Jorge Camacho Peñaloza
Fue el Estado
*En las sociedades industriales avanzadas la toma de decisiones reside en manos privadas, que utilizan instituciones ideológicas para canalizar el pensamiento y las actitudes de la población. Noam Chomsky.
Los grandes objetivos nacionales de una sociedad se definen de acuerdo a las circunstancias históricas que en todo momento ponderan la necesidad de la estabilidad, entendida como la operación normal de los acuerdos básicos por los que se puede gobernar, respetar los derechos de los demás, hacer valer los derechos de uno mismo, gozar la libertad, resolver las necesidades humanas básicas y vivir sin miedo de acceder a todo esto sin la posibilidad de la ley de la selva, en la que se impone quien más fuerza o recursos de poder tiene.
En nuestro país, y especialmente en algunos estados como Guerrero, desde hace varias décadas el talón de Aquiles de la estabilidad es el debilitamiento paulatino del Estado de derecho, el cual poco a poco ha sido sustituido por la corrupción, la impunidad, el cohecho y la extorsión, hasta llegar a la penetración directa de la delincuencia en los cargos de gobierno.
Por eso es que la crisis actual, desatada por los sucesos de Iguala y que a su vez ha desatado las reacciones y consecuencias no esperadas por nadie, tiene como elemento detonante precisamente el estallido final del Estado de derecho consecuentemente en un municipio al que la debilidad institucional del Estado mexicano permitió que fuera gobernado por la delincuencia, situación que ha ocasionado, consecuentemente, que esta crisis originada en el Ayuntamiento de Iguala le esté estallando a todo el Estado mexicano; ahora sí que el hilo se rompió por la partes a débil.
El Estado de derecho, común y equivocadamente es entendido simplemente como el conjunto de leyes que rigen a un país, el marco de leyes a las que debe ajustarse el comportamiento de los individuos, cuando el realidad define esencialmente la observación de las leyes por parte de quienes gobiernan, un Estado que se rige y es capaz de autorregularse y sancionarse con las leyes, el Estado que se ajusta al derecho; y eso es lo que no se quiere hacer en la solución del caso Ayotzinapa, que el Estado sancione a los responsables no sólo materiales e intelectuales, sino jurídicos y políticos, que hicieron posible la ruptura del Estado de derecho en Iguala.
El debilitamiento del Estado de derecho estalló en crisis el 26 de septiembre en Iguala, lo malo es que no se ha comprendido que la solución está en la restauración misma del Estado de derecho, que las movilizaciones en Guerrero, el país y en diversas partes del mundo lo que están exigiendo es castigo al Estado por parte de las instancias que en el mismo Estado están para sancionar al Estado mismo, ése es el Estado de derecho; sin embargo, se pretende convencer de que la crisis no proviene del Estado sino del crimen organizado y la barbarie de un grupo de policías, ven los árboles pero no el bosque.
Mientras no haya una verdadera sanción desde el Estado a los responsables que están dentro del Estado, cualquier discurso o acción desde el Estado, sea estatal o federal, de cualquiera de los poderes públicos, como el decálogo del presidente Enrique Peña Nieto, los llamados al diálogo del gobernador Ortega, los anuncios de inversiones millonarias de reactivación de la economía, seguirán siendo interpretados como cómplices de esos responsables.
La frase “Fue el Estado” conlleva un fuerte, irrefutable y contagioso contenido acusatorio y condenatorio, que entre muchos de los responsables del Estado es considerada como inaceptable, como teniendo la culpa y no aceptarla, cuando debiera ser aceptada con naturalidad si nos preciamos de ser un gobierno y sociedad democrática, en la que tiene vigencia el Estado de derecho, pero no, la estrategia ha sido echarle la culpa al otro.
En eso radica la ola expansiva de la demostración del descontento contra el gobierno, porque la acusación de “Fue el Estado” va más allá de la demanda de justicia por los estudiantes desaparecidos o asesinados, llega a lo más recóndito del hartazgo de la sociedad, de saber que los gobernantes nulo interés tienen por reconocer no sólo el debilitamiento institucional, sino la inoperancia, inexistencia o incapacidad de hacer valer el Estado de derecho.
Por eso, desde el gobierno no se sabe qué hacer porque no se reconoce que fue el Estado, que el Estado no es un ente personal, monolítico, de una sola pieza, es una estructura con órganos independientes que deberían de servir de peso y contrapeso a las que funcionan fuera del marco legal, y entonces es cuando funciona el Estado de derecho.
Para resolver la crisis, se debe empezar por reconocer que fue el Estado y sancionar a quienes desde dentro del Estado no han cumplido con su función, no reconocerlo no hará más que seguir postergando la salida o solución al problema.
Lamentó el dolor de las familias de los estudiantes normalistas, como el de mucha gente que ha sufrido por el debilitamiento del Estado de derecho, coincido con la consigna de “Fue el Estado”, pero no con los grupos que bloquean, destruyen y asumen posturas radicales porque no hacen más que alejar la vigencia del Estado de derecho y deslegitimar a esa voces que exigen justicia de Estado.
Este es el momento de convertir la restauración del Estado de derecho en el gran objetivo nacional, que será difícil que suceda porque para eso se requiere de una postura patriótica y de Estado.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a todos los políticos que estén de acuerdo en que fue el Estado, que vayan pasando a firmar el desplegado, que vamos a mandar a publicar para que haya una solución de Estado.




