Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Fernando Pineda Ochoa

La partera de la historia

(Séptima y penúltima parte)

VII

Termina la Guerra de Tres Años y llegan los franceses

Terminada la guerra civil también conocida como la Guerra de Tres Años, el gobierno republicano presidido por Benito Juárez estaba en bancarrota; en poco más de una década la confrontación bélica, las revueltas, habían devastado al territorio mexicano, lo que impedía pagar deudas contraídas con Francia, España e Inglaterra, convenidas por gobiernos anteriores al de don Benito Juárez. Las tres potencias europeas atracaron en el puerto de Veracruz con intenciones aviesas de invadir al país si el gobierno juarista no pagaba o no se llegaba a un acuerdo tocante a los adeudos contraídos; la armada española llegó el 15 de diciembre de 1861 con 6 mil soldados y el 19 de enero de 1862 hicieron lo mismo los ingleses con 800 hombres y Francia con 3 mil expedicionarios. Británicos y peninsulares dieron marcha atrás, enterados de que los franceses saboteaban las pláticas para no resolver pacíficamente el pago de la deuda. Napoleón III estaba buscando, secretamente, establecer un Imperio Mexicano designando un príncipe europeo, en contacto con algunas personalidades del partido conservador de la ex colonia española. Por tales motivos sus eventuales aliados desistieron de su intento y resolvieron desintegrar la coalición.
El asalto al puerto veracruzano y la marcha del ejército francés territorio adentro, avanzó sin ningún contratiempo debido a una maniobra del ejército republicano; conocedores del estado deplorable de la armada nacional que de hecho no existía, un intento para detener el desembarco del enemigo en tales condiciones sería mortal. El primer encontronazo de los dos ejércitos tuvo lugar en Puebla el 5 de mayo de 1862. Todos conocemos el desenlace: “Las armas nacionales se han cubierto de gloria”, informaba el general Ignacio Zaragoza a don Benito Juárez. Pero las hostilidades apenas iniciaban.

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A partir de la invasión, Juárez decretó el 25 de enero de 1862, una ley que declaraba traidores a la patria a quienes apoyaran o formaran parte del gobierno usurpador, asimismo, aquellos ciudadanos que se opusieran a las Leyes de Reforma. Más adelante, el Congreso decretó la suspensión de labores y le otorgó poderes ilimitados al legítimo Presidente de México. Ante el inminente acoso militar del enemigo, el gabinete presidencial consideró prudente dejar la capital y partir hacia el norte del país. El 31 de mayo de 1863, miles de compatriotas llegaron al Zócalo capitalino para despedir al presidente Juárez y a sus compañeros de armas e ideales. Desde ese momento el poder republicano se concentró en las diligencias donde iban don Benito y sus más cercanos colaboradores; en las carretas que trasladaban los archivos de la nación y el piquete de soldados bien pertrechados que escoltaban la caravana.
El cabalgar del cortejo por las extensas y agrestes regiones del norte fue una proeza convertida en símbolo. La mayoría del pueblo participó en la lucha por la soberanía y el fervor republicano, al lado del presidente Juárez, del Partido Liberal plagado de intelectuales y un núcleo importante de militares que fortalecieron la resistencia y declararon la guerra a muerte a los invasores y sus aliados, los conservadores mexicanos. Al principio de la refriega intervencionista, las comunidades indias agraviadas por la Ley Lerdo que decomisó sus propiedades comunales, manipulados por el clero unieron fuerzas con el enemigo; poco tiempo después conociendo en los hechos lo que significaba la intromisión extranjera, rectificaron y apuntalaron de manera decisiva a la defensa de México hasta el triunfo republicano. El ejército regular juarista se mantuvo incólume, en gran medida por las valientes acciones de quienes habitaban las ciudades, villas, poblados y rancherías que rechazaban cooperar con víveres para los soldados o abastecimiento para las bestias que montaba la tropa imperial; destruían caminos, molinos, cosechas y prendían fuego a las casas al enterarse de la cercanía del enemigo para no dejar ningún objeto material que pudiera servir a las huestes de Napoleón III y sus partidarios nativos; con la misma decisión formaron destacamentos guerrilleros que hostigaban de manera permanente, sin darle un momento de respiro al soldado francés. Leamos los dos siguientes párrafos:
“Allí donde el invasor había derrotado a todo un ejército surgían centenares de grupos guerrilleros, de los cuales, gracias al apoyo popular, con increíble rapidez renacían nuevos ejércitos”.
“Después de la caída de Puebla, cambió la táctica de los republicanos. Ahora se rehuían las grandes batallas, se evitaba el quedar cercados en las ciudades y, por el contrario, se obligaba al enemigo a extender sus fuerzas para poder caer así sobre pequeñas guarniciones francesas aisladas”60.
Fueron recuperándose paso a paso plazas estratégicas del territorio nacional. Así se llegó hasta el Cerro de las Campanas donde quedaron enterradas las ambiciones imperiales de Luis Napoleón III y los sueños del príncipe Maximiliano de Habsburgo y compañeros de aventura, Miguel Miramón y Nicolás Mejía, representantes del alto clero, de la casta militar, de un proyecto de nación fallido que fue sepultado junto con ellos en Querétaro. Antes del desenlace se dejó venir un torrente de alegatos, protestas, exigencias, peticiones internas y externas clamando o exigiendo perdón para quienes habían pretendido o habían mancillado a la patria. Los mexicanos no se dejaron intimidar. Su presidente estuvo a la altura de la historia. Los tres reos fueron juzgados y condenados a muerte por un Tribunal Especial. La ejecución fue cumplida el 19 de junio de 1867.
Hubiera sido imposible expulsar del territorio nacional al invasor sin la participación incondicional y decidida de las masas populares. Pero asimismo, la firmeza de Benito Juárez fue un factor determinante al negarse de manera firme a abandonar el suelo patrio escabulléndose a Estados Unidos cuando la lucha se creía perdida. Así lo atestiguan narraciones, anécdotas, notas y escritos de Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez El Nigromante, Justo Sierra y muchos otros contemporáneos que escribieron la historia de esa gesta heroica con la pluma en una mano y el fusil en la otra, derrotando a los conquistadores europeos y a los traidores coterráneos. Afirman diversos estudiosos del periodo que ha sido la generación de mexicanos más preclara de la historia nacional.

