Anituy Rebolledo Ayerdi
Cuentos de Navidad*
Los jeques árabes
“Tan comunes como usted y como yo –escribe un periodista español– algunos árabes encontraron un pocito de petróleo, lo acordonaron, lo legalizaron a sus nombres y vendieron el producto. Ya con recursos suficientes adquirieron otro sitio donde cavar otro pocito, luego otro y otro hasta convertirse en jeques (los hay por dinastías seculares). Vendrán enseguida un castillo, un harem con un mínimo de ocho mujeres, studs (brazalete con rubíes), caballos de carreras, los autos más caros , un equipo famoso de futbol y más y más”.
Sirva esta sencillísima fórmula, además del Decálogo (el de Moisés, que conste) como guía y acicate para los mexicanos que esperan la bonanza petrolera prometida. Empezar en ella como los jeques haciéndose de un pocito petrolero y luego de muchos. Seguros de que, ahora sí, son los auténticos dueños del subsuelo mexicano. Pero no será cosa de “enchílame otra”, sin ahorro no podrá cuajar ningún negocio futuro. Para empezar no se deberá gastar todo el aguinaldo, guardar parte del aumento salarial, atesorar las propinas y evitar despilfarros como comer carne entomatada (¿sabe a cómo amaneció hoy el tomate?) y el exceso familiar de consumir hasta tres kilos de tortilla.
Siéntase, lector, anticipadamente personaje de algunas de las anécdotas que se narran a continuación. Pero eso sí, sin impacientarse (jeque significa viejo en árabe) y anteponiendo las virtudes muy mexicanas de la sobriedad, la templanza, la frugalidad, la morigeración, la mesura y la circunspección. Buena suerte e invite cuando abra su primer pocito.
Automóviles
Un pedido frecuente al taller de un “maistro” conocido como “El Mago de Hamburgo” consistía en la adaptación de pajareras en los Mercedes Benz del jeque saudí Akram Ojjeb. Estaban destinadas a los halcones que en temporada de caza eran lanzados por los quemacocos sobre sus presas. Otras adaptaciones vehiculares ordenadas por el jefe eran las siguientes:
La instalación de manijas, elevadores y ceniceros de oro puro. A pedido de uno de los juniors la palanca de velocidades era la talla en madera de la cabeza de un halcón, con ojos de rubíes. La “seño” ordena los asientos tapizados con sedas y para la seguridad del patrón se blindan los cristales.
Un cliente así tenía derecho a calendario y agenda de fin de año, but of course. Otros trabajitos consistían en ponerle o quitarle algo a los 15 Rolls Royce y 30 Mercedes Benz de la familia, una familia que volaba en un jet Mystere 20, cuatro aviones Dessault Falcon 900 y un Boeing 707.
Fallecido en 1991, Akram Ojjeb era dueño de una empresa de inversiones enfocadas a las tecnologías avanzadas, si bien el grueso de su fortuna venía de la venta de armas. Su primera de cuatro esposas fue francesa y con ella procreó cinco hijos. A una de sus siguientes consortes le gustó el trasatlántico británico SS Francia y se lo compró en 80 millones de francos. Luego de una desgreñada, lo vende dos años más tarde en 77 millones de los mismos francos.
El islam
En el islam no existe como en México la tradición de la “casa chica” porque allá el matrimonio no tiene la calidad de sacramento. Por el contrario, el Corán aprueba la poligamia si bien aconseja un máximo de cuatro esposas. No son raros, sin embargo, los harenes de diez o más corazones al servicio de uno casi agotado, todos latiendo bajo un mismo techo. Tampoco sucede lo que aquí en materia de regalos, donde los más caros son para la o las “otras”. Allá hay equidad rigurosa:
Narra un joyero de la francesa plaza Vendome que un jeque saudí, ya muy entrado en años, pidió un aderezo para su esposa número 26. Pero cuando le mostró la hermosa joya en su estuche, el hombre fue asaltado seguramente por extraños sentimientos de equidad. Ordenará entonces uno igualititito para cada una de las 25 concubinas restantes. Aderezos “baras” de diez millones de francos, cada uno.
