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Juan Angulo

Quinto mundo

  Política y dinero  

Cuando estalló la crisis del endeudamiento del PRD, el ex secretario de Asuntos Electorales, Juan Guerra, dijo que sin el dinero que se gastó, su partido hubiese alcanzado apenas un 8 por ciento de la votación en julio de 2003.

Si se recuerda, en esas elecciones apenas un 40 por ciento de los electores acudió a las urnas. ¿De qué tamaño hubiese sido el abstencionismo sin los multimillonarios recursos que inyectaron los partidos en la televisión y la radio?

Ya nadie en el PRD hace política en la calle, en la plaza pública, con los vecinos, en el centro de trabajo, en las escuelas. Ya nadie se preocupa por la organización social en el campo y en la ciudad; por los asuntos de la vida cotidiana de los ciudadanos.

El PRD ya no tiene militantes. No tiene ninguna vida interna; sus locales son lugares de reunión para los arreglos de sus jefes. No centros de debate de ideas y de organización para la lucha, aunque sea ésta solamente electoral.

En este contexto el dinero lo es todo, y por eso se busca donde sea y como sea. No tanto entre los empresarios, por cierto, sino entre los gobernadores priístas que ven año con año cómo diputados perredistas les aprueban sus cuentas públicas. También entre muchos líderes perredistas ya es consigna aquella de que político pobre es un pobre político.

En un partido sin militantes el dinero es indispensable para pagar costosas burocracias de políticos desconocidos por los ciudadanos; para aceitar la estructura electoral; y sobre todo, para la televisión y la radio, únicas vías para dar a conocer como candidatos a quienes apenas ayer eran asistentes, secretarios privados, secretarios particulares, secretarios de esto o de lo otro, pero muy pocos representantes de algún sector de la sociedad.

En esa pista se metió el PRD sin que hicieran nada en contrario ni sus grandes dirigentes que vienen del PRI –Cuauhtémoc y Andrés Manuel– ni los que vienen de la izquierda política –Pablo Gómez–, social –Rosario Robles– y guerrillera –Jesús Zambrano, Humberto Zazueta, Camilo Valenzuela.

Sólo una refundación basada en la ética podría salvar a ese partido.

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