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Los vecinos estadunidenses estaban inmersos en una guerra civil entre el norte industrial y el sur esclavista, la llamada Guerra de Secesión (1861-1865)61. Los norteños impulsores del desarrollo capitalista y los sureños propietarios de ricas extensiones de tierras explotadas por mano de obra esclava. Abraham Lincoln era el presidente norteamericano y guardó una discreta distancia respecto a lo que sucedía en el territorio nacional, sin dejar de marcar de manera clara el apoyo a sus colindantes del río Bravo. Así lo hizo saber el mandatario estadunidense al embajador juarista Matías Romero. Política que sostuvo Andrew Johnson, sustituto del asesinado Abraham Lincoln el 15 de abril de 1865, en los días posteriores a la victoria de la Unión; el imperio napoleónico por su parte, era en esos momentos el régimen más retardatario de la vieja Europa. En seguida de la derrota militar infringida por el pueblo mexicano empezó el declive imperial de Francia y los prusianos-alemanes lo aniquilaron el 2 de septiembre de 1870 en la batalla de Sedán, en la guerra franco-prusiana apenas iniciada el 19 de julio del año referido. Ya soplaba la ventisca del imperialismo, segunda fase del capitalismo a criterio de Lenin62 y venía la puja entre las grandes potencias por un nuevo reparto del mundo.
Tras el triunfo, los liberales reanudaron la obra para alcanzar el desarrollo capitalista interrumpida por los intervencionistas franceses. Leamos una nota de Carlos Marx:
“… se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada, organizada de la sociedad, para acelerar a pasos agigantados el proceso de transformación del régimen feudal de producción en el régimen capitalista y acortar los intervalos…”63.
El motor fundamental será entonces acelerar la acumulación originaria del capital, liquidando las formas primitivas de producción no precisamente feudales sino pre capitalistas, como era el caso de México o bien sujetarlas a las condiciones que se van conformando y del mismo modo, utilizar al Estado como un instrumento aglutinador y de defensa tanto externa como interna. El intento quedaría en la estructuración de un país dependiente que giraría en la órbita del capitalismo desarrollado, en su versión imperialista. En el proceso ocurrieron las dos asonadas encabezadas por el general Porfirio Díaz.