Recomendado seguramente por aquél –narra el mismo joyero francés– al poco tiempo llegó al establecimiento otro jeque árabe. Este no pidió ver ninguna joya en especial pues llevaba una muestra de la que deseaba, Se trataba del mismo aderezo adquirido por su paisano y presumido por sus concubinas. Se llevó ¡cincuenta aderezos!
Yves Saint Laurent
Damas procedentes de los Emiratos Arabes Unidos invadían en tropel la parisina casa de haute couture de Yves Saint Laurent. Altas, chaparritas, flacas y gordas exigían vestidos igualitos a los diseñados por el modisto para sus perchas favoritas: Claudia Cardinale, Catherine Deneuve, Claudia Schiffer y Jean Moreau, entre otras. El artista que se retiró de la costura porque la moda actual se había reducido a “cortinas para ventanas”, no puso ningún reparo.
Como tampoco le dijo no a la princesita árabe que llegó un día ante él para aventarle a sus pies un cargamento de telas jamás trabajadas por la casa. Exigía un ajuar en raso y oro.
–¡Tiempo!, demandó Monsieur Saint Laurent y fijó plazo: cuatro meses, ni un día más ni uno menos.
El pedido incluía tres vestidos para la mamá de la novia, una mujerona sin nada que agradecerle a la diet coke; un vestido para cada una de sus tres hermanas –versión beduina de Los Tres Cochinitos– y uno también para cada una de sus doce damas de honor –¡para llorar, las pobres! hubieran opinado de ellas delicaditos comentarista de espectáculos.
La casadera tuvo que mudarse a París para atender las tres pruebas exigidas por la casa tratándose de vestidos de novia. Tiempo que aprovechará para darle vuelo a la hilacha antes de someterse a una de las formas más perversas de esclavitud: el matrimonio santificado por Mahoma.
Discreto, el modisto que cambió la coca por la Coca Cola (según confesión propia), no reveló el monto de su cuenta.
Veinte billones
Luego de 36 horas de compras compulsivas en Londres, Ingla-terra, el sultán Muda Hassanal Bolkiah de Brunei llega al aeropuerto Heathrow para tomar su propio Boeing 727 . ¡Rápido, a casita! –ordena.
A punto del soponcio recibe la noticia de que su avión no podrá despegar a causa de una huelga aeroportuaria. Iracundo insulta y amenaza hasta convencerse de que todo lo que haga será inútil. Entonces como cualquier mexicano intenta el soborno. Pero como tampoco la mordida surte efecto, usa otro recurso dialéctico también muy de por acá: “¡les compro su pinche aeropuerto y asumo la huelga, cabrones, nomás pónganle precio!”.
El sultán Bolkiah ha encabezado desde 1973 la lista de Forbes de “los hombres más ricos del mundo”. Hoy mismo (2014) su fortuna está calculada en 20 billones de dólares. Su palacio es más grande que Ciudad del Vaticano, con mil 800 habitaciones, 300 baños y una sala para banquetes con capacidad para mil comensales. Los automóviles son su pasión poseyendo unos cinco mil de ellos, ningún vocho. Se ha casado tres veces y tiene 17 hijos.
Empeñado de tiempo atrás en borrar una leyenda negra que adjudica buena parte de su fortuna al tráfico de mariguana, Bolkiah gasta parte de ella en obras de caridad. Vende así una imagen de filántropo generoso toda vez que sus donativos son millonarios. Los miles de trabajadores a su servicio lo han declarado el mejor patrón del mundo. Y una curiosidad:
La carta magna de Brunei establece que el sultán “no puede equivocarse nunca como persona privada ni en su capacidad oficial”. (“¡Chin!, cómo es que no se nos ha ocurrido”, pensarán los políticos mexicanos).
