Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

 Números democráticos

El 12 de marzo de este año, al menos 11 millones de españoles, según datos de la Policía, salieron a las calles para condenar los atentados, más de dos millones en Madrid, en la marcha más multitudinaria contra el terrorismo celebrada en España. En Barcelona se manifestaron 1,2 millones de personas, un millón en Valencia, 700.000 en Sevilla, 400.000 en Zaragoza, Málaga, Vigo y La Coruña, 300.000 en Bilbao, 120.000 en Jaén y así en todo el país.

Un mes después, el primero de abril, convocadas por la familia de Axel Blumberg, joven de 23 años secuestrado y asesinado con la presunta complicidad de miembros del ejercito, mas de 250 mil personas se reunieron frente a la plaza del Congreso, en Buenos Aires, Argentina, con el fin de exigir justicia. Ante el infame crimen del que fue víctima este joven, los sectores independientes de la comunidad, integrantes de la llamada “mayoría” silenciosa”, decidieron poner fin a su anonimato para manifestar su desacuerdo con las políticas de seguridad de las autoridades de ese país.

El 25 de abril, cerca de un millón y medio de norteamericanos, sobre todo mujeres, marcharon en Washington como rechazo a los ataques del gobierno de Bush a los derechos reproductivos de las mujeres.

El 18 de mayo, pararon en todo Colombia 500 mil trabajadores del estado, contra el TLC y, en Cartagena, una manifestación de más de 100 mil personas denunció el inicio allí de las negociaciones del tratado con Estados Unidos.

Ignoro cuál ha sido la manifestación ciudadana mas numerosa en la historia reciente de México, más allá de las reunidas por el Papa en sus numerosas visitas, pero temo que las cifras están muy lejos de las de los ejemplos anteriores. Quizás Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, el CEU en 1999 o el EZLN en el 2001 lograron convocar a mas de 100 mil mexicanos alrededor de una causa, sin echar mano en exceso de los recursos logísticas del priísmo tradicional. En este año, sólo el acto de apoyo a López Obrador estuvo cerca de llenar el zócalo capitalino.

¿Porqué la participación social en México no alcanza los tamaños de otros países? ¿Las causas defendidas por los ciudadanos en los casos incluidos han sido mas serias? Sin duda en el caso español, pero no en los demás. En Argentina, Estados Unidos y Colombia multitudes reaccionaron a conflictos tan importantes como los que en México apenas han alterado fugazmente la monotonía habitual de las noticias diarias.

¿Apatía, pereza, indiferencia, resignación, frustración, incredulidad, cinismo, pasividad o sumisión ante un poder omnipotente e invencible?

Las razones no importan tanto como los efectos que producen. Porque, para ser justos, no toda la culpa de nuestro deterioro político y social la tienen los que ejercen política y poder y que tanto señalamos los ciudadanos. En México, los que gobiernan y compiten por puestos de elección popular son votados democráticamente, en elecciones transparentes y confiables, por “el pueblo”.

Más allá del bajo porcentaje del electorado que vota, similar al que lo hace en países incluso mas desarrollados que el nuestro, el problema real se presenta entre una elección y otra, cuando la presencia social se diluye casi totalmente, delegando la discusión y el rumbo de la agenda nacional a los grupos, cada día mas pequeños, alineados en los partidos políticos, algunos sindicatos, cámaras empresariales y las “fuerzas vivas” de siempre.

A pesar de la exigencia popular de un cambio verdadero en México, nada se moverá sin el impulso de la sociedad, de las mayorías silenciosas. El poder o, mejor dicho, los que lo ejercen, no cederán espacios ni mando de manera graciosa y espontánea. Así ha sido siempre y así lo será.

No se trata de incendiar el país ni de amotinarnos a ciegas para virar sin rumbo ni destino.

El cambio que necesitamos involucra a dos frentes: el de los políticos, para que se atrevan a ejercer la política de la buena, la que se encuentra con la sociedad por el camino más corto, el de la eficiencia, la honradez, la sensibilidad social y el compromiso, que entiendan que mayor productividad electoral se le ofrece al que trabaja bien que al que medra con recursos facilones; y el de los ciudadanos, para que se atrevan a participar, a exigir a quienes nos representan cumplir con las tareas que les encomendamos: Democracia de a de veras.

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