Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Abelardo Martín M.

Con prisa y con el tiempo en contra

Si de algo tiene plena conciencia el gobernador interino (o suplente), Salvador Rogelio Ortega, es de que el tiempo no es su mejor aliado. Tiene enfrente el peor escenario, en el peor momento y en las peores circunstancias, bajo presión local, nacional e internacional.
Sabe el gobernador Ortega Martínez, por su probada experiencia académica, que un profesor suplente enfrenta momentos y condiciones adversas. Si vale la comparación, el grupo de alumnos está abandonado, ingobernable, sin método de trabajo, sin hábitos de estudio ni disciplina y el ciclo escolar avanza. El tiempo se convierte en otra presión para recuperar el tiempo y terminar en las mejores condiciones posibles.
Urge en Guerrero, como en el país, una propuesta seria de reconciliación para detener la escalada de violencia e irritación que caracteriza hoy el ánimo de los mexicanos. Ello equivaldría a detener las hostilidades de todos lados y asumir la propuesta de paz que distintos sectores claman, proponen o exigen.
Sabe el gobernador que está como en un callejón con enemigos por todos lados, solo y sin posibilidades de defenderse sin salir lastimado. Solo, y se sabe la dificultad que tiene enfrente, si el sentido común, la sensatez, prudencia y la inteligencia le permitirán salir adelante y, además, solo si su propuesta es de paz y reconciliación en un estado sumido en la violencia y el desorden, agraviado con la masacre y muerte de 43 estudiantes cuya pérdida no debe ser inútil, menos un desperdicio.
El gobernador Ortega Martínez puede actuar como académico-estadista o como marioneta de las circunstancias con manejadores ocultos e incapaces que contribuyan a acrecentar la violencia, el desorden, la anarquía.
Convendría al mandatario estudiar la profundidad de la propuesta de reconciliación que permitió a Nelson Mandela (ni más ni menos) detener una violencia estructural entre blancos y negros en Sudáfrica. Está muy lejos, no faltará quien lo diga, pero lo cierto es que no se ve que otro camino conduzca a la recuperación de la paz, la tranquilidad, la armonía y el progreso.
Guerrero está en el peor momento de su historia. Enfrenta una grave crisis de gobernabilidad y sin ella no puede construirse algo. Por eso la experiencia del gobernador puede resultarle valiosa si se hace de los mejores analistas y maestros, pero sobre todo, si está dispuesto a dejarse ayudar. Empero, lamentablemente muestra rasgos de comprensible desesperación: pidió a empresarios guerrerenses no retirarse de la entidad debido a las manifestaciones que se dan por el grave problema de Ayotzinapa.
Habló el mandatario ante un auditorio sui géneris durante el encuentro religioso Ultreya nacional de Cursillos de Cristiandad. Allí, en un ambiente de búsqueda espiritual, pidió a los manifestantes dejar en paz a los terceros, pues afectan a la economía guerrerense.
“Quiero hacer un llamado a quienes el coraje, la ira, producto de un reclamo justo se convierta en un acto que hiere profundo, que agravia a terceros, los saqueos a centros comerciales, los actos que dañan a la empresa, a los empleadores y que los presionan y nos dicen que ellos se van a retirar de Guerrero… Si lo hacen, vamos a perder empleos, ¿a dónde se van a ir esos hermanos nuestros sin empleo? Para que haya empleo tiene que haber empleadores y yo quiero lanzar aquí también a los empresarios para que no abandonen a Acapulco para que no abandonen a Guerrero”, y reconoció que han tenido cancelaciones de reservaciones en hoteles del puerto de Acapulco.
Fue más allá y suplicó: “Dejen en paz a las ciudadanas y ciudadanos que dan empleo, dejen en paz a las personas que quieren venir a visitar este hermoso puerto de Acapulco. Me han dicho con mucha preocupación que se van a retirar empleos muy significativos para la economía guerrerense”, anticipó.
Y no es que vaya a ocurrir, sino que ya ocurrió. Lo primero que debiera aceptarse es que la gravedad de los problemas rebasó hace mucho a instituciones y personas y sólo un verdadero esfuerzo colectivo permitirá recuperar el rumbo. La reconciliación es el principio y el fin, no la violencia, la soberbia y el ocultamiento inútil de la realidad.

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