La rue Le Boetie
La casa Revillón de la rue Le Boetie, en París, tuvo entre sus pedidos más extravagantes el de una familia petrolera saudita:
Una bata de visón para adulto pintada en rojo, amarillo y verde, forrada con tela afelpada roja y una más para una niña de 7 años. Ciento 50 mil francos cada una.
Otro pedido infantil fue para la hija de un emir del Golfo Pérsico, el más costoso salido de los talleres del modisto Pierre Belamin. Un vestido copiado de una película de Walt Disney pero cuajado de brillantes, cuya factura alcanzó los 120 mil francos.
También de París viajará rumbo a Arabia Saudita una sobrecama de visón de 2 por 3 metros, con bordes de zorro en colores gris y rosa, facturada en 200 mil dólares.
Divorcios
El divorcio en el desierto es una cosa muy complicada. Al saudita Adnan Kashogi, por ejemplo, negociador petrolero y traficante de armas, le resultó una bronca costosísima. Separarse de su esposa Soraya, con quien estaba casado por leyes occidentales, le costó en 1979 la cantidad de 6 mil millones de francos. Una bicoca si se tiene en cuenta que la hermosa señora exigía una pensión única de 25 mil millones de francos. Y es que allá también hay buenos abogados y jueces comprensivos.
Trece años atrás Soraya y Adnan se habían conocido en Londres. No en la Opera o en el Hipódromo sino en una tienda para caballeros. Ella era una hermosa demostradora con 18 años y bajo salario y él siempre presente en la lista de Forbes de “los hombres más ricos del mundo”.
También demostradora de una tienda londinense exclusiva para caballeros, Dena, simplemente Dena, de 16 años, atiende al jeque Mohamed Al Fassi en busca de trusas. Fue el flechazo clásico, es cierto, pero también la petición grosera de que se las probara. Es broma, le aclaró el vejete rápidamente, cuando la chica ya caminaba hacia el probador.
Ocho años más tarde, aprovechando un viaje de ambos a Nueva York, Dena presenta una demanda de divorcio con exigencias pecuniarias de hasta 30 mil millones de francos. El asustado jeque cree que poniendo pies en polvorosa salvará sus piastras. Nada le valdrá la huida. Pagará finalmente 620 millones de francos, además de devolver a Dena sus 500 vestidos de firma, 30 abrigos de pieles y alhajas como para montar una joyería.
Insistimos: jeque en árabe quiere decir viejo. Lo de pendejo es cosa de cada quien.
Príncipe Turki
El príncipe Turki de Arabia Saudita fue famoso en casinos europeos y asiáticos. Ello no obstante que el Corán previene sobre el vino y las apuestas como instrumentos del demonio para sembrar la discordia entre los hombres.
La actitud del monarca luego de perder en una sentada ¡siete y medio millones de francos!, será tranquila, resignada. Lejos de llamarse robado o cosa parecida distribuirá sus pertenencias personales entre los empleados del casino. Al croupier, su victimario, le tocarán sus mancuernillas de rubíes.
El petrolero mexicano
Como el “petrolero mexicano” era conocido en Las Vegas, Ne-vada, Salvador Barragán, adlátere de Joaquín Hernández Galicia, La Quina, el dirigente máximo del sindicato de Pemex.
Una noche en que Chava andaba tan iluminado como la ciudad –siempre acompañado por alharaquientas “conejitas” y patibularios pistoleros– perderá en la mesa de bacarat un millón de pesos y entonces arderá Troya. No imitará al príncipe Turki. Por el contrario, montará en cólera llamándose robado, mentará madres y enloquecido amenazará con suspender el envío de crudo mexicano a Estados Unidos. Luego dormirá la mona sobre la alfombra púrpura del casino, para ser llevado a su cuarto en un carrito de equipaje. ¡Un bulto de 130 kilogramos!
Ruego de fin de año
¡Quiera Dios y María santísima que los emprendedores no localicen petróleo en la bahía de Acapulco!
* Título tramposo usado solo para atraer lectores crudos. Salud y feliz Navidad.