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Don Benito entró a la ciudad de México el 15 de julio de 1867. En la Plaza de la Constitución ondeó la bandera mexicana, emblema irrefutable del triunfo republicano. Ya establecidos en la capital, los liberales convocaron a elecciones del nuevo representante del Ejecutivo federal. Juárez compitió y salió ganador derrotando a sus contrincantes Sebastián Lerdo de Tejada y al general Díaz. El futuro don Porfirio al verse derrotado enarboló el Plan de la Noria (1871) con la finalidad de apoderarse de la Presidencia. La intentona no levantó lo suficiente y el movimiento armado fue derrotado por el general juarista Sóstenes Rocha. El 18 de julio de 1872 la muerte tocó sigilosa la residencia presidencial ataviada como angina de pecho y le arrancó la vida al presidente y don Sebastián ocupó la silla. Lerdo de Tejada siguió los pasos de su antecesor y optó por reelegirse en el periodo correspondiente.
En ocasiones, a los buscadores de fortuna, a los ambiciosos, la buena ventura no los abandona. El general Díaz volvió a las andadas levantándose nuevamente en armas, ahora contra Lerdo, suscribiendo el Plan de Tuxtepec. Y como dice el refrán quién persevera alcanza. Y como una ironía de la vida el dictador en ciernes en la asonada argumentó como consigna la no reelección.
Así comenzaría la era del porfiriato en la historia de México. Paz, Orden y Progreso el lema, “Mátenlos en caliente”, el edicto. Estos decretos no eran un simple eslogan. Fueron realidad64.
El general Díaz blindó su gobierno conformando un grupo conocido como Los Científicos que intervenían en todos los ámbitos de la vida del país. Esta burbuja de autócratas impulsaron, con la anuencia del autócrata principal don Porfirio una política económica subordinada al capital extranjero, como lo podemos constatar en el texto clásico de José Luis Ceceña titulado México en la órbita imperial; y en lo político la antidemocracia, la creciente desigualdad social y la represión, eran características principales; el poder Legislativo estaba subordinado al poder Ejecutivo y esta situación se extendía en todos los estados de la república donde los gobernadores respectivos eran impuestos por los grandes terratenientes en combinación directa con el dictador. De tal manera que los hacendados, dueños de grandes extensiones de tierras y las compañías extranjeras, eran los amos y señores del territorio nacional, apoyados incondicionalmente por el presidente, el ejército y la iglesia católica, haciendo del reparto agrario el problema primordial en la mayoría de las entidades federativas.

