Arturo Santamaría Gómez
Ayotzinapa y Sinaloa
La crisis que ha creado el caso de Ayotzinapa en el sistema político, una de las más graves en por lo menos medio siglo, tiene múltiples efectos. Algunos de ellos todavía no los alcanzamos a vislumbrar.
Ya veremos el próximo año cómo va a afectar a los tres principales partidos políticos a nivel nacional, pero por lo pronto podemos empezar a proponer una lectura de sus repercusiones entre los estudiantes de Sinaloa.
Al igual que en la mayor parte del país, Ayotzinapa sacó de un largo sueño a los escolares de nivel superior en Sinaloa. La gravedad del caso provocó que estallara la somnolencia cívica en la que estaban hundidos los universitarios mexicanos, entre ellos los sinaloenses.
Es cierto que la inmensa mayoría permanece, si no ajena sí inmóvil ante el drama de los estudiantes normalistas y sus familias, pero el hecho de que ya varias decenas de miles se hayan manifestado de múltiples formas a lo largo y ancho de México y en el extranjero, en un país tradicionalmente adormilado que cuando despierta lo hace en estallidos, ya habla de un quiebre que posiblemente sea histórico.
Ayotzinapa, por su gravedad, es el catalizador de la actual crisis nacional, pero tiene muchos afluentes en todo el territorio mexicano.
Al margen de la violencia e inseguridad generalizadas en casi todo el país (sólo unos cuantos municipios se salvan de padecerla), del precario crecimiento económico, de la monstruosa corrupción de la clase política, la impunidad en el sistema de justicia, los problemas ambientales, y varios problemas más, se ha venido fortaleciendo y enraizando un enfermizo autoritarismo, incluso más grave que el de la primera etapa priista. Y lo peor de todo es que no son sólo los tricolores quienes lo alimentan, sino también, y muchas veces más, otros partidos e instituciones.
Esto se confirma en Sinaloa cuando observamos en sus universidades que las autoridades intentan impedir las manifestaciones autónomas de sus estudiantes. Tanto en la UPES, en el Tec del Mar, como en la UAS, las autoridades tratan de evitar la civilidad independiente de los estudiantes. No quieren que los universitarios se organicen al margen de la vigilancia y dirección de los funcionarios de las instituciones; parecieran temer que los jóvenes tomen sus propias decisiones y elaboren sus propios juicios. Los tratan como si fueran peones acasillados u objetos de su propiedad. Los obstáculos y amenazas a su organización autónoma revelan un enorme temor que se arropa de autoritarismo.
Cuando a nivel nacional y mundial vemos expresiones de apoyo en prácticamente todos los sectores sociales, intelectuales, políticos, científicos y artísticos exigiendo se devuelvan vivos a los normalistas y se castigue severamente a los culpables, al menos en tres universidades de Sinaloa se tratan de contener, absurdamente, la manifestación autónoma de los muchachos. Las autoridades de la UAS se vieron obligadas a salir a las calles para protestar por el caso de Ayotzinapa, porque después de intentar detener a los estudiantes buscaron debilitar la iniciativa autónoma y que ésta se fortaleciera.
En un anterior artículo comenté que a un estudiante de Ciencias Sociales de la UAS lo amenazaron de muerte. Una agente de Gobernación, como testigo, pudo leer los cobardes papelitos donde se leía la ominosa advertencia. Y nuevamente, el martes 4 de noviembre, un día antes de la marcha nacional en solidaridad con Ayotzinapa, se acercaron a él dentro de las instalaciones de la UAS para volverlo a intimidar.
¿Quiénes amenazan a este muchacho? ¿Cómo se atreven a hacerlo en medio de una crisis nacional que resulta de la represión a los estudiantes? ¿Quién es enfermamente ciego y violento para amenazar a un excelente estudiante que se manifiesta cívicamente y busca defender el Estado de derecho en el país? ¿Qué es lo que temen? ¿Dónde está lo ilegal de las acciones de este chico y de los estudiantes que se han expresado de manera independiente?
Sabemos que México es ominosamente uno de los países más violentos y corruptos del mundo, pero ¿por qué permitir que individuos guiados quién sabe por qué mente perversa entren a una universidad y amenacen e intimiden a un estudiante cuando él sólo marcha en búsqueda de un país mejor?
Por supuesto, este joven no está solo, no lo vamos a dejar solo, pero hago esta denuncia pública por la gravedad del asunto, aunque sé que ninguna autoridad ni estatal, ni municipal ni de la universidad hará nada para investigar de dónde proviene la insania.
Este caso, en particular, y la crítica coyuntura nacional revelan que en México, como en todas partes, siempre hay fuerzas y expresiones que se tensan y chocan. Unas buscan un país más justo, democrático y apegado a derecho, y otros sólo buscan el beneficio privado por el que son capaces de arrasar con todo.
Ni en los momentos más críticos, como los que experimentamos ahora, hacen retroceder a los amantes de la ilegalidad, el autoritarismo y la violencia, pero los que deseamos un país honesto, justo, democrático y libre tampoco cedemos.
Posdata: Les cuento un chiste de risa loca. Los agentes de Gobernación, no sé si federales o estatales, dicen que tres profesores de la UAS instigamos a los estudiantes para que organicen las marchas en solidaridad con Ayotzinapa.
Recomendación a sus jefes: contraten a gente capaz de entender lo que sucede en el país. Antes me colgaron el sambenito de que yo era “el dirigente” de los estudiantes mazatlecos del Movimiento 132. Les confieso que me hubiera gustado ser un líder social, pero nunca tuve ni el talento ni el carácter para serlo. Los del Cisen y Gobernación han de creer que el caso de Ayotzinapa es un complot internacional dirigido por el Parlamento Europeo y el papa Francisco.




