Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Rubén Padilla Fierro

 La guerra fría tras bambalinas

En la búsqueda del poder, las oposiciones en nuestro estado se han unido en contra del precandidato mejor posicionado –no sólo por múltiples encuestas, sino en la preferencia de la gente, que lo manifiesta en la calle, en el mercado o en los taxis– dentro y fuera del PRD, prueba de ello son las coincidencias en la estrategia de ataques similares en los medios y fuera de ellos, la insistencia conjunta de ir a urnas, la masiva difusión en medios del altercado radiofónico, que se da en cualquier medio cuando a alguien “le llenan de piedritas el buche”.

Pero eso no es todo; en muchas comunidades, incluidas cabeceras municipales los medios masivos de comunicación no llegan, o cuando logran penetrar han pasado días, semanas o meses y el obscurantismo, el chisme, los rumores son el medio de cultivo que utilizan quienes no se ven favorecidos por la preferencia popular y lo utilizan para desinformar a la población. Es el caso de panfletos que descontextualizan las palabras, las ideas y los principios de Zeferino Torreblanca y aún después de un año y medio de precampaña, existen comunidades que siguen preguntándole porqué quitará el programa del fertilizante, los apoyos a los adultos mayores, impondrá el IVA a alimentos y medicamentos o porqué no se ha afiliado al PRD, etc., etc.

Es tal el miedo de que Z005 llegue a ser primero el candidato y después el gobernador de nuestra entidad federativa, que a solo unos días de la fecha límite para conocer al candidato del PRD, en casi todo el Estado están difundiendo que Zeferino                                           “ya se rajó”, que “ya dobló las manos” y que Chavarría ya es el candidato.

Esto sólo es parte de la desesperación; cuando no lo acusan de intolerante, golpeador, compadre de la siniestra, falto de sensibilidad social, empresario, comunista de derecha, perfumado de izquierda, catrín, hoy lo señalan como incongruente y dejado. Es parte de esta subcultura política carente de principios éticos, de propuesta de gobierno, de sustento político. Todo su bagaje “político” se basa en atacar al mejor, a quien ha demostrado en los hechos cómo se gobierna con el pueblo y se sale de la responsabilidad adquirida con la cara en alto, las manos limpias y con el respeto y respaldo de la gente.

Dentro del PRD, golpeteo constante directo e indirecto en los medios, utilizando verdades a medias o francas mentiras, con voces y textos tergiversados y descontextualizados mostrando en carteles o electrónicos, virtuales respaldos populares donde no existieron reales; viendo la paja en el ojo ajeno sin detenerse para ver la viga propia: “Se lava las manos cuando saluda a los pobres” mientras quien lo dice vota a favor de la ley indígena para seguir manteniéndolos en la marginación; “nació en pañales de seda” y no conoce la pobreza, y quienes lo dicen son aquellos que han utilizado todo medio a su alcance para llenar sus alforjas sin importar la pobreza general. La realidad supera con creces a la imaginación y los ejemplos están vivos, impunes e inmunes: golpean con la izquierda y cobran con la derecha.

Y los del PRI, afilándose las uñas, festinando que en este partido se copien conductas habituales en ellos, aunque el lodo les llegue a la cara, azuzando y apoyando a quien consideran su igual. Mienten y desmienten, dicen no importarles lo que pase al interior del PRD en tanto arman su estrategia en base a lo que ahí sucede; avivan el fuego, opinan, defienden, creen poder inclinar la balanza hacia donde les conviene. Sumando debilidades creen fortalecerse, en tanto su desangelado candidato no logra encontrar la clave que lo coloque en la preferencia popular, no logra descifrar el encanto que el contrincante ejerce en la población; incluso en los de su mismo partido que ya desean el cambio, y lo manifiestan anónimamente o aquellos que consideraban parte de sus “haberes” y lo hacen públicamente.

Los “nuevos” políticos que se siguen exhibiendo a la vieja usanza no logran engañar a la hoy muy despierta ciudadanía que sabe que su voto vale y que acepta las dádivas –migajas de su propio pan– por la ingente necesidad en que la han mantenido por más de 74 años, por la pobreza y marginación de casi un siglo de corrupción, inequidad, ineptitud, impunidad, robo y latrocinio.

Pero no sólo en Acapulco esta población que siempre consideraron como integrada por menores de edad ha demostrado su desconfianza a políticos de esta clase, que han degenerado la política y han hecho de la misma un lodazal, donde privilegian sus intereses personales y de grupo y marginan a la población. También en los 28 municipios donde gobierna el PRD y que representan en su conjunto al 60 por ciento de la población del estado donde se han sacudido el yugo de la ignominia que el PRI había impuesto, municipios cuyo crecimiento ha sido más acelerado a pesar del constante asedio y desatención que el gobierno del estado ha ejercido en los últimos cinco años.

Priístas y cómplices emplean cada aseveración, palabra, frase u oración de Zeferino, la descontextualizan y hacen panfletos, miles de copias las reparten por la noche, en lo obscurito, sin dar la cara, aparecen de la nada y nadie parece ser el responsable, pero la población los tiene bien identificados y no caen en su juego, saben quienes son unos y otros y no logran vencer su deseo de cambio, no logran atraer con sus argucias esa confianza que con las dádivas creen ganada, no logran ni lograrán hacer caer su ánimo, cambiar el sentido de su preferencia y su esperanza de que este Estado salga del atraso secular en el que se le ha mantenido.

El telón del engaño ha caído y el avance que muestran otros municipios y estados ha permeado en la población, sobre todo la información que vecinos, amigos o familiares les han hecho llegar acerca de los cambios que Zeferino logró en sólo tres años de buen gobierno en Acapulco. En todo el estado existe ese deseo, esa esperanza de cambio, de mejoría a través de un gobierno democrático que atienda a la población corresponsablemente.

La mayoría de la población tiene encendida la flama de la esperanza en un gobierno honesto, limpio, transparente, ordenado, con disciplina, que tenga carácter para tomar decisiones y también sensibilidad para encarar y resolver los problemas más sentidos sin engaños y sin dádivas, con una alta dosis de responsabilidad y sentido social que logre enderezar el camino y colocar las bases para un desarrollo sustentable a corto, mediano y largo plazo, esperanza que pronto se hará realidad con Zeferino Torreblanca Galindo.

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