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Federico Vite

Filigrana

Tres noches, novela que la editorial Touchstone, del Reunido Unido, publicó por primera vez en 1993, es la obra más importante de Austin Wright. Este libro de 380 páginas, originalmente titulado Tony and Susan, fue reeditado en castellano por publicaciones y ediciones Salamandra en 2012. La adaptación al español está a cargo de Héctor Silva, quien mantiene algunos de los viejos vicios de los traductores españoles: llenar de localismos chocantes y exagerados los libros que llegan al lector latinoamericano.
Tres noches propone un juego literario en el que la protagonista de la novela, Susan Morrow, se encarga de leer el libro de su ex esposo, Edward Sheffield, con la intención de hacerle algunas sugerencias profesionales. Es él quien pide la opinión de ella. Susan se ganaba la vida dando clases de inglés, es conocedora de la materia y, en especial, una mordaz crítica de todo lo bueno que intentaba su ex marido. Por principio, ella se sorprende al recibir la novela, pues desde hace 15 años no tiene comunicación alguna con Edward. Aparte del manuscrito, recibe una escueta nota en la que él especifica que visitará en diciembre la ciudad y que sería buena idea cenar juntos.
Justamente en diciembre, aprovechando una de las salidas de su actual esposo, Susan comienza la lectura de Animales nocturnos, una versión melodramática de la tragedia protagonizada por un profesor de matemáticas, Tony Hastings, quien padece el secuestro, violación y asesinato de su esposa e hija. Y Susan, en la medida que se adentra en la tragedia de Hastings, empieza a encontrar vasos comunicantes con su pasado y su presente. Evidentemente, la nostalgia le explota en el rostro. Se confronta con la mujer que fue hace 15 años. Ella dejó a Edward por un cirujano. Vio en el médico a un hombre, no un chiquillo intentando ser escritor. Es madre de dos hijos y sólo se dedica al cuidado de los niños. Así que se adentra con un inusitado interés a la obra de su ex esposo, a quien abandonó hace más de tres lustros porque él renunció a todos sus empleos: tenía la firme convicción de seguir su vocación literaria y abandonó la abogacía. Paradójicamente, tanto Susan como Edward, celebran y comparten el motivo —la literatura— por el que se distanciaron. Ella se asombra de la solvencia técnica de Animales nocturnos. Planea ver a Edward para hablar extensamente de esa novela. La idea de sentarse frente a frente despierta en ella una ternura inusual.
Al leer la primera parte de Animales nocturnos, Susan se asombra del crecimiento narrativo que ha tenido Edward. Encuentra en el relato las pequeñas pistas que le ayudarán a entender por qué ese matrimonio se fue a pique. Ella, más que haber olvidado esa relación, sepultó gran parte de la historia por temor a reconocer sus errores y la vida de Tony, el protagonista pusilánime de la novela que lee con fruición, desentierra la principal noción del fracaso marital: ¿por qué no fue capaz de proteger lo que amaba? Esa pregunta es el detonante de un juego entre el lector y Susan. El lector descubre que Tony y Susan son realmente parecidos, miedosos, incapaces de hacer algo que los confronte con sus temores. Es ahí donde radica la grandeza de Wright, pues muestra con un símil la catástrofe que está por padecer Susan. Describe la escasa dignidad que posee esa mujer, el sentimiento de culpa que la domina, el dolor con el que enfrenta su pasado y su presente, no tiene una visión del futuro. Susan está exactamente igual que el protagonista de Animales nocturnos: sin rabia para vengarse, sin valor para dejarse morir; es la media tinta hecha carne. Tanto Susan como Tony vivieron el error trágico de no defender lo suyo. Huyeron, se escondieron y sobrevivieron. Animales nocturnos le recuerda exactamente el motivo por el que ella huyó de la relación con Edward.
Más allá de un juego de espejos, la novela escrita por Wright desemboca en una reflexión profunda sobre las relaciones de pareja. Habla de los momentos de confianza plena que son destrozados por el otro, el que actúa desde la inconsciencia y taladra, rompe o pulveriza los muros afectivos de una relación fortificada por la orfandad de Edward.
Wright crea un esquema de la venganza como vínculo personal. Las relaciones maritales, al diseccionarse, siempre terminan por mostrar los puntos débiles y eso es lo que finalmente se aplaude de Tres noches, la filigrana con la que Wright cincela las tragedias matrimoniales.
Austin Wright nació en Nueva York en 1922. Fue profesor de literatura en la Universidad de Cincinnati. Escribió siete novelas y cuatro libros de crítica literaria. Murió en 2003 a la portentosa edad de 80 años. Tres noches es el documento por el que se le recuerda con entusiasmo en la narrativa anglosajona. Que tengan buen martes.

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