Mostrará pasaje poco conocido de la batalla de Puebla la cinta Cinco de Mayo
Adriana Castillo / Agencia Reforma
Puebla
Las cargas tenían que explotar y explotaron. Los actores no tenían que salirse de cuadro y no se salieron. La vieja hacienda tenía que arder y ardió, todo como parte del rodaje de la película mexicana Cinco de Mayo.
Pero la aprobación final de la escena, que recrea la explosión que mató a más de mil 500 combatientes en 1862, quedó a cargo del director Rafael Lara.
Para el cineasta de Labios rojos, las tomas tenían que alcanzar la magnitud del mortal episodio que mermó considerablemente las fuerzas militares mexicanas, un pasaje poco conocido de la Batalla de Puebla.
“Uno de los grandes retos que teníamos al hacer la película era justamente aportarle algo más a la gente, más allá de lo que ya sabe, porque el riesgo de esta película es que la gente ya conoce el final. La gente sabe que ganaron los mexicanos, y no podemos cambiarlo y decir que ganaron los franceses”, explicó.
La Hacienda de Chilhuacán, ubicada en un poblado de Atlixco a un costado de la carretera Puebla-Tehuacán, fue la locación elegida para representar la colecturía de Chalchicomula, donde se había acorazado lo mejor del ejército mexicano.
“Esa noche estaban metiendo toda la pólvora, las armas, venía toda la caballería, se estaban preparando para la guerra, para defender la patria y ocurre una explosión terrible que aniquila a toda la División Oaxaca y acaba con las armas, con la pólvora y la caballería”, detalló el realizador.
Para convertir la inocente hacienda poblana en una vorágine de llamas se utilizaron cerca de 9 bombas con pólvora, bajo la coordinación de Alejandro Vázquez, encargado de efectos especiales, refirió el productor Francisco Gallástegui.
Pasada la medianoche del miércoles, el reparto y el equipo de filmación compartían una emoción por la grabación de la escena de la explosión, que estaba planeada para rodarse en dos tomas.
A las 3:06 horas, el fuego se alzó por primera vez sobre la hacienda, detonación que fue calificada como “bien, maravillosa” por el director, aunque tuvo que hacer algunas observaciones a los protagonistas Christian Vázquez y Javier Oliván para que en sus movimientos no se salieran de la toma.
De inmediato, comenzaron los preparativos para apagar el fuego y acondicionar la carga para la segunda toma que tendría el doble de magnitud que la primera.
A unos segundos de la explosión, el silencio llenó el set y solamente se escuchó una última indicación de Lara:
“Venga mis actores, ya saben que tienen que jugar con las cámaras”.
En un instante, las llamas coronaron el edificio y una lluvia de restos ardientes se precipitó sobre el set.
El entusiasmo por el estallido dio paso al silencio, en espera de las palabras del director, quien revisaba las grabaciones.
“¡Excelente, lo tenemos señores, perfecto!”, exclamó y, en seguida, todos aplaudieron.




