Moisés Alcaraz Jiménez
Avanza la UAG
El reconocimiento internacional a cinco procesos administrativos que lleva a cabo la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) es motivo de satisfacción, de lo cual deben estar orgullosos no sólo los que de alguna o de otra manera tienen que ver de manera directa con la máxima casa de estudios guerrerense, sino la sociedad en su conjunto puesto que con este reconocimiento la institución, que debe ser uno de los motores del desarrollo de la entidad, entra a estándares de calidad que anticipan que de seguir por esa senda se empezarán a superar las ancestrales deficiencias de todo tipo que tradicionalmente la han mantenido en el atraso y en los peores niveles de enseñanza y aprovechamiento.
La UAG no debe ser noticia sólo estando en sus recurrentes crisis o cuando los infortunios que la agobian arrecian. Este trascendental paso que la universidad ha dado es digno de destacarse. Hacerlo del conocimiento de la opinión pública y en particular de los universitarios, es fundamental como una forma de levantar el ánimo y renovar esfuerzos y esperanzas en el rescate de la UAG. Acciones y avances como éste la orientan hacia la excelencia y pueden ser el inicio de la vía para dejar atrás el abandono y la marginación ancestral.
El camino a la excelencia en una universidad como la nuestra está lleno de sobresaltos y turbulencias. Son décadas de conflictos, de luchas no exentas de derramamientos de sangre, de agitación y represión que no se pueden dejar atrás con facilidad. Las secuelas de aquellos años aún persisten y laceran las actividades sustantivas de la UAG.
La enseñanza y la investigación es verdad que pasaron en un momento dado a un segundo plano, en una institución que durante muchos años estuvo inmersa en el activismo político, que no podemos calificar de estéril pues la historia de la UAG es la historia de importantes movimientos sociales guerrerenses en búsqueda del respeto a las garantías ciudadanas, del pleno ejercicio de las libertades públicas y para hacer realidad los derechos humanos en un contexto que entonces era de violencia institucionalizada contra todo tipo de disidencia y protesta social.
Desafortunadamente la universidad de Guerrero sigue siendo terreno fértil para la división y la confrontación, ahora con mayor dureza entre los propios universitarios. Está en puerta un nuevo conflicto que mal atendido puede traer lamentables consecuencias. La reorientación de la matrícula escolar, no la reducción como equivocadamente algunos medios han divulgado, es un asunto altamente complejo que debe ser tratado con extremo cuidado. Se debe aclarar con precisión que no se trata de cancelar las posibilidades de estudio a miles de jóvenes, sino de abrir nuevas alternativas; otras carreras no saturadas como ahora lo están las tradicionales: Derecho, Medicina y Contaduría, entre otras.
La UAG no puede seguir arrastrando el problema de la sobrepoblación estudiantil en varios de sus planteles. No puede seguir siendo una fábrica de desempleados o de egresados que pasen a engrosar las filas de la economía informal. Es una anomalía que debe corregirse y en esto todos los sectores universitarios y sociales seguramente están de acuerdo. Pero es un tema que debe ser tratado en el más alto nivel de civilidad y entendimiento, dentro de un marco de comunicación e información entre todos los actores universitarios, libre de confusiones y desinformación que son fuentes de peligrosos rumores que invariablemente conducen al desorden y malos entendidos.
No podrá llevarse a buen término este importante proyecto, reorientar la matrícula, en un entorno de tensión y desacuerdos. La sociedad y seguramente los estudiantes también entienden y comparten la preocupación del rector Nelson Valle, pero también preocupa que el asunto pueda salirse de control y provoque disturbios por falta de un proyecto comunicativo, que además debe ser participativo, no impositivo ni unilateral.
Un diario de Chilpancingo publicó declaraciones del rector fuera de contexto, que lo pintan como un personaje que amenaza, descalifica e intimida a quienes por falta de información y lo aún inacabado de este proyecto no están de acuerdo con la medida.
Cabe esperar mesura, prudencia y madurez en este tema. Anteponer los intereses de la universidad a los facciosos o de grupo, es lo que la ciudadanía guerrerense espera. Sólo así la UAG seguirá mejorando sus servicios educativos y avanzará en la modernización de su administración. La casa de estudios debe seguir siendo digna de reconocimientos.




