vida política y comercial de la ciudad. Parte de la casa era el dispensario del doctor Roberto Posada. De sus balcones, de hierro forjado veneciano con la figura de la Flor de Liz, se observaban los carnavales y coronaciones de la reina, que anualmente se realizaban en el Zócalo por la Cuaresma (antes que existiera la Casa Pintos, que luego ocupó la parte vecina a la calle Carranza).

La casona, ubicada sobre el Cerrito del Vigilante, era vecina además del atrio de la iglesia, y doña Guadalupe Salazar Adame la depositaria de parte de las limosnas –que luego se distribuían en actos de beneficencia– al aportar a la iglesia tres imágenes religiosas: San Antonio de Jesús, el Sagrado Corazón y la Virgen del Sagrado Corazón. En alguna desavenencia, las imágenes fueron retiradas y posteriormente fueron donadas para el museo del Fuerte de San Diego.

Al Fuerte igual han ido a parar cartas náuticas, astrolabios, balas de cañón, ánforas de cerámica china, libros de biología y botánica y misales, heredados por sus propietarias u olvidados por algún viajero o funcionario.

La casa-hotel fue reconstruida en 1955 con maderas de un bergantín desmontado en el astillero, luego de que en 1945 obtuviera un permiso para funcionar como hotel Alta Vista. En su nueva estructura tenía algo de interiores de barco, entre ellos la escalinata. Entre sus nuevos inquilinos, la joven acriz puertorriqueña Kitty de Hoyos, quien vivió unos años en el puerto con su padre, de profesión médico, originarios de Puerto Rico. Trabajó un tiempo en la estación de radio XEKJ, aledaña al ayuntamiento.

 *

 Entre tantos muebles viejos, encimados, con polvo, Charly no acierta a ubicar la silla de Juárez. “Esa era”, dice, dudando, señalando una amplia de madera, pelona y sin fondo, ubicada en la parte alta de la casa. Inevitable es el ropero, de dos metros de alto y uno y medio de ancho. “Ése es el ropero que usaba Juárez, y aquí se sentaba, mirando hacia el ayuntamiento”.

Se camina entre cajas, esqueletos de muebles, objetos domésticos ya sin utilidad y materiales para remodelar el espacio, que algunas llegó a tener una veintena de cuartos en renta. El techo está reforzado por vigas de acero, y entre ellos se entrecruzan maderas ya roídas. Actualmente la familia renta la parte del frente de la casona –que desde hace una veintena de años dejó de ser hotel– y se adaptan otros cuartos para oficinas.

 *

El año pasado murió don Guicho González, a la edad de 95 años. Heredero de la posada, en forma directa de sus padres, luego de que estos la recibieron del doctor Roberto Posada y Josefita González, una de las primera musas de Acapulco, Don Guicho fue uno de los primeros trabajadores de los cines en Acapulco, desde la época de las películas mudas en el cine Salón Rojo.

Tuvo cinco hijos de los cuales, Carlos, el mayor, y Marco Antonio, El Maco, quien fue novillero, viven en la casa del Rincón Sor Juana, que originalmente debía llamarse plazoleta San Antonio de Jesús.

Don Guicho fue un personaje dentro de la vida acapulqueña del siglo pasado. Fuerte, de tipo español, era conocido como “el Erroly Flyn Acapulqueño”, recuerda Carlos. Compartía el trabajo de la posada con su función como inspector en los cines. Varias generaciones de jóvenes padecieron su rigurosidad con respecto a las clasificaciones de películas. Sobre todo para las “b”, donde no dejaba entrar a los niños, ni las “c”, a la que no pasaban los menores de 18 años, o que lo parecieran.

En la entrada, desde lejos, con el dedo índice advertía con un no, sin despegar los labios, no importando si el chavo llevara la camisa de su papá o se pintara los bigotes.

En el cine Variedades, poco antes de jubilarse, la Compañía Operadora de Teatros le rindió un homenaje por sus 42 años de servicio a la empresa.

 *

 En la casa de Don Guicho llegaron a contarse hasta 40 sellos, más o menos del siglo 17. Algunos se donaron, otros se perdieron. Ahora Carlos guarda unos ocho. Fueron instrumentos de metal que alguna vez identificaron la salida de plata, oro, cacao, hacia las filipinas o el Japón, y que igual recibieron sedas, vajillas, especias, del oriente. Cuando esas marcas de fábrica se hicieron inútiles –el comercio con el oriente se suspendió luego de la guerra de independencia, en 1810– algunos de estos sellos se utilizaron para clavar puertas.

 *

Antes de 1950, cuando filmó en el puerto Simbad El Mareado, el hotel tuvo entre sus clientes a Tin Tan y el enano Tun Tun, afirma Carlos González, uno de los herederos de la casa.

En el inter del tiempo, otros viajeros célebres habrían pasado por las hospederías de la ciudad: San Felipe de Jesús, el primer santo mexicano, en 1591, en espera de aquella misión religiosa por el Japón que le provocaría ser asesinado en 1597, y luego canonizado; La China Poblana, quien llegó como esclava en la Nao de Manila, y fue comprada por el empresario Miguel Sosa, quien la llevó a Puebla, en donde ésta se convirtió al cristianismo y por su belleza, formas de vestir y caridad, se convirtió en la referencia de la mujer poblana; Alexander Von Humboldt, quien en 1803 estuvo en la ciudad, como parte de su largo viaje por América, en donde levantó cartas geográficas y estudios botánicos.

Después de 1950 se instalan los grandes hoteles, se crea la avenica Costera, llega Hollywood, la televisión, los nuevos ricos, una nueva ciudad, una nueva historia.

468 ad