Se encuentra en peligro de extinción la industria del telar de pedal en Chilapa
*El vecino Emilio Barrera Sánchez es uno de los pocos pobladores que aún persiste en la actividad por herencia de su abuelo y su padre, pero no vislumbra que haya alguien que le dé continuidad
Beatriz García
Chilapa
Emilio Barrera Sánchez, es uno de los pocos pobladores que aún persiste la industria del telar de pedal en el municipio, sin embargo explicó que teme que en pocos años esta actividad, que ha alimentado a él y su familia y que es herencia de su abuelo y su padre, ya no la herede a nadie.
Barrera Sánchez cuenta con 50 años de edad, desde los 7 años su padre lo llamó a trabajar en el telar familiar, aunque en ese entonces para él este trabajo no le gustaba.
Esta actividad narró, la inició su abuelo paterno, Ángel Barrera, aunque su abuelo sólo era ayudante en un taller, “cuando fue la Revolución Mexicana; por cierto mi abuelo fue zapatista, dejó de hacer el rebozo pero cuando terminó lo retomó”.
Antes de la Conquista, según los historiadores, indicó Emilio Barrera, se cuenta que en la población las mujeres trabajaban el telar de cintura, “que consistía en hacer el tiraje de los hilos e irlo entretejiendo manualmente, se pasaba el hilo entre las aberturas y con unos palos se iba aplastando los hilos, era cien por ciento manual”, precisó.
Cuando llegaron los frailes Agustinos, “trajeron estos telares que ahora ocupamos desde esos años hasta ahora, de pedal o de chicote, ahí el tiraje de la tela se hace más largo, para sacar unos 10 o 20 metros, es más rápido”, añadió.
Barrera Sánchez indicó que después de la llegada de la orden de los Agustinos en 1533, Chilapa se reconoció como un municipio de reboceros, y que más de la mitad de la población se dedicaba a esto. “Los que no se dedicaban a una cosa se dedicaban a otra, esto del rebozo necesita mucha gente, había unos que se dedicaban a teñir el hilo, a hacer los cañones, almidonar, quienes a tejer, a doblar, a amarrar.”
Sin embargo, ahora ni una tercera parte de la población se dedica a esta actividad.
La prenda más elaborada era el rebozo de bola, explicó, “el hilo es más delgado y venía en bola, y es el rebozo que se hacía en Chilapa, teñido con pintura de añil, se supone que aquí lo hacían en Chilapa, ahora se ocupan pinturas químicas.”
Barrera Sánchez tiene conocimiento que actualmente sólo una persona en el municipio se dedica a hacer el rebozo de bola, el señor Isauro Bello.
El rebozo que elabora Emilio Barrera “es el rebozo acateco, el que es entre chilapeño y acateco, yo lo hago para que lo borden en Acatlán (comunidad del municipio)”, precisó. Además elabora la tela para la falda del mismo traje, que también es bordado en la comunidad.
El diseño original, expuso, “era figureado, cuando se tejía, ya salía la figura”.
“Mi papá cuando creció, entró a un taller de rebozos, como trabajante, después se enganchó con un cliente, con el que se asoció, mi papá iba a poner el trabajo y él el capital, hace como unos 60 años”.
Comentó que su papá fue el primero en elaborar este tipo de rebozos, el acateco, y “de ahí surgieron más que hicieron este tipo de rebozos”.
Cuando era un niño Emilio Barrera, trabajar en el taller de su padre no le era grato, “uno como niño lo que quiere es jugar, divertirse, pero los padres en ese entonces eran más enérgicos, y aunque uno no quisiera lo hacía, o si no haciendo los mandados para ir a comprar material, tenía que entrarle pues”, aludió.
Él es el penúltimo de siete hermanos, sin embargo todos excepto él, estudiaron o se casaron, “yo me quedé solo con mi papá y para no dejar aquí al viejo, pues yo no quise estudiar sólo hasta la preparatoria, aquí me quedé con él; se hizo viejo, se enfermó y murió, y yo le seguí a esto”, contó.
A la semana llega a terminar unos 17 metros de tela para la falda del traje de acateca, el metro aproximadamente lo da en unos 100 pesos, y el rebozo a unos 150 pesos, pero de ahí “tiene que salir lo de la inversión, el material, luz, agua, gas y lo que le pago al muchacho que me ayuda, uno a veces se va con la finta, hiciste tanto, ganas tanto, pero no”.
En la actualidad, describió, tuvo que “agarrarle el sabor, porque de ahí vivo, como digo si voy a estar renegando todavía, me pasaría de tarugo, de ahí mantengo a mis hijos”, sonrió.
A diferencia de su padre, Barrera Sánchez no ha obligado a trabajar a sus hijos en el taller. Contó que ellos estudian la primaria, y que prácticamente no tienen conocimiento del trabajo que implica un telar de pedal; “sí les voy enseñando, les voy explicando, pero hasta ahí”.
Su esposa, que es ama de casa, tampoco trabaja el telar.
Emilio Barrera no tiene a quien heredar el taller, como lo hizo su padre con él, “si estos muchachos estudian (sus hijos), pues ahí se va a acabar, yo creo”.
Además, reconoció que no es el único obstáculo que impedirá que el trabajo de su telar persista, dijo que antes como se trabajaba más esta actividad, la venta de hilaza, que es el hilo que ocupan, abundaba, hilo que traen del estado de Puebla, pero ahora muy poco la producen, indicó.
“Sólo conozco una fábrica que elabora ese hilo, y si lo dejan de fabricar aunque yo quiera seguir trabajando ya no voy a tener materia prima para seguirlo haciendo”.
Expuso que ha investigado si existen otras fábricas que elaboran el hilo, sin embargo su búsqueda ha sido infructuosa.
También indicó que teme que se introduzcan máquinas procedentes de China que le hagan la competencia, “ahí sí me van a dar en la torre”, arguyó.
Presumió que el trabajo que hace le ha llegado a gustar tanto, que le satisface que su trabajo salga bien, “no al ahí se va”, como él dice, “me gusta hacer las cosas bien”.




