Anituy Rebolledo Ayerdi
Cómo han pasado los años (XL)
Berta Von Glümer Leyva
educadora… aprende desde el primer día, desde hoy mismo, que la educación comienza con la vida y que la niñez es el período formativo en la existencia del hombre, el más sensible a las influencias que le rodean, aquél en el que el carácter empieza a formarse , para siempre, en la misteriosa penumbra del alma del niñito de hoy, el hombre del mañana (1961)
Berta Von Glümer Leyva
Acapulqueña
Berta Von Glümer Leyva, la primera educadora mexicana graduada en el Instituto Friedrich Fröebel de Nueva York y más tarde pionera en la aplicación de las ideas revolucionarias del pedagogo alemán, nació en Acapulco en 1877.
Hija del ingeniero y coronel Bodo Von Glümer y doña Petra Leyva, de Chilpancingo, Berta vivió una niñez plena como la de todos los niños de su época. Hizo su primera comunión en la parroquia de La Soledad, correteó por la Playa Larga e incluso hurtó marañonas de los huertos de su vecindario. Por carecer el puerto de escuelas públicas, don Bodo y doña Petra recurren a profesores particulares para adentrar a la niña en las primeras letras. Vendrá muy pronto la obligada migración a la ciudad de México, siempre en busca de mayores luces para ella.
Coronel del ejército porfirista, Von Glümer fue compilador de las primeras cartas geográficas de la República Mexicana, elaboradas en el propio Instituto Litográfico, de Berlín, Alemania. Aquí se desempeñó en misiones oficiales hasta su muerte en 1902, inhumado en el panteón de San Francisco.
La estrella de Berta
Berta Von Glümer recibe en 1904 su primer nombramiento oficial como ayudante de labores femeninas en una escuela primaria de la ciudad de México. No se trata de una chiquilla sino de una mujer plena forjando día con día su propio destino. Determinante será en su vida un encuentro fugaz con el maestro Justo Sierra, a la sazón ministro porfirista de Instrucción Pública. Todo empieza con una visita del funcionario a la escuela donde Berta labora, siendo ella, precisamente, quien le ofrece la bienvenida. Una ocasión que aprovecha muy bien para desbordar entusiasmo cuando le hable del moderno kindergarden y muy particularmente de la necesidad de que México atienda la superación de sus educadoras. Si es que México aspira a una niñez netamente mexicana, saludable, alegre, esforzada y unida, condiciona.
La acapulqueña será la primera sorprendida cuando le informen que el maestro Justo Sierra le ha concedido una beca para la institución de sus sueños: la famosa Escuela Normal Friedrich Fröebel de Nueva York. Allá estudia durante dos años la organización y el funcionamiento de las escuelas normales para educadoras, graduándose con las más altas calificaciones de su generación. No obstante, la maestra no está satisfecha con ese logro. Siente que algo le falta para regresar a México, lo busca y lo encuentra. Se inscribe en el Teacher College de la Universidad de Columbia, Nueva York, donde lleva dibujo, gimnasia y deportes. Allí mismo recibe cursos especiales de metodología y música del kindergarten
Apenas regresa a la ciudad de México, bien pertrechada con conocimientos y experiencias en materia de educación preescolar, Berta Von Glümer funda y dirige el curso para maestras de párvulo en la escuela Normal para Señoritas La formación de maestras que atendían a niños menores de 6 años, había sido impartida hasta ese momento por las maestras Estefanía Castañeda y Rosaura Zapata. No obstante, existía la necesidad de maestras de párvulos con una orientación y preparación dirigida a preescolares. Será entonces cuando la profesora Von Glümer presente un plan de estudios específico para la formación de tales educadoras , aceptado en todas sus partes por las autoridades educativas.
El cuartelazo del chacal Victoriano Huerta sorprende a nuestro personaje como inspectora de Jardines de Niños del DF. La situación de guerra del país la obligan a regresar a Nueva York, donde siempre será bienvenida en la Universidad de Columbia. Ahí labora y estudia. De vuelta más tarde a México, la maestra acapulqueña acepta la invitación del gobierno veracruzano para dirigir cursos destinados a maestras de párvulos. Funda el Jardín de Niños anexo a la Normal de Jalapa, de la que será subdirectora.
Berta Von Glümer no podrá rechazar la invitación de la esposa del presidente Pascual Ortiz Rubio, doña Josefina O. de Ortiz, voraz devoradora de postres y golosinas, cuando ésta le pida dirigir su sistema de escuelas para niños pobres. Impartirá al mismo tiempo las cátedras de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional y en la Nacional de Maestros de Literatura Infantil y cursos de posgrado.
La musica infantil
La escuela de párvulos será llamada así hasta que sea suplida por la voz alemana kindergarden (jardín de niños). Ello por estar basado en las teorías del pedagogo alemán Friedrich Fröebel, un sistema imitado con sus juegos y canciones en idiomas extraños.
Serán maestras como Berta Von Glümer y Rosaura Zapata quienes se encarguen de escribir literatura y música infantil en español –himnos, rondas, juegos, etcétera,– referidas a temas y personajes muy nuestros.
Su propia escuela
La maestra acapulqueña nunca quitará el dedo del renglón. Funda en 1936 su propia academia para la formación de Educadoras (colonia Cuauhtémoc, ciudad de México), dirigida por ella misma hasta el año de su retiro en 1952.
La educadora acapulqueña muere el 15 de diciembre de 1963, a los 83 años de edad. Su nombre lo llevan orgullosas instituciones educativas en todos los rincones de México.
Su obra
Tradujo del alemán Pedagogía del Kindergarten, de Fröebel, ediciones UNAM.
Biografía de Federico Fröebel, ediciones UNAM.
Cuentos de Navidad.
El niño ante la naturaleza.
Apuntes de literatura infantil.
Para ti, niñita.
Un haz de espigas (Antología de maestras mexicanas).
Rimas y cuentos digitales.
Apuntes de la filosofía de Fröebel.
A la luz de mi lámpara.
Cuentos seleccionados por la autora (obra póstuma).
Música infantil.
La primera rosa de color
Hace mucho, mucho tiempo, cuando en el mundo todas las cosas era nuevas, las rosas eran blancas, absolutamente blancas. No había habido ni había un sola rosa de color
Y sucedió que una vez, un botón de rosa blanca despertó muy temprano, cuando todavía temblaban las estrellas en el cielo y entreabrió su cáliz lenta y dichosamente a la frescura del alba, el rocío salpicó de perlitas sus pétalos blanquísimos que iban extendiéndose con la gracia incomparable propia de las rosas jóvenes. Con ese hermoso amanecer empezaba la vida para la Rosita y le pareció deliciosamente grata.
A poco rato asomó el sol su cabecita en el horizonte y su primera mirada fue para la primera rosa abierta aquella mañana, La miró mucho, tan fijamente que ella bajo los ojos. Cuando los levantó, el solo miraba todavía.
Volvió a bajarlos… y a levantarlos… y el sol miraba siempre.
Entonces, confusa, le preguntó:
–¿Por qué me miras así?
–¡Porque eres muy bella Rosita!–, le contestó.
¡Y la rosa blanca se ruborizó! Sus pétalos se tiñeron de suavísimo color sonrosado.
¡Y aquel delicado color permaneció en sus pétalos para siempre!
De ese color fueron todas sus hijitas y desde entonces todas las rosas de su familia son tan sonrosadas como su abuelita, aquella rosa blanca a la que el sol hizo sonrojar de contento.
Maestra Berta Von Glümer Leyva.




