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Nadie es escritor si no tiene pasión y si no arriesga, dijo en Taxco Hugo Hiriart

Claudio Viveros Alarcón

 

Taxco

 

El maestro, escritor y dramaturgo Hugo Hiriart se apersonó en estas tierras como en su casa donde se soltó con desparpajo y fino humor que asestó a jóvenes literatos que participan y público este miércoles en el Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro.

Fue una conferencia magistral, donde se mostró generoso y apabullante, directo y sin concesiones para los que escriben o aspiran al oficio de estar todos los días ante una hoja blanca, la máquina de escribir o la computadora para darle vida a las letras.

Por más que insistió en ¿tienen una pregunta?, ¿alguien quiere decir algo?, ¿alguien dice no es cierto eso? Tiene que haber alguien, refutó, pero el silenció predominó en el auditorio de la legendaria Casa Borda.

“El escritor es escritor porque le gusta leer”, dijo en una primera entrada en alusión al emblema de esta declaración que hizo Jorge Luis Borges: “Que otros se jacten de lo que han escrito, yo me enorgullezco de lo que he leído”, a lo que argumentó que la base de escribir es leer.

Pausado, sin algún dejo de sentirse falsamente notable, como suele ser el estigma que envuelve sin piedad a quienes se adentran en el arte y la literatura, el escritor y guionista hablaba, se despachaba a granel, con citas, referencias, vivencias y experiencias que le han tocado. Y del otro lado nada, al grado de que soltó de tajo su ofensiva para sacar del letargo a sus posibles interlocutores.

“Tienen que hablar, al hablar ustedes entienden, ustedes elaboran. No puede ser que estén así, porque ese estado es como un manatí, indefenso…tienes una mole gorda, yo nunca he visto nada más indefenso y más patético…es un pazguato, que le digan lo que sea, menos pazguato”.

Y como el mismo dijo, de paso a otro punto, otra vez preguntó que quiénes querían ser narradores, poetas o dramaturgos. Apenas, con enfadosa timidez se asomaba una u otra mano para decir yo, en una actitud distante con un escritor de las grandes ligas que pudo convertirse en diálogo y se desaprovechó por esa mayoría.

Dos, tres, cuatro, cinco… ¿Quién quiere ser dramaturgo?, preguntó. ¡Ucha! Pobre país, lamentó. ¿Quién quiere escribir guiones de cine?, nada. ¿Ensayo? ¿Dos, tres, cuatro, cinco? Y se fue de filo con la experiencia y cátedra que parecía hilarante para muchos y hasta un tanto cargada para otros.

“El ensayo tiene una virtud que no tienen los otros géneros, y que es muy buena. El ensayo les puede dar de comer inmediatamente. Ustedes escriben un ensayito facilón, constituye un artículo de periódico o de revista y les van a pagar. Si lo logran colocar en una buena revista les van a pagar bien, si no logran pero lo sacan en un periódico, les van a pagar poco pero se van a dar a conocer. Lo que quiero decirles, aunque es poco halagador y desesperanzador, que el ensayo que ustedes publiquen en un periódico lo va a leer más gente que todo lo que escriban en libros toda su vida”, así de ese vuelo compartió la experiencia.

Y vendría más y más del expreso conferencista. “Hay que afinarse. Porque escribir es un oficio y yo creo que el escritor debe vivir de su oficio, porque si piensa hacer otras cosas, lo más probable es que se distraiga y no logre cuajar como Dios manda”.

En cuanto a la narración aseveró que él siempre coincide que así como cualquiera puede escribir ensayos, no cualquiera puede hacer narraciones buenas, no cualquiera, porque necesita como una especie de misterio que uno tiene o no tiene, y esa virtud consiste en que “el buen narrador en cada cosa que dice genera expectativas, les dice una cosa y les despierta una gran curiosidad de seguir leyendo a ver qué pasa”, como en una novela de detectives que debe estar escrita con claridad, llaneza absoluta, un poquito de ironía, mucha saña y mucha carnicería, ejemplificó.

Para variar un poco citó el libro Aspectos de la novela en el que su autor distingue a la crónica de la novela. Crónica es decir “la reina murió” y “la reina murió de tristeza” ya es historia, es la causa y al dar la causa se articula la historia.

Del teatro, el también creador de La destrucción de ver las cosas comentó que es prácticamente imposible, muy difícil, que alguien llegue a ser un buen autor de teatro si no trabaja en el teatro, porque el autor de teatro tiene que estar cerca del teatro, tiene que ser director, actor, diseñador o lo que sea, pero trabajar en la escena y ver cómo está hecho, como se construyen las cosas.

“Si uno se mete y hace algo de teatro, queda envenenado y adicto ya para siempre, Escriban una cosa sencilla y móntenla, no la escriban primero y luego la montan, sino escriban escenas las montan y ven y oyen. El camino es hacer las cosas”, aconsejó.

Para los poetas, destacó que los grandes poemas dicen algo, deben decir algo e ir a algún lado, y “si alguien quiere escribir poesía necesita dominar la métrica, para empezar, la música del verso, que no cojee la musicalidad”.

E insistió en sus consideraciones, una de ellas de que el escritor es escritor porque escribe todos los días; lo que caracteriza al escritor no es que lea mucho, que hable de cierta manera o tenga dicción, no. Es la disciplina, si escribe diario.

Considero igualmente como consejo para los escritores y el público que “el sueño es una de los grandes trabajos imaginativos, porque ahí la mente no está controlando, no hay atención, no hay nada. La imaginación está en el trabajo de ustedes, porque así se hacen los buenos libros: imaginando, y es sumamente extraño que nadie hable de la mejor, más noble y más creativa de nuestras facultades que es la imaginación”.

Puntualizó que la imaginación es rapidísima, llena de inventiva, produce una cosa y otra todo el tiempo, sin cansarse nada sin registrar la menor participación de su parte.

“Si ustedes trabajan media hora diaria, en un año tienen una novela de 250 páginas en tamaño estándar” que puede ser un cuento, unos relatos, una cosa diferente y por otro camino”

Piensen esto, antes de quedarse de pazguatos, asestó serio y entre broma: “Lo único que vale la pena es lo que se hace con pasión, con pasión tremenda. Nadie es escritor si no tiene una pasión de veras grande. Tiene que hacerse con pasión y tiene que hacerse así, fíjense: Tiene que hacerse arriesgando, porque la grandeza se alcanza con el riesgo”. Así cerró y después continuó con anécdotas, consejos, citas, libros y personajes abundantes en su imaginación en un encuentro que dejó silencios y reflexiones.

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