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Parlamento de mujeres de México

 

 

Leticia Burgos Ochoa

 

Las mujeres en la política rompiendo esquemas y desde el Congreso de la Unión en un ejercicio plural e incluyente estamos convocando a la sexta reunión del Parlamento de Mujeres de México, un encuentro de diálogo, de análisis, de debate y de integración de consensos entre mujeres y la sociedad para avanzar en la agenda nacional con equidad e igualdad de género que por lo menos desde mediados de la década pasada es cada vez más visible.

Del Parlamento de las mujeres mexicanas habría que decir primero que aun con el apoyo escaso de las finanzas del Congreso, habremos de tomar las riendas de San Lázaro los días 5 y 6 de marzo donde se congregarán más de mil 500 mujeres de todos los rincones, sabores y colores de la república.

Honor a quien honor merece. El Parlamento de Mujeres de México es un espacio inédito en la Américas y de trascendencia internacional creado por el poder legislativo gracias a la persistencia, paciencia y tenacidad de feministas y mujeres y hombres del movimiento amplio comprometidas y comprometidos con la agenda de equidad e igualdad de género en nuestro país.

Como todo proceso social nada lineal en México podríamos decir que los movimientos democratizadores de los años 80 y 90, así como la lucha internacional de las mujeres congregadas en la cuarta Conferencia Mundial de la Mujer realizada en Pekín en 1995 han sido un parteaguas. Desde entonces en México se han redoblado esfuerzos de convergencia, concertación y acuerdos entre feministas y dirigentas de los principales partidos políticos, no sin antes coincidir en la acción, en la lucha y en la movilización social de la década de los 80 y 90 por la transformación democrática de las instituciones, por el respeto al voto y al ejercicio pleno de los derechos civiles y políticos de hombres y mujeres libres, por los derechos humanos y por una democracia genérica en nuestro país.

Entre los propósitos a encarar que acompañan dicha realización es la enorme deuda social que en torno a la equidad y la igualdad carga sobre sus hombros la nación, pero sobre todo porque coincidimos en la necesidad de edificar nuevas reglas de entendimiento y de realización del poder político en México, el de un nuevo contrato social desde la perspectiva de género, donde prevalezca el respeto irrestricto a los derechos humanos de las personas y la libertad plena para su realización, un sistema político de la paridad, un Estado laico, democrático y con plena responsabilidad social.

La discriminación, como la desigualdad y la violencia por género son tres lastres de un mismo sistema patriarcal que se reafirma en estas tres últimas décadas por las políticas neoliberales y de ajuste estructural que imperan en el mundo del trabajo y el capital en los albores del nuevo siglo; del siglo de la globalidad y de los mayores avances de la ciencia y la tecnología, pero paradójicamente también de la guerra y la polaridad social, del absurdo y del salvajismo. A este espectro global no escapa la nación.

Desde los acuerdos y propuestas del Parlamento de Mujeres de México se ha dado paso a la creación de otras instituciones como el Instituto Nacional de las Mujeres, el establecimiento de la transversalidad de género en las políticas públicas, el Proequidad, en el etiquetado de los presupuestos, en la defensa y promoción de los derechos humanos, como también el espacio para la denuncia y la solidaridad nacional y mundial.

El Parlamento de Mujeres de México ha sido también protagonista central de nuevas leyes y derechos como el derecho a la no discriminación por motivos de género; la misma creación de la fiscalía especial para el esclarecimiento y castigo de los asesinatos de mujeres en Ciuad Juárez y en el país en general; la coordinadora comisionada para la prevención y combate a la violencia de género.

Por eso el Parlamento también ha sido espacio para reafirmar compromisos y defender lo logros, para combatir y cerrarle el paso al conservadurismo y al obscurantismo que prevalece inclusive en las instituciones del Estado.

Especial mención merece el avance en los mecanismos de empoderamiento político que hemos logrado en estos años de alternancia, como el haber logrado la única reforma política-electoral con la creación del sistema de cuotas, mecanismo de promoción y acceso efectivo de las mujeres al poder. Es así como la presencia de las mujeres en la 59 legislatura de la H. Cámara de Diputados aumentó a 23 por ciento, es decir, de las 500 curules, 110 son ocupadas por mujeres, a diferencia del 17 por ciento de la legislatura anterior, es decir de 80 diputadas pasamos a tener 30 espacios más debido a las reformas electorales de 2002.

Pero el gran logro de este esfuerzo plural y diverso es la conciliación y el acuerdo con la sociedad civil organizada de mujeres y hombres libres y feministas para el avance de la agenda nacional desde la perspectiva de género. Urge insistir en un nuevo pacto social. La Convención Nacional Hacendaria es una oportunidad para replantear los tan llevados y traídos acuerdos nacionales, el Parlamento de seguro tomará la palabra.

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