Renato Ravelo Lecuona
Las mujeres perfectas
Película de Frank Oz, recién producida en EU (2004) y titulada en inglés Las esposas de Stepford, con Nicole Kidman como estrella principal.
Se puede decir que es un churro perfecto por sus resultados no por sus intenciones ni su factura, sino por situarse en una difícil línea justamente entre la farsa y la alegoría. No resulta convincente como visión crítica alegórica de la actual cultura estadunidense, pues la robotización de las esposas que se trama en esa comunidad elitista de Stepford, es una imagen muy elemental y obvia que sería pasable como una franca farsa. Y lo que es un planteamiento que cabría como farsa, por ejemplo la analogía de la comunidad robotizada con el sistema político y con las altas empresas de la comunicación y el entretenimiento mencionadas directamente: Disney, Microsoff, las elecciones de senadores, está tratado como alegoría.
El manejo de la imagen es una clave importante por toda su pretensión de confrontar tradición y posmodernidad, confrontación que se realiza únicamente a través de la imagen, que desde luego está espléndidamente servida.
En esto se las gastan los gringos con su riqueza de medios. Las mujeres perfectas resultan ser las esposas que fueron literalmente robotizadas por los hombres para poder manejar, mediante un control electrónico, su conducta mecánica programada bajo el patrón machista que las reducía al rol doméstico de mujer-esposa. Esto se despliega, por consiguiente, en un escenario decorado al gusto convencional de la moda y el estilo arquitectónico de los años cincuentas o sesentas, en el que las mujeres robots, tipo Barbie, con orgullo se dedican al embellecimiento, orden y limpieza de sus residencias. La sexualidad, significativamente, queda subordinada.
La posmodernidad está representada por Nicole Kidman, en una perfecta alegoría al desempeño de una ejecutiva empresarial de gran éxito económico quien en un escenario modernista, montado con luces y efectos como para la cantante “mas grande del mundo”, dicta una conferencia a los empleados de su empresa, que llenan por miles un teatro también grande y fastuoso, para hablar simplemente de sus proyectos empresariales. La actuación de Nicole en este caso, es la de una bella mujer mediática, muy despersonalizada, con capacidad de trasmitir esa cultura empresarial que se desarrolla por ejemplo para las vendedoras de Jafra o Topperwere a quienes saben premiar y les inculcan una mística que eleva las ventas y los rendimientos de las empresas: altos ingresos, premios, reconocimientos y viajes.
La alegoría aquí es perfecta para los fines de la cinta que capta ese mundo virtual del capitalismo global y satiriza la cultura desencializada de la posmodernidad. Si algo ha caracterizado a Nicole en sus actuaciones y los papeles que elige, es la confrontación de su fuerte personalidad ante las determinaciones impersonales de los poderes económicos, políticos y culturales del sistema, de manera que “la desconocemos” y la vemos inserta como una fría pieza en ese sistema, hasta que, por las contradicciones del propio sistema, algún error de ella que supone una pérdida económica para sus empleadores anónimos, fríamente la despiden, la bajan del estrellato y queda, con su marido e hijos, simplemente en la calle. La crisis existencial del personaje nos llevaría aquí al despliegue en una tónica “realista” de la personalidad humana confrontada con la dominación mediática, pero no sigue esta opción, sino se mantiene en esa difícil línea fronteriza entre farsa y alegoría, de manera que el personaje busca una comunidad apartada del mundanal ruido y arrastra a la familia, para intentar reconstruir su vida empresarial movida desde sus cimientos. Esta crisis está muy bien trabajada como conflicto y contradicción de su propia imagen, por la actuación de Nicole.
La comunidad donde encuentran refugio está en Connecticcut –que debe tener alguna referencia histórica y cultural que desconozco pero se insinúa– es en efecto un lugar que rinde culto a la tradición en el estilo y las costumbres de sus habitantes, supongo de la burguesía baja o media, pero en cuyo seno, estas tradiciones o su imagen resultan también manipuladas por un poderoso influyente, que al final resulta otro robot que a su vez había sido creado por su esposa y las cosas quedan planteadas en términos de una supuestamente divertida comedia melodramática de la lucha de sexos en la que se invierten los papeles. Quienes quieran ver críticamente esta puesta en escena, se llevarán una sensación vaga de que el sistema “postindustrial” robotiza y subsume la vida cotidiana, la política y hasta la tradición, y que reduce a imagen los valores humanos. Pero este contenido implícito se desvanece, según mi percepción, por la inconsistencia del guión. La película tiene desde luego muchos elementos de interés para el análisis.




