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Héctor Manuel Popoca Boone

Programa de reconciliación  y reconstrucción estatal (II)

 

Si la seguridad pública es una de las prioridades inmediatas, después de la aparición con vida de los 43 normalistas, entonces las instituciones estatales para garantizarla deben transformarse. La Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública son fundamentales en la prevención y procuración de justicia. Pero ambas están atravesadas por la corrupción y la impunidad.
La Fiscalía debe cambiar, ser profesional, honesta y expedita en su cometido, sin tergiversar o manipular los resultados que se deriven del cumplimiento de sus responsabilidades. Las averiguaciones que se lleven a cabo no deben de integrarse a modo del gobernante o del dinero emanado del soborno, porque además de acarrear mayor injusticia conllevan pérdida fuerte de credibilidad ciudadana. Del total de delitos que se cometen en el país, a lo mucho un 20 por ciento llega como denuncia ante el Ministerio Público.
Certificación, respaldo científico y técnico, honestidad, el destierro de la tortura, la no complicidad con la delincuencia, la capacitación profesional y el adecuado equipamiento, así como espacios y sueldos dignos y decorosos, son elementos a tomar en cuenta para no corromperse y proporcionar un servicio confiable y de calidad a la ciudadanía
Sucede lo mismo con la Secretaria de Seguridad Pública, agregando que sus funciones y sus protocolos de actuación deben ser similares a los vigentes a nivel internacional. Comprobado está que la represión no tiene cabida como forma de contener la expresión popular. El presupuesto que opera la secretaría debe aplicarse en forma transparente y con rendición de cuentas; sobre todo, en lo referente a nóminas y adquisiciones.
Es básica la estrecha relación que deben guardar entre sí las estructuras de seguridad pública federal, estatal y municipal dentro de la alineación de acciones y homologación de certificaciones, para impedir la infiltración de la delincuencia e incrementar la eficacia en su combate.
Sabido es que la delincuencia ha desbordado o cooptado el funcionamiento y la capacidad de respuesta de las instituciones de seguridad pública en algunos municipios del estado. Eso explica el surgimiento de las autodefensas ciudadanas y un mayor activismo de las policías comunitarias ya existentes. Recomendable es respetar sus trabajos preventivos para fortalecer la seguridad pública. Todo dentro de un marco de coordinación y no de subordinación.
Las autodefensas ciudadanas dejarán de tener razón de ser cuando los parámetros de seguridad de los ciudadanos sean acrecentados y los delitos reducidos a su mínima expresión. Hoy, la activa participación del pueblo es imprescindible ante la gran penetración del hampa organizada.
No es buena la estrategia de que el Estado combata el crimen organizado y a su vez reprima a las policías ciudadanas. Salvo que estas últimas estén seriamente infiltradas. Por eso la necesidad de una adecuado acoplamiento de esfuerzos sin provocar divisiones o corrupciones. La vigilancia recíproca de las fuerzas policiacas institucionales y ciudadanas es saludable para evitar desviaciones de alguna de las partes.
Otro aspecto a reforzar es la comunicación de la ciudadanía con los cuerpos de seguridad pública para la pronta atención y acción ante actos que sean potencial o realmente delictivos. Esto es, hacer partícipes a la juntas de vecinos, colonias, barrios, zonas habitacionales, comunidades rurales, en programas como Vecino vigilante, Alerta ciudadana u otros ya existentes en otras entidades. Claro está que se requiere de una  mayor confianza de la ciudadanía hacia la policía para que esto funcione.
PD1. “México es muy bonito, pero el problema son sus gobernantes que no pueden brindar la seguridad a sus propios ciudadanos”, Raúl Liners, turista argentino que visita Zihuatanejo.
PD2. Un gobierno de nueve meses inmerso en una crisis de gobernabilidad, con un cuerpo social lacerado profundamente, tiene estrecho margen de acción. Pero aún así, puede dejar buena huella de su corta administración, si se lo propone.

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