Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Meche Batalla,mascarera guerrerense

Conjuga arte y fantasía en su enseñanza de la cultura popular

 Ismael Catalán Alarcón

 “A la Universidad Autónoma de Guerrero solo entra a trabajar gente bien preparada. Yo no me siento capaz de ocupar un puesto laboral en ella. Solo tengo 17 años de edad”. Así pensaba entonces la joven estudiante preparatoriana Merced Batalla Salvador, cuando en forma insistente era invitada a integrarse a la plantilla de trabajadores artísticos de la institución, por el excelente escultor mexicano Juan Lombardo Rivera. Ojalá así pensaran muchos de los exfuncionarios y funcionarios que han dirigido lo que fuera por muchos años la máxima casa de estudios de la entidad.

Quien a la larga se convertiría en una de las más importantes trabajadoras e instructoras de la máscara en el estado, nació en Taxco, en 1958. Recuerda:

–Cuando estudiaba la preparatoria en 1975, la UAG crea el Centro de Humanidades y Capacitación Artística. Me inscribo. Había como maestros prestigiados artistas de la plástica nacional e internacional, como el muralista taxqueño, Luciano Cabrera; Mario Orozco, de quién se expone mucha obra pictórica suya en el museo de la Comisión Federal de Electricidad en la Ciudad de México; Joaquín Dimayuga, quién es un genial pintor mexicano de prestigio internacional y el propio escultor Juan Lombardo.

De estatura menudita, una modestia a toda prueba y una vocación de servicio a la comunidad, Meche, como es conocida entre su gente cercana recuerda que al salir de clases académicas en la preparatoria de Taxco, se encaminaba al estudio dirigido por Juan Lombardo, donde ya estaban los modelos hombres y mujeres, quienes posaban desnudos para que los estudiantes “aprendiéramos a dibujar”.

A la distancia, recuerda cómo al fin entra a trabajar como asalariada a la UAG. Corría el año de 1977.

–Yo era consejera universitaria. Un día me dice Juan Lombardo: ¿vas a ir al Consejo (Universitario) a Chilpancingo? –Sí maestro, le contesté y nos venimos a la capital. Ya en la ciudad le dice a Efraín Bermúdez, quién era el contador general de la institución: ¡quiero a esta muchacha dentro de la nómina! Así se hizo. No metí ningún documento ni boleta de calificaciones. Claro que tenía como aval todo un trabajo artístico que ya había realizado en teatro, escultura, pintura y grabado en yeso y linóleum. Yo quería estudiar medicina. Ya no me fui. Me atrapó el arte.

Una vez instalada en la capital del estado, Meche crea un taller de máscaras, en virtud de que había tenido una gran demanda de estudiantes, trabajadores universitarios y de otras instituciones, así como de modestos artesanos, amas de casa, niños de la calle, entre otros. Recuerda con sencillo orgullo: “ya tenemos muchos profesionistas formados aquí; ahora ellos están enseñando a hacer máscaras en Atoyac, Acapulco, en la Tierra Caliente de Guerrero y Michoacán, en Jalisco, en Baja California y en Colima. De otros países hemos tenido alumnos de Holanda, de Bélgica, de Escocia, de Finlandia, de Noruega y de Austria.

Por supuesto que ha sido invitada a visitar esos países, pero la institución a la que bien le sirve, jamás la ha apoyado. No se lamenta. Cuenta una anécdota:

–Trabajé unas vacaciones de verano; la institución debía pagarme un salario extra. Recibo la invitación de la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y el Caribe para asistir a un curso que impartiría un pedagogo francés con 45 años de experiencia en la elaboración de máscaras. La sede del evento sería México. Voy a tramitar mi pago con el rector de turno, Gabino Olea, quien me dice: ¡Eso para que le sirve a la Universidad! Desafortunadamente ese es el nivel cultural de algunos funcionarios universitarios y gubernamentales. Al fin me fui al taller con mis propios recursos.

Son varios los cientos de hermosas máscaras que ha producido Meche Batalla y sus prodigiosas manos; y varios cientos más que han creado sus estudiantes.

Así, menciona que hay máscaras de formas naturales; máscaras zoomorfas (formas animales); biomorfas (de formas vivas); de terror; de alegría; de personajes fantásticos, dioses, duendes, diablos o mixtas, en esta última se combinan todos estos elementos.

Ella y su equipo humano de estudiantes, han creado máscaras para decenas y decenas de obras de teatro y para danzantes de todo el estado de Guerrero. Recuerda que en una ocasión le trabajó unas máscaras al grupo teatral Claridad de Arcelia; su director, Josafat Nava Mosso, “me dice al admirar el trabajo: ¡Meche. Eres una verga!, le contesto: ¡Si, pero no gonorrienta!”.

La artista guerrerense reconoce no estar satisfecha con el trabajo realizado hasta ahora y dice: “siento que puedo hacer más cosas y mejores”. Y sueña: “el taller de máscaras se puede convertir en un gran taller de artes plásticas del estado de Guerrero, donde los estudiantes puedan aprender a hacer además de máscaras, grabados con diferentes técnicas; esculturas y el manejo de diferentes técnicas pictóricas”.

Y continúa su sueño: “en el aspecto profesional quiero seguir trabajando para los demás; deseo seguir actualizándome todo el tiempo, ya que el aprendizaje es infinito igual que las matemáticas, igual que los colores, igual que el universo”.

–Meche. ¿por qué no criticas a quién no te ha echado la mano en tu empeño artístico?”.

–Reconozco que hay gente que han llegado al poder y trabajan, pero también roban. Pero también he visto personas que igualmente llegan al poder, pero estas nada más roban sin hacer nada. He visto en los más de 28 años de ejercicio profesional, que en los comités de los sindicatos universitarios y en las administraciones universitarias también a gentes que llegan y se hechan a dormir; no rinden. No porque no sepan, sino porque son marrulleros, solo llegan a contemplar y a ver que se llevan”.

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