VIII

La hora de la Revolución. El PLM, los Flores Magón y sus camaradas

Un tipo desconocido llegó al cuarto de la vecindad donde vivía doña Margarita Magón, arguyendo que quería entrevistarse con la señora ya que traía una encomienda de don Porfirio. Doña Margarita se encontraba enferma de gravedad …y, una vez frente a ella, dijo:“tengo el honor de hacerle una propuesta de parte del presidente Porfirio Díaz”. ¿De qué se trata? preguntó doña Margarita: “El presidente le promete –dijo el enviado– sobre su palabra de honor, que en menos de media hora sus hijos quedarán en completa libertad’ con la condición de que les pida usted como última voluntad que dejen de atacarle. Aunque consumida por la fiebre la señora Magón respondió con voz tranquila: Diga al presidente Díaz que escojo morir sin ver a mis hijos. Y lo que es más dígale esto: prefiero verlos colgados de un árbol o en garrote a que se arrepientan o retiren nada de lo que han dicho y hecho65.
El Partido Liberal Mexicano (PLM) fue una organización de combate en contra del régimen. Poco tiempo después, Práxedes Guerrero joven anarquista y poeta, ingresó al grupo. Años antes de que se formaran los clubes anti reeleccionistas convocados por Francisco Madero, los integrantes del PLM ya estaban en pie de lucha y pronto pretenderían liberar a México de la explotación capitalista. Camilo Arriaga (1862-1945) sobrino nieto de Ponciano Arriaga, liberal juarista, Ricardo Flores Magón (1874-1922), Antonio Díaz Soto y Gama (1880-1967), Juan Sarabia (1882-1820) y Librado Rivera (1864-1932) principales artífices de la construcción partidaria. Según el investigador James D. Cockcroft66 eran intelectuales de la “clase media y baja de México”.
El PLM no presenta la misma fisonomía ideológica en el curso de su historia. El ingeniero Camilo Arriaga es el iniciador del nuevo liberalismo en el primer año del siglo XX. El 30 de agosto de 1900 aparece un manifiesto firmado por varias personalidades potosinas, invitando a los mexicanos a integrarse en clubes para erigir al partido liberal. La proclama asumía una raigambre profundamente anticlerical señalando al clero y aliados como los principales enemigos de México. En otro paralelo, el periodismo independiente iba convirtiéndose en arma letal en el ámbito de la resistencia y denuncia contra la dictadura. En este contexto, en el mismo mes y año Ricardo y Jesús Flores Magón iniciaban la publicación del periódico Regeneración; “el 31 de diciembre de 1900, al cumplir sus veinte números, Regeneración cambiaba su lema y pasaba a ser Periódico independiente de combate; ya no se ocuparía solo de los problemas relativos a la mala administración de justicia…”67.
Ricardo Flores Magón asistió al primer Congreso liberal, que se llevó a cabo a partir del 5 de febrero de 1901 en la capital potosina, como delegado del periódico Regeneración; 23 días después, el 28 de febrero, el periódico magonista publicaba las resoluciones del Congreso. Desde este momento empezó la persecución en contra de los militantes del organismo político. Radicales y moderados sufrieron los primeros embates del represivo sistema gubernamental porfirista. Acciones violentas, allanamientos, persecuciones, cárcel, exilio, muerte.
Lo que podríamos llamar la primera etapa del PLM, muestra una lucha soterrada por las directrices político-sociales que deberían aplicarse. Llegado el año de 1903 arreciaron las desavenencias internas. Camilo Arriaga se inclinaba por un programa de reformas políticas; Flores Magón refutaba exponiendo que sería incongruente dejar de lado un número indeterminado de propuestas económicas y sociales. El rompimiento definitivo llegaría en 1906.
La penetración de activistas anarquistas y socialistas en varios centros de trabajo fue significativa. Las duras condiciones laborales y discriminatorias prevalecientes favorecían a los promotores del partido liberal que iban ganándose la simpatía de los asalariados. En este arduo trabajo político el periódico Regeneración jugó un rol determinante. Por ejemplo, en la emblemática huelga de Cananea, trabajadores como Esteban Baca Calderón y Manuel M. Diéguez y Francisco M. Ibarra, contratados en la mina, destacaron en la conducción del paro laboral; meses antes del disturbio los mencionados habían formado la Unión Liberal Humanidad de Cananea. El repaso del periódico era obligado; se las arreglaban para organizar lecturas colectivas para informar y formar a los obreros letrados y a los que no sabían leer. La movilización huelguística la sofocaron dos mil federales porfiristas, que dejaron de treinta a cien paristas mexicanos y seis estadunidensess muertos, terminando así con la revuelta obrera en Cananea.
El nuevo Programa del PLM fechado el 1° de julio de 1906, sustentado por su contenido social, por el arraigo popular que transmitía y los acontecimientos de la trasnacional de Sonora, alentó a la lucha a los obreros de la industria fabril; siguiendo este camino, surgió el paro nacional de la producción textil en Orizaba, Puebla, Tlaxcala, 1906-1907 conocida como la huelga de Río Blanco, Veracruz y el movimiento ferrocarrilero en San Luis Potosí, dirigido por la Gran Liga Mexicana de Empleados de Ferrocarril. La acción de los ferroviarios se extendió hacia el norte del país. Las movilizaciones proletarias continuaron hasta 190868.
Pero en otros linderos políticos, los resultados fueron distintos. Las insurrecciones dirigidas por los magonistas no tuvieron éxito. La primera acción armada la planificaron para el 16 de septiembre de 1906, aniversario de la guerra de independencia, que fracasó debido a la detención de varios liberales en Estados Unidos, que serían los encargados del abasto de las armas requeridas; diez días después un grupo más atacó la población de Jiménez, pero la superioridad numérica del ejército federal los obligó a emprender la retirada, escena que se repitió en otros parajes pequeños de Coahuila; lo mismo sucede en algunas zonas de Veracruz; en 1908 siguieron las derrotas. Atacaron Viesca, Las Vacas, ambas localidades pertenecientes al estado de Coahuila y Casas Grandes y Palomas en Chihuahua, tampoco hubo logros. Vino el ventarrón revolucionario maderista que replegó aún más los ideales de los Flores Magón y sus camaradas anarquistas. El 29 de diciembre de 1910 muere en Janos, Chihuahua, Práxedes. G. Guerrero el anarquista del PLM mejor dotado militarmente, cuando con un grupo de correligionarios pretendían tomar por la vía armada diversas poblaciones de ese estado.
Varios apartados del programa del partido liberal fueron retomados por los constitucionalistas y quedaron impresos en la Constitución de 1917.

(Continuará el próximo domingo).

* Investigador de tiempo completo adscrito a la Secretaría General de la UAG

NOTAS

60. A. Belenki, La intervención… P. 113.

61. Los norteños de La Unión salieron vencedores de La Guerra Civil al tomar la capital sureña de Richmond, en abril de 1865, defendida por el general de los ejércitos confederados Robert E. Lee (Alan Brinkley, Historia de Estados Unidos; McGRAW-HILL.

62. Lenin, El Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo (T. III; obras escogidas, Editorial Cartago). Pero el primero que abordó el tema del imperialismo fue Rudolf Hilferding en su libro titulado: El Capital Financiero, editado en los albores del siglo XX.

63. C. Marx, El Capital, T. I, FCE, Pp. 638-639, México, 192.
64. Uno de los antecedentes de violencia más connotados del México independiente, fue la Guerra de Castas en Yucatán (1847) y ya en la época porfirista la denominada Guerra del Yaqui, a fines del siglo XIX.

65. Salvador Hernández Padilla, El Magonismo Historia de una Pasión Libertaria; ERA. P. 17

66. James D. Cockcroft, precursores intelectuales de la revolución Mexicana; siglo XXI, México.
67. Arnaldo Córdova, La Ideología de la Revolución Mexicana (La formación del nuevo régimen); P. 92. Era, 1979, México.
68. James D. Cockcroft (Ibid).

* Ilustraciones: Teta

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