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Renato Ravelo Leucona

 Dogville  

Película dirigida por Lars von Trier y con actuaciones de Nicole Kidman, Harriet Andersson y Lauren Bacall.

Por no sé qué razones la lista de países productores de esta cinta es verdaderamente larga. Sugiere aportes de muchos pequeños inversionistas frente a la gran industria o una estrategia para abrir fronteras. Sería interesante saberlo.

Me asalta la idea de que esta cinta, más que usar grandes recursos técnicos y digitales, derrocha inteligencia e intencionalidad reflexiva, y por ello algo completamente original y que sale de todos los patrones posmodernistas de gran producción.

Pero precisamente este intento del realizador nos devuelve al cine de autor que ha sido arrollado por la gran producción industrial, porque se siente que esa sobriedad de recursos en la solución estética original, cautivadora; es una visión personal del mundo humano, como si intentara desafiar explícitamente los patrones dominantes de la llamada posmodernidad.

Primeramente borra la imagen escénica del mundo, ante el supuesto de que el mundo está convertido en una imagen de sí mismo, desprovisto de discurso y complaciente impersonalmente, como si el escenario fuera la vida misma.

Por el contrario, en Dogville se nos presenta de entrada no una imagen visual sino un esquema conceptual de un pueblo, marcando, como en maqueta, el trazo del piso de las casas sin paredes, con nombres de calles sin sus referentes como Calle del Olmo, sin olmo.

Sus diversas unidades domésticas, se nos explican por su forma de existencia y lo hace a la manera del teatro de Brecht. Hay un narrador, voz en off, que expone todo. Las familias se explican por la forma en que sobreviven y por lo que hacen. Contrariamente al posmodernismo, los personajes en esta escena del mundo se esencializan y una pequeña villa que adquiere las dimensiones de la aldea global; su quehacer, su trabajo, su actitud ética, su pasado o las aspiraciones futuras, son elementos que los definen como seres actuales determinados en la sociedad capitalista, visión que rompe con el esquema posmoderno de la sociedad de consumo con personajes de condición indefinida como el rasgo común y distintivo del género humano que nos quieren vender y de paso con la anulación de toda formación ideológica.

La cinta pues, apela a que se piense, se reflexionen las cuestiones éticas que esencializan a los personajes. No apela a la emotividad, incluso sacrifica concientemente cualquier romanticismo para evitar la confusión emotiva en el planteamiento. Asunto también del teatro brechtiano.

Bajo estos términos estéticos y visuales se desarrolla la trama: una joven bella llega a la villa huyendo de un mundo donde las relaciones de poder le resultaban agobiantes, con idealismo busca sin saber dónde y cómo, un mundo distinto, pero es perseguida por la policía que sugiere un pasado con una pesada carga.

Para los habitantes de Dogville ella representa un enigma y suscita una duda profunda que parece condicionada por las psicóticas historias estadunidenses de la conspiración y resulta presa de recelos y temores. Es decir la comunidad está tocada en este sentido y no es un pueblo con la alegría de vivir en el bienestar.

Pero la comunidad tiene su intelectual sensible, humano, cuyo quehacer es precisamente construirle su metarrelato. Lo escuchan, lo soportan y se dejan historiar por él, condescienden y admiran su determinación de escribir una gran novela sobre sus vidas. Este es quien encuentra a la joven, se siente cautivado por ella, la apoya, la promueve y la inserta en la difícil comunidad, hasta logra que colectivamente la protejan de la búsqueda policiaca, haciendo que la fugitiva, en la más humilde condición, se gane la confianza entregando su fuerza de trabajo a todos los vecinos, que aprovechan la oferta. No obstante, como no saben de su pasado y hay poderes detrás de ella, cada familia arma su imagen de la conspiración.

Cuando la policía reitera en su búsqueda, la solidaridad social se tambalea, pero el joven intelectual interviene y le presenta a la joven como un triunfo haber logrado que los vecinos le otorguen su protección a cambio de dobles jornadas de servidumbre, que no solo aprovechan bien, sino que los hombres empiezan a cobrarse abusando de ella sexualmente.

El intelectual lleva la denuncia a la asamblea comunitaria pero en lugar de creer en su versión, las mujeres no sólo se niegan a aceptar la infidelidad de sus maridos, sino que la agreden a golpes. Llegada por fin una oferta en efectivo a quien la denuncie a la policía, la situación hace crisis.

Acuerdan encadenarla y montarle un aparato que le impide casi moverse, la encierran y la denuncian para cobrar la recompensa.

La situación de la joven me sugirió la del martirilogio de Cristo: ella carga una culpa que ignoran pero a la que los ciudadanos temen; sienten miedo ante el poder del Estado si la protegen.

Ella cree todo el tiempo lo que le dice su protector idealista pero este intelectual calculó los riesgos ante el poder y el destino incierto de su novela sobre el pueblo, que además podría alcanzar mas notoriedad y vender bien su trabajo; resolvió en balance de conciencia conspirar contra ella junto con el pueblo.

Simbólicamente los valores universales como la piedad, la solidaridad humana, la amenaza de un poder absoluto aunque lejano, el idealismo del intelectual, el mezquino interés de la recompensa que movía a todos en su pobreza, todo estaba en juego en un escenario escueto, directo, esencial, propio del teatro brechtiano y viene el descenlace sorprendente.

Llega la policía dirigida por gángsters del tipo Al Capone, la entregan salameros y acobardados y los guaruras sorprendidos por la condición en que la tienen, se dirigen a quien la encadenó, lo matan a mansalva, al tiempo que a ella, con toda consideración, la liberan de los herrajes y la conducen al auto del capo y jefe policial simultáneamente, que resulta ser el padre de ella quien le ruega que vuelva a casa.

Al final de un diálogo denso sobre la violencia que permea toda su vida familiar, el padre le deja a ella decisión de qué hacer con los vecinos.

Baja el telón y sale uno aniquilado de la función, a intentar entender alguna de las varias lecturas que tiene al cinta.

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