Carlos Pérez Aguirre
De qué estamos realmente cansados los ciudadanos
Recientemente nos hemos dado cuenta, con sorpresa e indignación, de que grupos manejados por los intereses de las grandes cúpulas empresariales que siempre se han servido de los mexicanos y los sectores cercanos al priismo más retardatario sumados a los grupos del aguirrismo –como el que encabeza el gobernador Rogelio Ortega–, han montado una evidente campaña dirigida y pagada para buscar el desprestigio de la justa lucha de los padres y familiares de los jóvenes asesinados y desaparecidos en Iguala, y de los grupos sociales que los apoyan, que es encontrar con vida a sus familiares, lucha y objetivo más limpio no puede ser cuestionado, y mucho menos difamado.
Con una actitud poco sensible ante la magnitud de los asesinatos y la falta de justicia, esa trinidad formada por empresarios cupulares, aguirrismo desplazado y gobernante, así como del priismo retardatario, la mayoría de los líderes inconformes con la estrategia de los normalistas tienen fuertes intereses en los contratos que otorga el gobierno estatal, el caso de los dirigentes de Acapulco y Chilpancingo; de hecho, han surgido y crecido económicamente al amparo del presupuesto gubernamental que, por cierto, en la mayoría de los casos conlleva una transferencia muy cuestionable de recursos.
Por ello no resisten un análisis de independencia u objetividad; ellos se han dedicado a denostar a los padres y a quienes los acompañan en la búsqueda de los desaparecidos, los llaman “vándalos” y demandan al Estado aplicar la fuerza de la ley. Pero es realmente sorprendente que no lo exijan con la misma vehemencia para proteger a sus propios afiliados que constantemente enfrentan secuestros, cobros y extorsiones. Su eslogan, dicen, es la paz, objetivo con el que evidentemente coincidimos, pero esa paz que demandan es evitar manifestaciones de descontento e irritación por la falta de resultados en la investigación sobre los estudiantes que están desaparecidos.
Es ilustrativo que la prensa internacional y los organismos defensores de los derechos humanos intervengan, y con contundencia señalen que la investigación realizada por el gobierno federal es “endeble” y lo único que puede generar es una falta de justicia. Esto lo señaló con claridad y contundencia el director ejecutivo de Amnistía Internacional. Es necesario decirles una y mil veces a esa trinidad de intereses oscuros que, de lo que realmente estamos cansados no es de las manifestaciones de inconformidad contra la violencia, el nepotismo y la corrupción. Estamos cansados de la violencia delincuencial que nos ahoga y afecta a todos los ciudadanos, estamos cansados de los empresarios amafiados que no cumplen con sus responsabilidades y generan serios conflictos de intereses –como caso emblemático tenemos al mismo presidente Peña Nieto, con un gobierno seriamente cuestionado, enfrentando una enorme crisis de credibilidad y legitimidad– también la sociedad esta cansada de una clase política cínica y corrompida que acepta imposiciones de príncipes herederos y que miran como objetivo un retorno a la edad media, en donde las familias dominaban los ámbitos social, político y económico, y los reyezuelos y señores feudales de horca y cuchillo sojuzgaban mediante el terror.
Por esto debemos estar muy atentos a los falsos llamados a la paz, porque esa paz debe pasar necesariamente por la justicia, y ésta debe empezar por una investigación seria, creíble, de los hechos ocurridos. Debe también juzgar y castigar a los culpables, incluidos en primer término los organismos del Estado que omitieron su responsabilidad o, más aún, participaron. El cansancio, en síntesis, es la falta de justicia.




